Trump, aranceles y “proteccionismo imperial”
En 1980, el entonces candidato republicano a la presidencia de EE.UU., Ronald Reagan, estaba en campaña en medio de un país sumergido en una profunda crisis. La industria automotriz colapsaba, y las corporaciones estadounidenses (Ford, General Motors y Chrysler) enfrentaban una recesión frente al crecimiento de la competencia internacional, impulsada por el ascenso de las empresas japonesas. Debido al declive industrial, miles de empleos desaparecían en el noreste estadounidense, una región conocida desde entonces como el Cinturón de Óxido. Detroit pasaba de ser el corazón industrial de EU (el llamado “arsenal de la democracia”), a convertirse en la ciudad más empobrecida del país.
En ese contexto, Ronald Reagan, se dirigió durante su campaña presidencial a los trabajadores de la industria automotriz estadounidense con un tono de nacionalismo exacerbado, culpando a Japón de la crisis y el desempleo en la industria manufacturera de EE. UU. “Japón es el problema”, dijo Reagan, y amenazó con imponer aranceles del 100 % a la importación de automóviles provenientes del país asiático. Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia.
Reagan instauró el “proteccionismo imperial”, una política que protegía a las corporaciones estadounidenses con aranceles a Japón mientras les permitía trasladar su producción a México para aprovechar los bajos salarios. Esto contribuyó al colapso de la industria automotriz en Detroit en los años 80, mientras crecía el empleo en maquilas mexicanas, especialmente en la frontera. Con el TLCAN en 1994, esta estrategia se consolidó, convirtiendo a México en proveedor de mano de obra barata.
Pero de pronto apareció China, la locomotora que está transformando la industria automotriz a nivel mundial y quiso seguir el mismo patrón; es decir, usar México como puerta de entrada al mercado estadounidense. Con ello se encendió todas las alarmas entre las grandes corporaciones estadounidenses y regresaron los fantasmas de Reagan, sólo que esta vez con la grotesca cara de Donald Trump. El proteccionismo imperial resurgió, ahora con la firme decisión de evitar que las corporaciones chinas accedan al mercado estadounidense a través de México.
En la actualidad, el proteccionismo imperial toma mayor fuerza. Durante el primer mandato de Trump, se implementó el TMEC, que prohíbe a México firmar tratados de libre comercio con China. Más recientemente, bajo el pretexto de la supuesta nacionalización del litio impulsada en el gobierno de AMLO, se canceló la concesión otorgada a la empresa china Ganfeng Lithium para explotar este recurso en México. Pero las tensiones no terminan ahí. La llegada de BYD, la automotriz china más grande del mundo, que anunció planes de instalar una planta ensambladora en México hace algunos meses, ha generado terror para el dominio corporativo estadounidense.
En un sector automotriz cada vez más disputado y electrificado, donde las empresas estadounidenses (incluyendo Tesla) y europeas tiemblan ante el ascenso de la producción china, México queda atrapado en el “proteccionismo imperial”. EE. UU. no permitirá que los autos eléctricos chinos accedan a su mercado a través de México. Los recientes anuncios de Trump sobre aranceles a las exportaciones mexicanas, que tanto preocupan a las cámaras de comercio y a la clase política mexicana, están dirigidos a las corporaciones extranjeras que usan a México como trampolín hacia EE. UU. Trump les recuerda con su tono de brabucón que México es de los ‘Americanos’ y que solo puede ser un trampolín para EE. UU., no para otros países.
Por eso no sorprende el reciente anuncio de Claudia Sheinbaum, quien afirmó que “no existe ningún proyecto de inversión automotriz chino” en México. En esencia, con estas palabras, la presidenta de México deja claro que responderá a los intereses estadounidenses y cumplirá disciplinadamente con las reglas del proteccionismo imperial. Una vez asegurado que no habrá capital chino en México, Marcelo Ebrard y la burguesía regiomontana se arrodillarán frente a Elon Musk para rogarle que reactive su plan de construir la planta de Tesla.
(Profesor investigador del Instituto Mora)



