Pronósticos del tipo de cambio dólar/peso mexicano
En 2026, México presenta un panorama macroeconómico que combina fundamentos sólidos en el sector externo y monetario, pero también una gestión compleja y de riesgo en el frente fiscal y de crecimiento, particularmente ante desafíos estructurales, lo que denominaría como una "resiliencia bajo presión". Para el cierre de 2026 y el inicio de 2027, se pronostica un escenario de volatilidad moderada, pero con una tendencia a la depreciación gradual del peso frente al dólar. Las estimaciones varían según la fuente, situando al peso en un rango entre los 17.70 y 20.50 pesos por dólar al concluir 2026.
El comportamiento de la moneda dependerá de tres factores críticos: la revisión del T-MEC, considerado un factor de alto riesgo por la incertidumbre sobre posibles aranceles o cambios en las reglas comerciales con EE.UU. que podrían generar picos de volatilidad; el diferencial de las tasas de interés, en donde el Banco de México podría mantener tasas superiores a las de la Reserva Federal para mantener un peso fuerte; una desaceleración del crecimiento económico, lo que podría limitar la entrada de inversión extranjera; y el riesgo político referido a las reformas institucionales, vigiladas por los inversionistas para determinar la certeza jurídica en el país.
En este contexto, las empresas deberán priorizar estrategias financieras que equilibren la eficiencia operativa, la disciplina fiscal y una gestión de riesgos activa ante una volatilidad moderada y un entorno de tasas restrictivas, a través de coberturas cambiarias, por medio del uso de derivados financieros (forwards, swaps u opciones) para proteger los márgenes de utilidad, especialmente para importadores o empresas con deuda en dólares; coberturas de commodities, si la empresa depende de energía o materias primas internacionales, a través de la fijación de precios mediante contratos de futuros para evitar traspasar volatilidad al consumidor final; y disciplina comercial mediante la implementación de estrategias de precios dinámicos y diversificación de proveedores para absorber o trasladar fluctuaciones cambiarias.
Respecto a la optimización de la estructura de capital y tesorería, el flujo de caja es el activo más crítico, por lo que es necesario maximizar el control en tiempo real de la liquidez para operar con incertidumbre, el refinanciamiento inteligente, priorizando la deuda a tasa fija o buscar instrumentos que cubran el riesgo de tasas. Aprovechar cualquier ventana de recorte de tasas (proyectada para mayo de 2026) para canjear deuda de corto plazo por instrumentos de largo plazo con tasa fija; y la diversificación de fuentes de financiamiento, al explorar otros mecanismos, como el Mercado Simplificado de Valores, para obtener financiamiento bursátil con menores requisitos regulatorios que la banca tradicional.
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Otra estrategia importante es asegurar la eficiencia en el capital de trabajo, reduciendo los ciclos de conversión de efectivo para depender menos del financiamiento externo. Así como negociar activamente con proveedores para extender plazos de pago y ofrecer descuentos por pronto pago a clientes para reducir las cuentas por cobrar. Finalmente, la inversión de excedentes, dado que las tasas reales siguen siendo atractivas (cerca del 3% por encima de la inflación), con el objetivo de mantener la liquidez en instrumentos de renta fija gubernamental o corporativa de alta liquidez.
En conclusión, el panorama para el cierre de 2026 exige que las empresas en México dejen de ver el tipo de cambio como una variable incontrolable y lo gestionen como un componente estratégico, a través de su anticipación y protección, la resiliencia operativa y la flexibilidad en la estructura de precios y contratos, lo que garantiza la rentabilidad y la continuidad operativa a largo plazo.
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