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El centro de la ciudad recobró con el Buen Fin una vida nocturna dominical que hace décadas no tenía. Centenares de potosinos acudieron a iniciar sus compras de fin de año en tiendas que usualmente permanecen cerradas la mitad del sábado y el domingo. Inclusive los negocios menos visitados recibieron clientela.
Miles de potosinos acudieron a comprar y apartar regalos consistentes en ropa, zapatos, juguetes y electrodomésticos. A los alrededores y en plazas, jardines y avenidas comerciales, centenares de oficiales vigilan en cabinas o por grupos para prevenir hechos delictivos.
Por igual comercios y restaurantes permanecieron abarrotados de consumidores o personas que sólo acudieron a preguntar precios.
El flujo de clientes representó un reto para el transporte público; casi a nadie se le ocurrió programar más corridas de transporte urbano para prever el aumento en el tránsito de clientes.








