No obstante que la Secretaría de Salud confirmó que investiga el contagio de diez personas ligado con el Centro de Abastos, ayer, quincena, fue evidente el hacinamiento en los andenes de acceso a las bodegas y el desorden por un exceso de camiones de descarga.
Comerciantes como Pablo Martínez Rosales pusieron en duda la información de Salud. El bodeguero juzgó injusto “que se generalice el tema en todo el Centro de Abastos” y pidió la autoridad precise dónde ocurrieron los contagios y que cierre las bodegas para que no se afecte la afluencia de clientes.
Para la media tarde de un jueves, los vehículos de transporte de mercancías al mayoreo deberían permanecer resguardados en el estacionamiento creado a unos metros de la Comandancia Central de Seguridad Pública Municipal, para evitar el caos vial que se forma en las calles.
Hasta entrada la tarde, centenares de automovilistas se concentraban en el exterior de las bodegas para tratar de comprar al mayoreo sus mercancías.
En algunas bodegas, incluso se apreciaban muy largas filas de clientes esperando ser atendidos, algunos sin guardar distancia y otros sin medidas de prevención básicas tales como el cubrebocas.
Para los empleados de las bodegas fue un día normal. Se vio el ir y venir de cargadores que por igual tomaban mercancías perecederas o imperecederas que los diablitos que pasan de unas manos a otras, operadores de camiones que toman con las manos todo lo que encuentran a su paso y les es indispensable, y sin ninguna medida de aseo se tocan el cuerpo y la cara.














