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Rendición de Cuentas

Por Gabriel Rosillo

Octubre 05, 2023 03:00 a.m.

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Con motivo de los diversos informes de gobierno que se han rendido en este mes de septiembre recientemente concluido, vale la pena recordar su significancia y lo que representan para la sociedad y sus gobiernos, al igual que su trasfondo teórico-conceptual.

En primera instancia debemos referir que un informe de gobierno, esencialmente es un ejercicio de rendición de cuantas, donde formalmente se somete al escrutinio de los órganos deliberativos la manifestación del ejercicio de los recursos públicos y la instrumentación de las políticas públicas necesarias para la resolución de los problemas sociales y promover el desarrollo.

Conceptualmente la rendición de cuentas es el deber que tienen las instituciones públicas que administran recursos públicos, de informar, justificar y explicar, ante la autoridad y la ciudadanía, sus decisiones, funciones y el uso de los fondos asignados, así como los resultados obtenidos.

De esta manera los elementos de la rendición de cuentas son:

• El diálogo constructivo entre la sociedad y sus gobernantes.

• Una obligación de los representantes y un derecho de la ciudadanía.

• Una oportunidad para recibir retroalimentación de la comunidad y otros actores institucionales.

• Una actitud para explicar los logros y las dificultades o restricciones.

• Un espacio para argumentar y hacer un balance de avances, dificultades y retos sobre las competencias y los compromisos de la administración.

Es decir, la rendición de cuentas involucra el derecho a recibir información y la obligación correspondiente de divulgar todos los datos necesarios del quehacer de las entidades que ejercen recursos públicos.

La rendición de cuentas es una forma de ejercer un control por parte de la sociedad, ya que implica conocer el ejercicio de poder público, con el propósito de ejecutar tareas de monitoreo y vigilancia.

Ahora bien, en la tradición latina, y particularmente la mexicana, los espacios de la rendición de cuentas han sido históricamente utilizados para legitimar a la autoridad política en turno, que teóricamente y en otro contexto pero universalmente reconocido, Max Weber clasificaba en tres a la autoridad legítima, que son la autoridad carismática, la autoridad tradicional y la autoridad racional-legal.

Sin duda para la democracia es necesario que la población tenga la percepción de que su voto y el cumplimiento de sus deberes cívicos tienen reciprocidad en la actuación de sus gobernantes, por lo que no solo es una opción el difundir el desempeño de la autoridad, sino que es una obligación el hace saber que se está cumpliendo con el mandato, ya que esto es un insumo indispensable para el funcionamiento de los sistemas políticos, y que se tienen líderes políticos sólidos y eficaces

El despliegue tradicional del proceso de rendición de cuentas como lo conocemos en México y en nuestra entidad, es decir los informes anuales de gobierno, sin duda aportan al fortalecimiento de las tres variantes de autoridad legítima conceptualizadas por Weber, porque la autoridad carismática surge del encanto personal o de la fuerza de una personalidad individual, porque en la autoridad tradicional, la legitimidad de la autoridad viene de la tradición o la costumbre, y porque la autoridad legal, también conocida como autoridad racional-legal, es donde una persona o institución ejerce poder en virtud del cargo legal que tienen.

Sin embargo, querido lector, el predominio de escenarios y equipamiento dignos de rock stars, imágenes digitalizadas de los rostros de los líderes políticos, la estridente sonorización de los eventos, el abuso de los monólogos sin aportación de datos que hagan saber el valor público por cada peso invertido, pareciera ser que no abonan al fortalecimiento de la autoridad política, sino todo lo contrario, gradualmente esa autoridad se irá minando y el descontento social se hará cada vez más grande, pues queda en el imaginario colectivo que la rendición de cuentas se ha transformado en culto a la personalidad, ¿o no?

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