Y se armó La bola

Estamos hechos de contradicciones, en nuestro lenguaje y en nuestro actuar. No es queja. El Plan de San Luis se promulgó en San Antonio, Texas, y su llamado provocó no una, sino varias revoluciones. Los héroes se mataron entre sí, pero se creó un sistema que algún escritor llamó «la dictadura perfecta». 

Cuando empezó, lo que hoy llamamos Revolución Mexicana era más conocida como La bola.

¿La bola de qué? El "pueblo", peones, campesinos e indígenas. Los sin nombre, carne de cañón. El 20 de noviembre es la fecha que propuso Francisco Y. Madero, pero los levantamientos fueron dándose en meses, años. ¿Cuándo y cómo terminó en realidad La bola?

Muchas personas buscaban mejorar, cambiar, sin saber bien cómo o para qué. En Los de abajo, Mariano Azuela escribió: «esta bola va a seguir, si la Revolución no se acaba, nosotros tenemos ya suficiente para irnos a brillarla [...] - ¡Cierto como hay Dios, compañero; sigue la bola!»

Aunque hoy nos toman de sorpresa eventos como la liberación del general Cienfuegos, ciertas coaliciones, o las alianzas y enemistades que se tejen desde la Presidencia, es notorio que lo que hoy podríamos llamar «la tercera transformación» no tocó las estructuras militares y solo un poco las económicas, al cambiar en algunos casos (pocos) los nombres de los dueños de haciendas y tierras. Si buceamos un poco en la historia veremos los mismos apellidos y alianzas desde mucho antes de «la segunda transformación».

Cabe preguntarnos ¿a quién le hablaban los caudillos de La bola en sus arengas?, ¿en nombre de quién elaboraban su discurso? También podríamos hacernos la pregunta en presente: ¿los políticos actuales nos hablan a nosotros?, ¿nos vemos reflejados en sus discursos más allá de afinidades o simpatías? Me lo he preguntado al ver los spots con los que los precandidatos y precandidatas de SLP se promocionan ante la militancia de sus partidos.  

El lingüista Alexander K. Halliday dijo que el lenguaje es un potencial de significado, pero cuando es verbal no es un sistema fijo sino que siempre está en expansión. Los discursos políticos tienen la posibilidad de analizarse al ser fijados en un soporte y podemos hacerlo desde la historia, la gramática, la retórica y hasta la comunicación no verbal. En vísperas de las elecciones locales, en medio de una pandemia y con feligreses/inquisidores por todos lados, el discurso a veces no es de la mejor calidad (el debate se convierte en insultos, malos albures, apodos y epítetos, descalificaciones, pedantería o narcisismo), pero es lo que hay. De lo sencillo a la gran producción, se promueven imágenes, lemas, valores, experiencia o entusiasmo. Pronto saldrán jingles y hasta corridos, seguro.

Otro ejemplo: el promocional de Gobierno del Estado para BMW. ¿O es autopromoción, en cuyo caso no deberían pasarlo a cada rato en televisión abierta? ¿Para promover qué, empleo, inversiones, para mostrar la creatividad e "ingenio" de sus publicistas? Con una voz fresa y frases como "órale", "son los meros meros", "nos metimos a chambear" (ajá), "¡no te pases!", "el barrio te respalda", "esto se descontroló" o "vas a ver, Aguascalientes", el comercial resulta difícil de digerir, y más cuando lo pasan justo antes de hablar de muertes y nuevos contagios por SARS-Cov-2.

También resulta fuera de tono cuando vemos información sobre el aumento en San Luis Potosí de la pobreza laboral a 44.5 %. Dedicar tanto dinero (en producción y tiempo oficial) para promover la armadora mientras el semáforo delictivo marca rojo en ocho de once delitos (homicidio, narcomenudeo, robo a vehículos, robo a negocios, lesiones, violación y violencia familiar) parece un despropósito.  

También parece una desmesura si comparamos sus tiempo de difusión con los de las medidas sanitarias ante la pandemia, pues en cifras oficiales en SLP van en total 2616 muertes por Covid-19. Y no es que a nivel nacional se esté haciendo lo mejor. O (¡gulp!) que se esté haciendo algo. El exceso de mortalidad este año en México es de casi 218 mil personas.

La bola que ataca o defiende, la bola de muertos, la bola de intereses, la bola de hilos que se mueven en política sin que se tome parecer a la bola.

Aunque podemos discutirle mucho el tono y sus alcances, comparto aquí un fragmento de La bola, novela de Emilio Rabasa, escrita en 1888:

«le hemos llamado la bola. Tenemos privilegio exclusivo; porque si la revolución como ley ineludible es conocida en todo el mundo, la bola sólo puede desarrollarse, como la fiebre amarilla, bajo ciertas latitudes. La revolución se desenvuelve sobre la idea, conmueve a las naciones, modifica una institución y necesita ciudadanos; la bola no exige principios ni los tiene jamás, nace y muere en corto espacio material y moral, y necesita ignorantes».

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Correo: debajodelagua@gmail.com

Posdata: este jueves 26 Fuera de mí, eufemismos para ciertas locuras llega a la Academia del Cuidado, con los comentarios de Carolina Toro, gracias a la editorial El Diván Negro. Muy pronto, ventas de dicho título en paquete con libros de la editorial Morbo y productos de Corazón Todito (marca registrada).