Triunfos y derrotas
Han transcurrido siete días desde las pasadas elecciones y aunque resulta todavía complicado analizar detenidamente el movimiento de votos y conducta de los votantes, por no conocerse aún los resultados precisos en las casillas de la capital, no ocurre lo mismo con los comentarios sobre el mismo tema, que se pueden hacer a partir de observaciones y percepciones del proceso.
Por ejemplo, es obvio e indiscutible que al gobernador más allá del triunfo de su esposa en la carrera al Senado no le importaba más nada, incluso sobre los de la candidata a la presidencia de la República. 481,900 votos nada despreciables para la hoy empoderada Ruth González.
Sorprende, sin embargo, que dentro de la tan anunciada dinámica de alianza Verde-Morena haya quedado fuera del beneficio senatorial, Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, quien apenas alcanzó unos 255 mil votos, cinco puntos porcentuales por debajo de Verónica Rodríguez, candidata de la triple oposición.
Curioso, desde luego, que en un contexto que favoreció de manera notable al oficialismo haya obtenido la victoria el alcalde Enrique Galindo, que contradictoriamente no vino mayormente de su partido sino de los casi 106 mil que (ya entregada por completo a su papel de levantamuertos) le aportó la simpatía panista, lo que le permitió colocarse más de treinta mil votos encima de Sonia Mendoza, candidata oficial.
También debe señalarse que Acción Nacional mantuvo su castillo de la pureza a salvo, logrando conservar, gracias a la consabida vocación antilopezobradorista, los distritos Octavo y Quinto locales, y Quinto Federal. Dentro de estas victorias panistas hay que observar que se alcanzaron con todo y la falta de atención de su dirigente estatal, preocupada por apuntalar su candidatura senatorial más allá de las de sus candidatos y, desde luego, percatarnos que por algo el desaparecido Xavier Azuara mantuvo en ese distrito a su hermano en el que hasta un costal de repollos pintado de blanco y azul hubiera ganado. Acoto, no es un reproche a la viveza de doña Verónica, pero aventó el cargo y el encargo por su proyecto personal (casi como cuando cantaba Reynalda); lo mismo que han venido haciendo los dirigentes de ese partido, hasta dejarlo sumido en la ruina actual en que se encuentra.
Visto lo anterior, nada hay que me permita decir que la derrota de Sonia Mendoza, candidata verde morena petista, fuera pactada entre ambos palacios, buscando deshacerse definitivamente de ella, pero tampoco hay nada que me impida pensarlo. Recordemos que en las elecciones pasadas su incorporación a la gallardía obedeció a una necesidad de legitimar y atraer ciertos simpatizantes de ella y el panismo; pero también su vocación contestataria podía generarle desgastes innecesarios al gobernador. Y miren, recordemos a Fernando Pérez Espinosa, a quien los Gallardo le cruzaron más de 35,000 votos en la elección de 2015, ¿qué les impedía hacerlo ahora? ¿a dónde se fueron los votos de la señora Ruth o de los diputados federales con distritos en la capital quienes superaron con más de 42 mil votos a los que obtuvo Sonia Mendoza?
No tengo elementos, tampoco, que me permitan afirmar que en tres años Verónica Rodríguez buscará contender por la alcaldía de la capital, entregando la curul a su suplente, Estela Arriaga, esposa de Enrique Galindo, mientras éste se convierte en esparring de sombra frente a la candidata oficial a la gubernatura. Muy a propósito pregunto (y aquí los datos y elementos son irrebatibles) ¿qué de diferente tienen Ricardo Gallardo, Enrique Galindo y Xavier Azuara, si los dos primeros impusieron a las esposas y el tercero al hermano? Ninguna, los tres cometen las mismas indignidades, sin embargo se ha señalado particular y convenientemente nada más al gobernador, buscando distraer la atención de los inmaculados partidos opositores.
Como siempre, las militancias y los votantes divididos, confrontantes, fosfóricos y alacranados agreden y humillan a todo aquel que de uno u otro lado no comparte los proyectos de sus candidatos y votará por los opositores, mientras que estos despreciables vividores pactan se reparten y disfrutan del pastel.



