Un viñedo en el espacio III

Continúo, caro lector, con el desenlace del relato ganador del Primer Concurso Literario Pozo de Luna, de Myrla Treviño. Puedes encontrar la primera parte en https://pulsoslp.com.mx/opinion/un-vinedo-en-el-espacio-i/1000482 y la segunda en https://pulsoslp.com.mx/opinion/un-vinedo-en-el-espacio-ii/1007176.

Cuando abrió los ojos de nuevo, habiendo soñado durante 22 horas con los distintos escenarios a los que podría enfrentarse, notó que la visibilidad en la superficie ya era nula: no era capaz de ver qué había más allá de un metro de distancia. Era una situación peligrosa, sabía que se trataba de un salto al vacío, a lo desconocido, pero sabía también que era su única alternativa posible. El cohete que lanzaría la cápsula al espacio estaba listo y sólo esperaba que sus cálculos fueran lo suficientemente atinados para generar la energía suficiente que lo hiciera atravesar la nube y después atravesar la atmósfera terrestre. No tenía idea de a dónde llegaría, pero esperaba contar con tiempo, con recursos necesarios para hallar algún planeta habitable. Sin pensarlo demasiado, comenzó la cuenta regresiva: 6, 5, 4, 3, 2... y cuando estaba a punto de llegar al 1, el cohete salió disparado, no contaba con eso. Una fuerza que nunca había experimentado y que menos creía ser capaz de generar lo estaba llevando a un destino inhóspito. No sabía si el traje que se había creado sería suficiente o si la estructura de la cápsula sería capaz de soportar las condiciones espaciales que solo conocía por teoría. Algunas uvas habían caído, muchas cosas salieron disparadas en el número 2 del conteo, pero ahí iba Memo, con la única ventana diminuta que había diseñado para ver hacia el exterior, cerrada. No supo cuánto tiempo pasó desde el momento en el que salió disparado, que de pronto la fuerza que lo impulsaba se detuvo, tuvo miedo de saber si seguía dentro de la atmósfera terrestre o había logrado salir. Dudó en abrir la ventana diminuta, se aseguró primero de sentirse bien, estar completo y verificar que todo en la cápsula funcionara correctamente. Temió sentir de pronto y de la nada la atracción de la cápsula por la gravedad, pero no precisamente por la espacial sino por la terrestre, yendo en caída libre hacia una inminente muerte. Esperó en silencio la catástrofe, sin respirar, pero nunca en los minutos que le siguieron a ese pensamiento, experimentó uno de los peores escenarios que había creado en su mente. 

Por fin decidió abrir la micro ventana, su mano temblaba, la mantuvo así sobre la claraboya sin decidirse a ver su realidad, por fin deslizó el material que la recubría. Se asomó con mucho miedo y lo único que vio fue un escenario negro, oscuridad total, no sabía si estaba hundido en el fondo del mar, si estaba aún dentro de la nube de polvo o si estaba por fin en el espacio. Tardó en acostumbrarse a esa oscuridad, pero conforme pasaron los minutos y fue abriendo los ojos lo más grande que pudo, vio por fin una respuesta: sus ojos encontraron a lo lejos un planeta cubierto por una nube, parecía un planeta enmohecido, envuelto en una capa de algodón gris, casi negro; era la tierra y su gran nube, ¡lo había logrado, estaba en el espacio!

Memo y la cápsula se quedaron flotando en una superficie eterna y sin fin, de vez en cuando se asomaba por la ventana del tamaño de una rebanada de pan blanco, veía la luz de los lejanos soles, estrellas fugaces, naves extraviadas que al igual que él esperaban aterrizar en algún momento en el planeta paradisiaco a donde los humanos se habían mudado. Esperaba llegar a tiempo para la siguiente época de vendimia, esperaba llegar y descubrir la receta para que sus viñedos se dieran en las condiciones de su nuevo planeta. Si alguien hubiera podido ver a Memo desde afuera de su cápsula, lo verían hablando con las uvas, cuidándolas como lo único valioso que existe en el universo. Y así, en la vasta galaxia llena de estrellas, de naves que nunca lo lograron y de algún planeta habitable, está un viñedo potosino flotando en una cápsula, conteniendo un micro universo que aún sobrevive con base en la esperanza.

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