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Sacralización

Por Jorge Chessal Palau / PULSO

Enero 03, 2022 03:00 a.m.

Uno de los grandes problemas que tenemos en México es la tendencia en un importante sector de la población a la sacralización excesiva.

Por encima de las posibilidades humanas, del trabajo, del empeño y de la dedicación personal, está la perene petición a santos, espíritus, ángeles, ancestros, divinidades y a cualquier otro que no sea el individuo en sí mismo, para que lleve a cabo las tareas más diversas necesarias ´para resolver problemas y situaciones.

De esta forma, más allá del trabajo, siempre una novena a un santo será mejor alternativa para conseguir unos centavos extras; alguna de las tantas advocaciones de la virgen María siempre tendrá tiempo suficiente para atender cualquier petición de conseguir empleo y seguramente por encima de algún médico competente, siempre se podrá echar mano del favor de constelaciones, astros y fuerzas misteriosas de la naturaleza para curar lo incurable.

Siempre se deja en manos de algo o alguien superior la solución de las cosas: “si nos va mal, es porque Dios quiere”, “el Señor proveerá”, “solo Dios Puede ayudarnos” y otras expresiones similares están a flor de labios en muchas personas que olvidan hacer algo para resolver sus propios problemas, dejando a lo divino el desfacer los entuertos humanos.

Sin embargo, esto no solo se manifiesta en cuanto a buscar en la divinidad, sea la que fuere, la solución a lo cotidiano. Hay la tendencia a sacralizar muchas otras cosas. A ciertos políticos, por ejemplo.

El Diccionario de la Lengua Española nos fija como sentido de la palabra “sacralizar” el atribuir o conferir carácter sagrado a lo que no lo tenía o tiene; por su parte, lo “sagrado” es definido como  algo o alguien digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad; algo o alguien que es objeto de culto por su relación con fuerzas sobrenaturales.

Así, el mexicano tiende a atribuir este carácter sacro a objetos o personas como una forma de desplazar el necesario esfuerzo que debería poner en su actuar hacia un elemento por encima de lo humano que, a su parecer, debe, por definición, dar mejor resultado. De la misma forma, se tienden a sacralizar figuras públicas que se consideran por encima de lo humano, por muy humanas que sean.

Para muestra un botón: el otro López, Hugo López, el que encabeza (¿?) la lucha contra el covid-19, contestó, a pregunta expresa sobre si el primer López, el palaciego madrugador, debía hacerse la prueba para saber si tenía riesgo de contagio, allá por marzo de dos mil veinte, lo siguiente: “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio, en términos de una persona o individuo que pudiera contagiar a otros”. Un López sacralizando al otro López. 

La figura del mañanero tabasqueño se ha convertido en objeto de culto de muchos. Le rinden veneración como si de alguien sagrado se tratara. Se le atribuyen dotes de perfección y se considera que todo lo que hace lo hace bien porque, ¿cómo pensar siquiera que pudiera equivocarse?

Yo sinceramente, no tengo presente algún logro que, en efecto le sea atribuible al señor López pero, como puede sr que me equivoque y desenado siempre que en esta columna se tengan en cuenta todos los pareceres, a continuación hay una línea para que, si usted recuerda algo bueno que haya hecho este señor del primero de diciembre de dos mil dieciocho a la fecha, lo anote: ______________. Es pequeño el espacio, lo sé, pero no creo que se requiera más para una palabra de cuatro letras.

Por tanto, creo que sacralizar la figura presidencial, incluso la de López, es un exceso. No se le pueden atribuir los méritos necesarios ´para erigirle una estatua en Atlacomulco. El pueblo sabio ha hablado y ha resuelto por la mala lo que algún arrodillado político quiso hacer pasar por bueno.

Este hecho me hizo recordar un fragmento de la obra de Shakespeare “Antonio y Cleopatra” en el que Pompeyo dice: “¿Qué llevó al honrado y honorable Bruto y conjurados a ensangrentar el Capitolio, sino que, amantes de la hermosa libertad, querían que un hombre sólo fuese un hombre?”