Que ni se les ocurra

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Las declinaciones entre candidatos a cargos de elección popular tienen más de buenas intenciones e ilusiones que de efectos prácticos. No registro en la memoria un caso exitoso de declinación como la que ahora se plantea en la competencia por la presidencia municipal de esta Capital. Lo que sí ha habido –ojo, no confundir- son trasvases masivos de votos entre un partido y otro, invariablemente producto de rupturas internas.

Además, ante las alentadoras expectativas que hoy ofrecen las encuestas, Leonel Serrato necesitaría volverse loco para declinar. Hay buenas posibilidades de que montado en la cresta de la ola lopezobradorista y apoyado en su oratoria, sea el próximo alcalde capitalino.

En 2003, Marcelo de los Santos Fraga ganó la gubernatura con 275 mil 942 votos, contra los 242 mil 578 que obtuvo el abanderado priísta Luis García Julián (qepd) y los 96 mil 870 que sumó el neo perredista Elías Dip Ramé. La diferencia entre Marcelo y García Julián fue de 33 mil 364 sufragios. Nunca antes el PRD y sus aliados habían conseguido en el estado más de 50 mil votos. Los digamos 46 mil adicionales que les sumó Dip Ramé son los que se llevó del PRI por la ruptura interna que produjo la postulación de LGJ, y con los cuales en su cuenta García Julián le habría ganado a De los Santos Fraga.

El triunfo marcelista se debió mucho al pleito entre priístas, pero nunca hubo ninguna declinación de por medio. Son, insisto, dos cosas diferentes.

En 2009, Fernando Toranzo acumuló 435 mil 628 sufragios, pero fue público y notorio que además de ser él mismo un buen candidato, se benefició de los sañudos pleitos internos del PAN que condujeron a su alcalde Jorge Lozano Armengol a romper en público su credencial partidista, y a su senador Eugenio Govea a jugar abiertamente en contra del abanderado albiazul, Alejandro Zapata Perogordo, quién consiguió 402 mil 442 votos, con lo que resultó derrotado ante Toranzo por 33 mil 186. El candidato perredista, Juan Ramiro Robledo, consiguió solamente 82 mil 303.

Un caso más del nivel estatal que es también muy ilustrativo: en 2015, el candidato priísta Juan Manuel Carreras alcanzó la gubernatura con 380 mil 128 sufragios (55 mil 500 menos que Toranzo), contra los 351 mil 352 de la abanderada panista Sonia Mendoza (51 mil 090 menos que Zapata Perogordo).

Conjuntamente, el PAN y el PRI con sus aliados perdieron 106 mil votos entre una elección y otra. ¿A dónde se fueron? Al PRD en la persona de Fernando Pérez Espinoza, líder estatal del tricolor defenestrado por el ya enloquecida dupla Toranzo-Cándido, quien postulado por el partido del Sol Azteca acumuló 196 mil 931 boletas a su favor, 114 mil más de los que seis años antes logró Juan Ramiro Robledo. Una vez más, esta notoria transferencia de votos entre una fuerza política y otra es producto de desencuentros y rupturas internas, no de alguna declinación.

En el terreno municipal, el panorama es el mismo. En 2006, por las razones que ya hemos comentado en columnas anteriores (“jalón” hacía arriba del candidato presidencial panista Felipe Calderón y “tirón” hacía abajo del priísta Roberto Madrazo) Jorge Lozano llegó a la alcaldía con el récord histórico de 161 mil 862 votos, contra 41 mil 292 del tricolor Miguel Ángel Martínez Navarro. Escasos tres años más tarde, en 2009, con Jacobo Payán de candidato albiazul, combatido desde dentro mismo del PAN, su votación se desplomó a casi la mitad y obtuvo 93 mil 892 sufragios, en tanto que la postulada priísta Victoria Labastida ganó con 115 mil 883, casi el triple que su colega Martínez Navarro. Aquí fue obvio que muchos panistas negaron su voto a Payán y que Victoria se benefició del “jalón” de Toranzo.

Salvo las migraciones de votantes que se dan por pleitos y rupturas internas en los partidos, por lo menos a nivel local y que yo recuerde, no tenemos experiencias exitosas en materia de declinaciones.

Estoy convencido de que si llegado el caso Leonel Serrato declinara a favor de Cecy González, una buena parte de sus votantes potenciales se irían con Gallardo, pues es de ahí de donde vienen; el perredismo y lo que se le parezca es un afluente importante del río llamado Morena. Y lo mismo ocurriría si Leonel abandonara la contienda a favor de Xavier Nava.

Del otro lado, creo firmemente, aunque no pueda demostrarlo, de que si Nava declinara a favor de Cecy, la mayoría de sus seguidores se abstendrían. Tampoco los veo yéndose a votar por Gallardo Juárez.

Con estas muy personales apreciaciones, creo que si Leonel y Xavier declinaran por Cecy, le estarían haciendo el favor a Gallardo Juárez, prácticamente asegurándole el triunfo.

Veríamos votos morenistas de regreso al redil gallardista y votos panistas quedándose en casa, ¡mejor, imposible! (para RGJ).

La verdadera arma letal contra las aspiraciones reeleccionistas de Gallardo Juárez es Leonel Serrato. Primero, porque puede ganarle a resultas del tsunami llamado Amlo y porque, en el peor de los casos, puede facilitar el triunfo de Nava, en tanto que sus preferencias electorales (de Leonel) continúen creciendo a costas del gallardísmo menos duro.

En resumen: si Xavier Nava y Leonel Serrato declinaran a favor de Cecy, estaríamos, según yo, ante una de las mayores tonterías políticas de nuestra historia.

DE ENCUESTAS SE TRATA

La primera encuesta seria posterior al segundo debate apareció ayer en el periódico Reforma. Es de las bien hechas: 1,200 entrevistas en vivienda en todo el país, levantadas entre el 24 y el 27 del presente mes. Sus resultados son impresionantes: López Obrador 52 por ciento de intención de voto (4 puntos porcentuales más que en la medición del 2 de mayo, posterior al primer debate); Ricardo Anaya, 26% (4 puntos menos); José Antonio Meade, 19% (2 puntos más) y Jaime Rodríguez El Bronco, 3% (un punto más).

Sin olvidar nunca las sabias advertencias de que las encuestas son fotografías del momento, que las cosas pueden cambiar y que sus resultados no son pronósticos, no deja de llamar la atención que según estos datos, ni sumando todas sus preferencias los otros tres lograrían alcanzar a López Obrador.

Hay otra información que de esta encuesta igualmente interesante. A la pregunta, si hoy hubiera elecciones para Diputado Federal, ¿por cuál partido votaría? La coalición “Juntos Haremos Historia” acumula 42 por ciento de la intención de voto (36 Morena, 5 el PT y 1 el PES); en tanto que “Por México al Frente” alcanza el 33% (24 el PAN, 5 el PRD y 4 el MC), y al final “Todos por México” se queda con 21 puntos porcentuales (16 el PRI, 3 el PVEM y 2 el PANAL).

Lo anterior supone que la coalición de López Obrador estaría a nada de asegurar mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, con todo lo que eso implica.

Hay otro rubro terrible: el rechazo al presidente Enrique Peña Nieto. 77 de cada cien mexicanos desaprueban la forma como está haciendo su trabajo; 20 de cada cien lo aprueban, y los 3 restantes no saben.

Y por si alguna duda hubiera, 87 de cada cien mexicanos desean un cambio de partido en el gobierno.

Desde otra perspectiva, se reconfirma que los debates no han significado ningún cambio dramático en las preferencias. A lo más que llegaron fue a ampliar la diferencia entre el primer lugar y los restantes. Ningún vuelco, ningún cambio de dirección.

Seguramente en el curso de los próximos días aparecerán otras encuestas de buena manufactura, y lo más probable es que como viene ocurriendo desde fines del año pasado, coincidan en lo fundamental, con algunas variaciones poco significativas.

Y para no salirnos del tema, recientemente han comenzado a circular, principalmente a través de las redes sociales, encuestas o sondeos sobre las supuestas preferencias electorales en la elección de Presidente Municipal. Son de muy mala calidad y algunas definitivamente apócrifas.

Para prestar atención a un trabajo demoscópico, hay que tomar en cuenta algunas cuestiones básicas: la seriedad, prestigio y antigüedad de la casa encuestadora; su historial de aciertos y desaciertos, el tipo de encuesta (las mejores por mucho son las que se realizan cara a cara en la vivienda del entrevistado), el tamaño de la muestra y la metodología aplicada para seleccionarla. Lo demás, son formas de perder el tiempo.

A mi me sigue llamando muchísimo la atención que del lado del gallardísmo no hayan sido capaces de difundir hasta ahora una encuesta de calidad y reciente, que dé sustento a su desbordado triunfalismo. Igual es una táctica para destantear al enemigo, o simplemente no tienen manera de demostrar que van adelante.

Los otros candidatos tampoco han publicado nada digno de atención, pero ninguno anda tan triunfalista.

COMPRIMIDOS

  • La gran mayoría de nuestros impresentables diputados locales están convertidos en auténticos psicópatas y son un verdadero peligro para la sociedad. Su ultima “hazaña”, que solo se explica por el clima de impunidad en que nos desenvolvemos, es haber ido a decirle al Ejecutivo estatal que si quiere que la nueva Ley Orgánica de la Fiscalía General del Estado salga pronto y sin cambios, el Fiscal General debe comprometerse a exonerar a todos los legisladores involucrados en causas penales (han de ser una docena), mediante la determinación oficial, por escrito y con buena letra del NO ejercicio de la acción penal. Los principales promotores de esta bestialidad son Xitlálic Sánchez, Mariano Niño y Héctor Mendizábal. No son los únicos, pero son los que primero han ido a joder con este tema. En otros tiempos hubieran salido de Palacio Grande como el Caballo Blanco: con el hocico sangrando. Ese Palacio está vacío.


 

  • En relación con el muy comentado desayuno de los empresarios con los señores Gallardo (tampoco estaban todos, ya lo habrán notado), me quedo con el comentario de un amigo mío que anduvo por ahí: “La neta, la neta, si de los 300 que juntaron unos 30 votan por ellos, se me hacen muchos”. ¿Entonces a qué fueron, exponiéndose a la santa madriza que se llevaron en las redes sociales? A cuidar sus intereses, ¿a qué más? Me quedo también con el dato de uno de nuestros prohombres cuyos hijos le echaron bronca “por hacer pasar vergüenzas a toda la familia”. “Todos los días en el comedor de la casa nos dice que son unos nacos ratas y luego lo vemos besándoles las suelas. No se vale”.


 

  • Los deudos de los cinco trabajadores de la empresa Draexlmaier que fallecieron el pasado 14 de febrero en un accidente de su transporte de personal, no han logrado avanzar en los trámites que les permitan obtener su indemnización, que la empresa está en la mejor disposición de entregar. El “atorón” está en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, a cuya titular Juana María Lara Pérez le valen madre los sufrimientos ajenos. La burocracia criminal en todo su esplendor.


 

  • Un político con la formación ortodoxa y old fashion como José Ramón Martell, jamás se habría atrevido a hacer declaraciones picándole las costillas al gobernador Juan Manuel Carreras sin la indicación precisa de su superior, el abanderado presidencial José Antonio Meade. Digo.


Hasta el próximo jueves.