El feminicidio no es resultado de un estrés post trauma: Experta

Existen dos fenómenos que se están suscitando en la actualidad sobre la violencia de género, uno donde hombres predominantemente de 40 años que fueron criados y quieren seguir sosteniendo a una mujer en la subordinación; y los centennials, criados en un esquema tradicional, quienes se encuentran con mujeres que emergieron desde el kínder y la primaria con acceso a la información y no se dejan, y entonces las matan, advierte Geru Aparicio Aviña, psicóloga clínica y maestra en victimología de la Universidad Nacional Autónoma d México (UNAM).
Refiere que cambia el entorno político-económico en México, donde las mujeres incursionan en la vida de trabajo no remunerado con el doble turno, porque siguen con el trabajo de la casa, y es en ese momento cuando comienzan a cuestionar e interpelar a la pareja.
Se dice que en casos de victimarios, algunos fueron víctimas de diversos abusos y delitos ¿esto es así con los feminicidas?
-Sería irrelevante, porque no es una cuestión de un devenir victimal; el feminicidio no es resultado de un estrés post trauma, es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, conformado por conductas misóginas que desafortunadamente al estar normalizadas en nuestra cultura llevan tolerancia e impunidad social y del Estado.
Comúnmente ¿cuáles son los antecedentes familiares, sentimentales, laborales, sociales o de otro tipo en los feminicidas?
-Los hombres que cometen feminicidio consideran que tienen el derecho de controlar el cuerpo de una mujer y disponer de su vida, que es algo de su posesión, asesinarla sería un intento explícito por ejercer este control sobre su cuerpo, decisiones, comportamientos.
Los antecedentes pueden ser en todo ámbito donde exista la creencia en misoginia que las mujeres deben estar sometidas a una subordinación a los hombres y/o que se le asignen mandatos de comportamiento, que obstaculizan el ejercicio de sus derechos en igualdad sustantiva.
En tanto, Ricardo Ayllón González, coordinador del Programa de Metodología de Género y Desarrollo A.C. (Gendes), explica que el machismo, es un conjunto de ideas, creencias, comportamientos y aprendizajes acerca de lo que generalmente un cuerpo de hombre va a hacer para tener el poder sobre las mujeres, niñas, niños, jóvenes, adultos mayores u otros varones que considere menos, es decir, de la diversidad sexual, indígenas o aquel que no se apegue a la ideal tradicional.
“Aún ahora escuchamos a muchos hombres decir y nos lo han dicho directamente en entrevista, en grupo, en terapia: ‘oye, ya no puedo hacer nada. Ya no las puedo ver, ya nos las puedo tocar porque todo es violencia, porque todo es la generación de cristal y ahora de todo se quejan’”, rememora.
Reporta que alrededor del 20 por ciento de los usuarios se acercan por voluntad propia para adherirse al programa de reeducación, quienes admiten haberse separado de su familia por sus actos violentos, padecer problemas de pareja y que están haciendo daño; y el 80 por ciento acuden de forma obligatoria.
“Entre hombres comienzan a darse cuenta que pueden escucharse, pueden apoyarse y pueden aprender formas distintas a las que aprendieron (…) entre hombres aprendemos la violencia, entonces entre hombres también podemos aprender formas de respeto y buen trato”, argumenta.
Añade que las personas con pene son quienes han llevado al país, contexto machista de privilegios en donde se tiene a las mujeres al servicio en el ámbito sexual, familiar o paternidad, entonces “pareciera que ese estructura está tan cómoda para nosotros, y que no nos vamos a mover”, plantea.
Ayllón González sostiene que no solo hace falta mayor investigación sobre los perfiles de dichas personas, sino también trabajar en el interior de las cárceles, porque aunque estén recluidas, tendrán comunicación y relación con sus parejas, abogadas, celadoras u otros hombres.
“Muchos de ellos sí van a salir, entonces que mejor que también ahí haya trabajo sobre la reducción y la eliminación de las violencias de género, para que cuando salgan puedan trabajar en otras instancias”.
La entrevista concluye con un llamado a cuestionarse cada una de las formas en que los varones se relacionan con las y los demás, porque si bien el machismo transgrede a otros hombres de formas diversas, a las mujeres no solo las mata, sino también desintegra la totalidad de su dignidad.
¿Son más que válidos los reclamos de las feministas de que los hombres asuman su responsabilidad de reeducarse y tomar esta batuta de instruirse?
-Es totalmente válido, porque hasta que hay una situación de crisis, es que tomo cartas en el asunto. Esa situación de crisis está implicando que hay víctimas, que generalmente son las mujeres. Entonces estamos haciendo daño, estamos lastimando y claro que es genuino, es más que esperable el enojo y la exigencia de las compañeras de: ‘déjense de hacer pendejos’, dejémonos de hacernos güeyes y atendamos esta situación.
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