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Rocío

Por Yolanda Camacho Zapata

Mayo 16, 2023 03:00 a.m.

A

Hoy desperté para encontrar un mensaje en el teléfono que me sacudió profundamente: Rocío murió.  En mi vida profesional puedo contar ya con por lo menos siete espacios que me han formado, cada uno de ellos con sus diferentes retos y con diferentes encantos. Puedo sin duda decir que el que me fogueó, fue el espacio transparente. El que puso en juego todas mis capacidades, el más complejo, fue el de tránsito migrante y el más noble, es en el que estoy ahora. No se lo que siga, pero sí sé que quiero seguir encontrándome a personas como Rocío.

Cuando llegué a Migración sabía que no iba a ser un trabajo sencillo. El mundo estaba -está- atravesando por una crisis migratoria multifactorial, compleja y marcada por la tragedia, que presenta caras tan distintas como cada persona migrante que por distintos motivos decide abandonar su país. En ese espacio me encontré de todo. La cara de Rocío viene a mi mente tan fresca como ese primer día de trabajo, donde se presentó con su voz dulce para ponerme al tanto de los trámites de migración regular pendientes, esos donde yo debía autorizar o no a aquellos que pretendieran ingresar al país o bien permanecer aquí por cierto tiempo. Chío, como luego le comencé a decir luego por cariño, me llevó paso a paso por las entrañas de la tramitología migratoria, esa que sale de la ley y se hace viva.

Pronto aprendí que en el mundo migratorio las crisis son cosas de todos los días, se navega constantemente en la incertidumbre y un error puede costar la vida a alguien. Es el trabajo que más he disfrutado porque, por extraño que parezca, las crisis son lo mío. Así, entendí que para sobrevivir había que hacer de todo. Chío pronto se mostró como una chica comprometida con su trabajo, mucho más de lo que marcaba el manual, o de las horas oficiales de trabajo. Ahí no había día, ni noche.

Chío era de las pocas agentes entrenadas para tratar con menores migrantes. Siempre estuvo atenta a sus necesidades y viajaba sin problema largas jornadas para repatriar a los que siempre han sido la parte más vulnerable de la migración. La recuerdo en dos ocasiones especialmente: la primera, sonriendo, diciéndome adiós, liderando una caravana de por lo menos tres camiones  cargados de niños y niñas migrantes que llegaron hasta acá solos y que tomarían su vuelo de repatriación en Monterrey. Aquello por momentos parecía una especie de viaje escolar, aunque sin escarbar mucho podía apreciarse que todos esos niños y niñas venían de un dolor que nadie debía de vivir. Chío estaba ahí, con su uniforme y su mochila al hombro, como una maestra dedicada tratando de poner orden al caos infantil. Volteó y me sonrió. Con su mano derecha hizo un gesto de despedida que respondí igual. Luego se persignó con una sonrisa en la cara, como encomendándose al creador para que la acompañara en ese viaje en medio de tanto infante. Se veía divertida, confiada. Disfrutaba aquello. No me quedaba duda que llegaría a buen puerto: Chío era un amor, pero tenía su carácter.  El segundo recuerdo es con tres menores en una situación delicadísima. Ella ajustaba el cinturón de seguridad de la silla de bebé que transportaría a uno de los pequeños migrantes. La historia detrás de ese viaje nos había conmovido a todos. Chío estaba entera, firme, pero cariñosa. Lista para cumplir con su deber. Puedo decir que tenía atravesada en la garganta el dolor  de estos chicos y que se contenía para no llorar, al igual que muchos de nosotros. Pero el trabajo tenía que hacerse, ella iba a cumplir con su deber. 

Hace poco más de año y medio que decidí dejar ese mundo. Después de eso, hablé un par de ocasiones con Chío, siempre atenta, siempre amable. Era joven. Su muerte es inesperada, absurda y se da en medio de un dolor familiar previo. A mí no me cabe en la cabeza que ya no esté. Su vida fue siempre un mundo de fronteras que ahora ya no significan nada. Chío ya no necesita visas, ni pasaportes, ni permisos. Chío vuela libre. 

Envío: a todos mis ex compañeros de la migra, en especial a Martha, Geno, Margarita y Anahí, con todo mi cariño.