El confitero de la tierra de la sal (FOTOGALERÍA Y VIDEO)

Un buen cazo, ingredientes naturales y las recetas de generación en generación son los elementos básicos para Isidoro Salas, el hombre que ofrece -en una vitrina montada en un triciclo-, los dulces tradicionales que incluso se llevan con especial aprecio los salinenses emigrados más allá de las fronteras del país.

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Por: Miriam González y Paola Marín

Salinas de Hidalgo.- Son las 9 de la mañana, el clima es fresco en la primavera salinense e Isidoro Salas ya lleva encaminada su tarea de 16 horas continuas en la elaboración de una tirada de dulces.

Desde hace más de una década, su producto endulza la vida con sabores de tradición a salinenses y foráneos, incluso más allá de la frontera norte del país.

Cuando era un niño, su padre le enseñó a cortar la fruta para procesarla en el cazo con azúcares y convertirla en un diamante: codiciado y cristalino.

Se trata de un proceso largo, que implica un gran esfuerzo y paciencia pues realiza los mejores dulces artesanales y típicos de la región.

Todo comienza cortando la calabaza, la calabaza blanca o chilacayote y el camote, para introducirlos durante tres horas en lejía (agua con cal), todo esto para que curta la fruta y evite que se desbarate al hervor en dulce por su alto contenido de almidones.

El siguiente paso es sancochar (pre cocer) con agua y bajo el fuego, teniendo el debido cuidado, esperando a que suavicen y enfríen, para después picar con un tenedor asegurándose de que la azúcar se adhiera muy bien. Este proceso puede llevar más de 4 horas para que la fruta esté lista y fresca para su consumo.

La materia prima como la calabaza y el chilacayote son producidos por personas de las comunidades del municipio.

Isidoro con su esposa e hijos fabrican alrededor de 100 piezas en una tirada. No es una tarea fácil puesto que aparte de comprar la fruta también se tiene un consumo excesivo de gas, agua, leche, azúcar, productos que continuamente están en su alza económica y esto afecta a la familia, pero no es un impedimento para seguir con el negocio.

Para los dulces de leche como la greñuda de coco rallado, de nuez y cacahuate, el proceso es distinto, la preparación de leche en conjunto con el azúcar, a una temperatura media hace que evapore y se le aumente miel de la que anteriormente ha quedado de los dulces cristalinos le dan otro sabor, no olvidando la maicena para que cuaje.

Pero no se limita a las artes de la fruta cristalizada, Isidoro Salas dulces de leche, cocadas, chancanquillas de piloncilillo y cacahuate y tamarindos que pueden ser encontrados en sus vitrinas a precios entre seis y once pesos la pieza.

Para los salinenses que han emigrado en busca de oportunidades, los dulces tradicionales de la familia Salas representan la posibilidad de paladear los postres sencillos de la infancia. Durante las fiestas patronales, los visitantes aprovechan para llevar grandes cantidades de dulces a los estados y países en los que ahora radican.

“Mis dulces han sido llevados a distintos estados de la república y también me los han solicitado para eventos especiales. Hace dos años entregué más de siete mil dulces, elaborándolos en una semana día y noche. Me gustan los retos, no me gusta quedar mal con las personas si me es pedido un trabajo, así me tenga que desvelar, a mí me gusta entregar.”

Don Isidoro recorre las principales calles del municipio a partir de la una de la tarde en la que los salinenses ya lo esperan en alguna esquina para comprar de un calabazate o un chilacayote, una greñuda de coco o una barra de dulce de leche.

“Los mejores dulces son los del señor del carrito”, recomiendan en Salinas quienes ya lo conocen.

Vende a granel, pero cuando le hacen grandes pedidos para llevar, le asalta la aspiración de empaquetar sus productos para que lleguen más lejos, pero no cuenta con el capital. Por la ganancia, tampoco ha querido sacrificar calidad o el sabor auténtico: le han recomendado cosas como usar glucosa en sus dulces, pero no lo ha hecho porque sabe que este ingrediente utiliza mucho más conservador y se pierde su frescura.

Don Isidoro sale de casa pensando en que le irá bien, pues hay cosas que pagar y tiene que echarle ganas para conseguirlo, pero sobre todo para que gusten cada día más sus dulces. El cuidado y la dedicación, es el secreto de las recetas.

En este negocio su familia juega el papel más importante. Su esposa lo alienta cada día a mantener una calidad y frescura en sus productos que los hagan únicos en la región. Espera que esta herencia que le ha dejado su padre vaya por generación en generación. Por ahora, los salinenses con antojo de un postre esperan ver pasar por sus calles al hombre que lleva en su triciclo una vitrina con el lado dulce de una localidad que debe su nombre y origen a la sal.

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