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Tradición y cambio en las formas de hacer política VI: Reiterar hasta que la gota cale la piedra

Por José Ramón Jiménez Martínez

Marzo 03, 2022 03:00 a.m.

A

A la memoria de mi amigo 

Oscar Eligio Villanueva Gtz.

Calar es un término de significados diversos. Aquí se sigue la idea de que, al reiterar un tema- actuar en relación a ese tema- permite creer que, metafóricamente, como la gota de agua que cae repetidamente sobre un cuerpo aparentemente muy consistente, logrará penetrarle; toda vez de que el cuerpo (en este caso, el cuerpo social) en su apariencia es uno, pero, en su naturaleza, es diverso, es otro, por lo cual es susceptible de ser permeable…

Desde esta referencia, observamos que reiteradamente el actual ejecutivo del poder federal, el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, utiliza el término de “meritocracia” para referirse, como un concepto, a la desigualdad social desde la que “unos” pocos controlan el poder en su beneficio, en demérito de los derechos a la vida digna de la gran mayoría; siendo esta noción la razón del ideario político de “la cuarta transformación” que él encabeza. 

Para decirlo en forma específica: consideramos que la idea de transformar la meritocrática sociedad mexicana que impide la justicia social es la trama del reiterado discurso político del ejecutivo federal.

Es como una consigna que busca calar en la consciencia social desde los medios de comunicación para permear en la consistente noción social de que “todo es posible si se desea”, para impactar en la idea “del que persevera alcanza” y, entre otras, en la idea “del que se esfuerza lo logra”. La consigna de subvertir la idea del mérito para instaurar la idea del derecho político en el orden social.

La premisa de la desigualdad social en México en la que se sustenta el discurso político de la cuarta transformación en general y del ejecutivo en particular, está más que documentada por instituciones de diversa índole; no hay duda de que muchos, la mayoría, tienen muy poco y muy pocos tienen mucho (para decirlo en términos coloquiales).

Por citar una referencia reciente sobre el tema de la desigualdad, está el informe “Desigualdades en México 2018”, del Colegio de México; entidad que, por cierto, se encuentra en un conflicto interior que, se argumenta, se ha generado desde el poder del Estado.

Consideramos que no hay argumentos que nieguen la desigualdad como una realidad social en nuestro país. En tal sentido, la premisa que utiliza el movimiento político en cuestión y las políticas de gobierno de quienes hoy sustentan el poder federal, no puede considerarse una premisa falsa.

Lo que se discute es: si de esa premisa se siguen necesariamente las acciones y las políticas actuales del gobierno federal (es decir, que debe ser así y no de otra manera) o, si debe y puede ser de otra forma; ese es el debate actual y en ello se centran en gran medida los argumentos políticos de los distintos actores. 

Sin afán de agotar el tema, sino sólo de ilustrarlo, señalamos que la historia político-social reciente de nuestro país está ahí; la desigualdad social fue un hito del argumento político del PRI en el que se centró el discurso que sustentó su proceder y terminó por convertirse en la referencia para que la oposición sustentara que sus acciones de gobierno no transformaban esa desigualdad; la que, por el contrario, se acentuó. 

Desde este mismo referente, devino la alternancia en los poderes: legislativos federales y estatales así como, en los poderes ejecutivos de los tres niveles de gobierno; pasando de las tres alternativas de representación política con mayor penetración social a una multiplicidad de partidos con representaciones locales y regionales.

Interpretamos que, para quienes representan “la cuarta transformación”, consideran que se ha ampliado y profundizando el debate sobre la realidad social en un segmento de la población, principalmente en el de la clase política y en el de grupos de poder, pero, sin llegar a la sociedad en su conjunto. Por lo cual, si bien se ha ampliado el espectro de alternativas de representación política (entiéndase partidos políticos) no se alcanza aún que las clases sociales que tienen menores recursos tomen consciencia de su condición social.

Consideramos que la estrategia política de quienes encabezan la cuarta transformación (para distinguir de quienes navegan en esa posibilidad política) tiene dos frentes muy claros: la lucha por la representación política para hacerse del poder político y, la lucha por instaurar la consciencia de clases como una condición que haga posible sostenerse en el poder. 

En este marco vemos el referéndum, así como los debates desde los medios de comunicación frente a quienes el ejecutivo define como representantes de la meritocracia.

Tenemos información de la percepción social del ejecutivo federal a través de las encuestas de aceptación. En éstas se apoyan algunos juicios sobre la aceptación o no de las acciones y las políticas públicas y, también tenemos información sobre los índices de pobreza que permiten medir en el corto plazo el impacto de las medidas que ha seguido el gobierno federal para modificar este fenómeno social.

De lo que se conoce muy poco (por decir lo menos) es la percepción que la sociedad tiene sobre sí misma en relación al tema de la movilidad social.

El tema es: ¿seguimos teniendo una sociedad mayormente pobre porque nos lo merecemos (no hemos hecho los méritos necesarios) o, seguimos teniendo una sociedad mayormente pobre porque tenemos una pobre o nula consciencia de la participación política?

Centrar el discurso en los representantes políticos corresponde a conservar la tradición de hacer política. Frente a ello, está la posibilidad de interesarnos por los “humamínimos”, aquellos actores pasivos de la política social: los electores. 

Frente a la tradición está el cambio: posibilitar el discurso de un espectro más amplio de una sociedad mayormente informada.

joseramonuhm@hotmail.com