Sinsentido
De nuevo agarramos monte y cerro desde la carretera.
De nuevo los cielos azules como si nada en el universo pudiera desteñirlos.
De nuevo me deshago de mi y mis estorbos para volverme pasajero de la vida.
Mientras, alguien me explica porque tomamos ese camino y
porqué el color del cielo o de los muros de una hacienda del año del caldo pero también del año cuando había condes y condesas.
México tiene todavía las huellas de un tiempo que parece lejano desde la ciudad y los edificios de más de dos pisos.
Un tiempo que no se ha ido porque habita en el color de la piel de la gente que custodia muros ancestrales en donde la leyenda es cosa de todos y no se pone en tela de juicio.
El tiempo que se ha hecho largo, estirándose para que lo conociéramos aún cuando se ha llevado los vestidos con listones y los sombreros en formas divertidas o ridículas.
En el campo cabe todo: el jabalí y las pencas.
Los monolitos y las palmas chinas con sus destellos amarillos.
El país parece volver a andar a caballo o en ferrocarril ; el tiempo cuando las mujeres eran cosa de hombres.
Para no recordar
Su tierra y su sol resecan la vista y la garganta que no deja de asombrarse con la amabilidad del tiempo de los abuelos.
Cuando la palabra era cosa de hombres de bien y no un montón de leperadas ajenas a la dignidad y el honor.
El pueblo espera al que pasa inesperadamente y le ofrece sus puestos con garnachas y gordas o tortas.
Y México me vuelve a gustar pero me vuelve a doler.
Me duele cuando escucho discursos pausados en una de tantas mañanas repetidas y monótonas.
Llenas de asegunes, dimes y diretes que nada tienen que ver con la figura del estadista que hubiéramos querido para esta tierra.
Hoy y ayer, días más atrás, han matado a un periodista o a dos.
Otros han desparecido como se fueron los días en que podías abrazar o besar sin temer al contagio.
La muerte viene en diferentes presentaciones
En forma de bicho o de bala.
Y ya no sabes si usar chaleco antibalas o cubrebocas para salir a las tortillas o a tomar el sol en un club de playa.
Mientras y de nuevo, nuestro país se reporta como país de riesgo.
Y en Inglaterra se tiran al Támesis los cubrebocas y el gel antibacterial
“México el país del rápido y furioso” y Reino Unido el de James Bond o Sherlock Holmes “.
Nada tiene sentido. Y como no hay reglas o quien las haga cumplir o se inventan unas que nomás no:
nada tiene sentido, poco lo tiene.
Me bajo en esta esquina del papel para dibujar campos de biznagas y suculentas bajo un plomazo de sol y la ausencia total del viento.




