El ingeniero que hace caminos para el sonido (VIDEO)

El Teatro de La Ciudad del Parque Tangamanga 1, el primero en su tipo en el país, ha sido copiado en otras entidades. No hay en esos intentos nada destacado y el primer reto en todos ellos ha sido la acústica que ese espacio potosino posee desde el diseño. Su creador, el potosino Jorge Fernández Gutiérrez así lo calculó con mucha técnica y un don especial para percibir y tratar el mundo auditivo.

Desde restiradores, papel batería por metros y calculadoras de 12 dígitos, los elementos básicos para diseñar un ciclo de intensa vida al sonido y proyectarlo de una forma adecuada en un teatro al aire libre, son apenas el principio de una idea hecha en un cono en miniatura donde probar miles de veces la escala acústica hasta conseguir las dimensiones adecuadas para un auditorio que disfruta de un concierto.

Con ese sueño, el ingeniero Jorge Fernández Gutiérrez hizo una y otra vez en sus cuadernos las complicadas operaciones para calcular la salida correcta del sonido, su dispersión y la ampliación de su efecto hacia el público que se reuniría a partir de 1984 en el Teatro de la Ciudad del Parque Tangamanga 1.

A partir de esos números se construyó una maqueta con sus muy precisas líneas de fuga, para proyectar el producto sonoro de conciertos históricos.

Por amor a la acústica, el ingeniero Fernández Gutiérrez, especialista, matemático, calculista y diseñador de escenarios del sonido correcto, ideó un experimento cuyos resultados se han mantenido por 34 años de actividades en el Teatro de la Ciudad.

El altavoz de madera y acero no defraudó lo mismo en las actuaciones inaugurales de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México con Enrique Bátiz, a las presentaciones de grupos como Air Supply, The Alan Parson’s Live Proyect, Toto, Creedence Clearwater Revival, o Christopher Cross.

La calidad de su acústica ha sobrevivido a un mantenimiento emírico y rudo, así como a actos de imprudente ignorancia como el retiro al “ahí se va” de piezas de madera de la concha, ordenado por los productores de “Nuestra Belleza México”, para colgar reflectores.

LOS MOTIVOS DEL ARQUITECTO

El ingeniero Jorge Fernández Gutiérrez nació en la capital potosina el 16 de diciembre de 1942. Refiere que desde pequeño se dio cuenta de que tenía facilidades para dibujar, escribir y para la música también. Estudió en el colegio Motolinía en la calle Miguel Barragán y en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, cursó desde la secundaria hasta la carrera profesional.

Por aquellos años de concluir sus estudios, escuchó que el Gobierno del Estado quería un disco un coro de internos de la Penitenciaría, pero no había dónde grabar y llevárselos a México habría representado un riesgo muy grande.

Fue a Estados Unidos, donde conocía gente de la empresa de electrónica Ampex, especialista en tecnología de audio. Allá consiguieron el equipo y grabaron con la ayuda de un convicto, interno por falsificación.

La música y el sonido fueron genuinos. El equipo fue adquirido y le fue dado como pago, por gestiones del entonces secretario del gobierno de don Antonio Rocha Cordero, Alfonso Lastras Ramírez.

LA ERA JONGUITUD...
Al llegar como titular del Poder Ejecutivo a San Luis Potosí, el entonces gobernador Carlos Jonguitud Barrios se dio cuenta del trabajo del ingeniero Fernández Gutiérrez, y buscó gente de su confianza para hacer todos los trabajos de sonido que los gobernadores requieren, principalmente para eventos públicos.

Así, comenzó con los trabajos para la ingeniería de sonido de los informes de gobierno y de otros eventos de gobierno. “A él le gustaba la música en el campo... de hecho, construyó el parque Tangamanga, entre otras causas, porque le gustaba la música en el campo”, recuerda.

Pero al aire libre se necesitaban micrófonos muy especiales, que no dejaran perder potencia al sonido ni se viciaran con agentes exteriores como un viento. Entonces tenía que buscar una forma de diseñar un teatro para que la orquesta se oyera mejor, sin necesidad de usar micrófonos. Jonguitud dio el encargo al ingeniero Javier Hernández Espejel de construir un teatro al aire libre y de ahí comenzaron a estudiar espacios similares.

Visitaron un teatro en el California y uno en Boston. Gobierno del Estado les consiguió una plática con los principales encargados de esos espacios, quienes mostraron la forma correcta de planear un teatro al aire libre.

Recuerda que la Constructora Alier fue la encargada de edificar el Teatro de la Ciudad y previamente, fue necesaria la planeación, “en la que se involucra la dirección del ingeniero Javier Hernández Espejel y un grupo de personas tales como el ingeniero Aguado y el arquitecto Chávez y muchos otros que entran en la construcción, e incluso ingeniero Juan Benavente y el ingeniero Jaime Valle Méndez, el ingeniero Monternach y todos los que tuvieron que ver para que el teatro fuera construido totalmente de madera con una estructura de acero”.

Una vez construido el teatro, cada quien lo siguió para la revisión de los cálculos de salida del sonido.

Explica que el arquitecto Alejandro Castillo Orejel trabajó con él en el diseño y él fue el que lo plasmó en el plano, sobre un diseño que el propio Jorge Fernández Gutiérrez le había entregado.

Así, el teatro fue construido y una vez hecho, fue necesario realizar una evaluación para ver cómo ha quedado. Hicieron pruebas y la música se proyectaba sin necesidad de micrófono, al tamaño de lo largo del teatro “y con una calidad muy bonita y es más, daba gusto oírlo y tan es así, que algunas personas que llegaron a preguntar qué micrófonos usábamos, porque no se veían y el teatro se escuchaba mucho”.

Recordó que el director español Luis Cobos ordenó 55 micrófonos para la orquesta y entonces, el ingeniero Fernández le pidió probarlo para ver si se oía bien nada más con ensayar el concierto en el interior de la concha acústica: si consideraba que era necesario meter los micrófonos, entonces serían incorporados. Al final nunca hubo necesidad de meterlos.

SONIDOS NATURALES Y ACÚSTICA ARTIFICIAL
Para el ingeniero Fernández, en el diseño final de la concha acústica se colocaron bocinas, que son necesarias para lograr un mayor volumen, “puesto que estamos acostumbrados en esta época, sobre todo, a abusar demasiado hoy… mucha gente ya no se conforma con un solo tipo de sonido”.

El 19 de mayo de 1984, día de la inauguración del teatro, los discursos fueron pronunciados con micrófono. El concierto comenzó con la obertura de Guillermo Tell, de Rossini, con un cello solo, y se notaba bastante en la bajada de volumen, y el auditorio creyó que estaba fallando, pero lo que sucedió es que se notaba el contraste entre los micrófonos usados en el discurso y el comienzo de la orquesta, pero una vez que pasó la primera obertura, la gente se iba dando cuenta que el volumen era el bueno, pero no era tan fuerte como con los micrófonos.

Con una maqueta elaborada con base en todas las especificaciones solicitadas para la obra final, el arquitecto mostró ya en 2018, en su casa, la calidad de audio e incluso permitió una simulación de reproducción de un concierto del 25 aniversario de Toto, visto por los potosinos el viernes 19 de marzo de 2004.

La concha acústica sirvió del todo perfectamente, porque es un diseño exponencial que realmente está creado para registrar el sonido de la música. Al oír de lejos se escucha perfectamente y sucedía lo mismo en el teatro al aire libre Hollywood, pero allá era natural el lugar donde fue construido el sitio de los conciertos.

En aquel sitio, por ejemplo, había gente que visitaba el lugar como día de campo y se dieron cuenta que se oyen muy bien los conciertos desde el lugar donde estaban, sin necesidad de un complicado equipo de sonido.

En el anecdotario del teatro en Estados Unidos su concha acústica se hizo tan famosa, que empezaron a ocuparla para ceremonias religiosas muy especiales, y pronto quedó rebasada en tamaño, pero los operadores aumentaron la capacidad de público y entonces el ruido de la gente se comía el sonido.

Luego le incorporaron micrófonos, pero tanto micrófono echaba a perder las cosas y tuvieron que meter unas esferas de plástico al frente para anular los micrófonos.
Hay otro teatro en Montebello, Venezuela. Ellos tomaron como referencia la estructura del Teatro de la Ciudad del Parque Tangamanga 1, para hacer el suyo, pero su estructura es cuadrada y no ofrece la misma calidad de sonido.

Un en Quintana Roo también intentó imitar la estructura, pero tampoco ofrece la calidad de sonido del teatro potosino, creado por potosinos.

EL PRIVILEGIO DE CALCULAR
Cuando el arquitecto recibió la encomienda de acudir a ver los teatros de ejemplo para tratar de construir un original en San Luis Potosí y planear con el sonido adecuado para lo que requería el Parque Tangamanga, ya llevaba mentalizado el procedimiento matemático y físico para comenzar a trabajar.

En San Luis Potosí hay arquitectos que le han involucrado en sus respectivos proyectos y se nota en la calidad del sonido.Por ejemplo, recuerda al arquitecto Francisco Cossío, cuando fue necesario construir la segunda parte de la Casa de la Cultura. Con él colaboró para diseñar la sala de conciertos y la parte de atrás, porque él sabía que la acústica no era la adecuada.

Entre algunas otras construcciones difíciles, recuerda que cuando edificaron una obra para el Hogar del Niño, las especificaciones de obra no fueron las adecuadas, porque el sonido era un rebotadero y no se entendía nada, y fue necesario trabajar para corregirlo.

UN DON ACÚSTICO
Al ingeniero Jorge Fernández le llamó la atención y le gustó la acústica desde muy joven y se metió en eso como jugando. En su infancia iba a la casa de una tía en la avenida Juárez que tenía un piano traído desde Alemania.

Así, él fue una vez y le llamó la atención que ella estaba tocando el “Vals de la viuda alegre”, y que se sentían las vibraciones del piano, y no solo en el piso, sino que se le suben al cuerpo, y asegura le impresionó tanto, que al haber tenido tan pocos años, ya le daba pie a dedicarse a eso.

El arquitecto asegura que su inclinación por la acústica fue lo que se necesitaba, y lo confirmó cuando el propio gobierno le pidió grabar el primer disco o su primera producción, con los internos de la Penitenciaría del Estado.

SOPORTE CIENTÍFICO
El sonido del Teatro de la Ciudad fue calculado por un sistema de reflexión en el que el rayo que entra es igual al rayo que sale. La reflexión es igual que la refracción y para cualquier superficie plana es un espejo donde se refleja; en el sonido sucede exactamente lo mismo, pero no se ve.

“El sonido se expande como el agua y el motor de refacción habría que calcularlo perfectamente, y por eso se le dio la inclinación que tiene arriba y también los lados, y había que poner un espejo de agua en frente para que reflejara precisamente el sonido, pero tenía que ser del mismo alto en el que está la concha, para que diera resultado”.

Comentó que por ello fue necesario negociar con los arquitectos para que diera “no el resultado completo, pero sí para reducir algún problema de sonido”, porque los arquitectos decían que era demasiado dar al espejo de agua la misma altura que tiene la concha.

Así, al rebotar el sonido se refleja de manera similar en el aire, en el agua y en los cuerpos sólidos, pero tienen relación directa con la propagación de éste, y así fue negociado que fuera más pequeña el área del espejo de agua y aunque no da todo el sonido, proporciona un muy buen resultado.

Además de prever la apariencia visual del medio cono que forma la concha acústica del Teatro de la Ciudad, recuerda que se la pasó todo un mes haciendo los cálculos.

Mostró una libreta donde cuenta con todos los cálculos para planear la salida de sonido.

https://youtu.be/MT3SPRxQAxY

 

DEL GUSTO NACIÓ EL TALENTO
Asegura que le gusta mucho la acústica, y para hacerla realidad se basa en sus conocimientos de cálculo diferencial e integral que por más de tres décadas compartió con sus alumnos.

El ingeniero Fernández trabajó por un periodo aproximado de 42 años en el área del Departamento de Físico-Matemáticas y la Facultad de Ingeniería de la UASLP, e incluso el actual rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí Manuel Fermín Villar Rubio fue su alumno, pero en la Apostólica.

Al desahogar la metodología para calcular el sonido correcto, debió tomar en cuenta que uno de los cálculos tiene que ver con el sonido que saldría de la concha y otro es lo que aísla hacia los lados, porque no necesariamente tiene que salir para los lados, y luego el que proyecta en línea recta, “y no realmente en línea recta, sino en esferas que van caminando poco a poco, y todo ese aspecto viene rompiendo y por eso, el diseño del teatro permite que no haya rebote de sonido del interior”.

Además de procurar que el teatro se vea bien, explica que el diseño de la concha acústica con una serie de cilindros arriba y a los lados, cumple la función de que la producción de sonido no rebote entre los muros y salga directamente hacia donde se encuentra el auditorio. Entonces fue necesario modificar proyectos conocidos anteriormente.

Recuerda por ejemplo el rebote de sonido en la concha acústica construida en el jardín principal de la colonia Industrial Aviación, justo detrás del templo de la Santa Cruz, que a su juicio carece de muchos aspectos para garantizar calidad de sonido. Ese espacio es producto de una ocurrencia para dotar a la colonia de un teatro, pero realmente no tiene una adecuada calidad en la salida del sonido.

Mostró los planos del diseño del Teatro de la Ciudad, y en ellos consigna una serie de datos visuales, tales como perspectivas isópticas y otros que se refieren al diseño del tipo de concha.

Para diseñar el Teatro de la Ciudad fue necesario considerar los proyectos de todo el mundo, y algunos de ellos de diseños extravagantes, pero en todos los casos considerando el plan de construcción y la acústica que proyecta.

Cita otro ejemplo. El Teatro Metropolitan de Nueva York, es un lugar donde cabe mucha gente y no es necesario usar micrófonos y se oye perfecto en cualquier lugar.

Para hacer un teatro se requiere de mucho cálculo, sentido común y nociones de arquitectura y de música. Sugiere una carrera de electroacústica, donde se preparen profesionales con conocimientos de muchas disciplinas y mucha práctica. Lo primero, dice, es saber de música y mucho de arquitectura. Lamenta la poca vida que hoy tiene espacio.

“Ya casi no hay conciertos por ejemplo de orquesta sinfónica, cuando en el Teatro de la Ciudad se han presentado con buena calidad de sonido la Orquesta Filarmónica del Bajío, Luis Cobos, la Orquesta Sinfónica del Estado de México y muchas más, pero en Alemania hay un teatro similar y está ocupado constantemente por conciertos”.

TÉCNICO A PRUEBA…
Don Fernando fue perito de ruido y mediciones para la Secretaría Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas.

Como profesional se ha encargado también de la parte odiosa del sonido: alguna vez le tocó determinar si se instalaban o no se instalaban varios negocios nocturnos, porque de lo contrario, si no se corregía el ruido, no se podían instalar.
Evaluó dos o tres industrias ruidosas y aportar una solución porque el gobierno tenía que respetar el permiso inicial.

LA MÚSICA PARA ENSEÑAR...
A él le ha correspondido enseñar nuevas generaciones e incluso estudió guitarra y formó su grupo que recorrió toda la república para tocar en muchos lugares y después de eso, cada quien se separó.

De una de esas generaciones tiene concertistas, como Gerardo Arriaga Moreno, un extraordinario guitarrista que es profesor de Musicología en la Universidad Complutense de Madrid.

ARQUITECTURA EJEMPLAR
Don Jorge asegura que se ha venido inspirando en parte del sonido y de la arquitectura que juzga necesario enseñar a las nuevas generaciones para que hagan las cosas.

“De mis hijos, sólo Daniel y Jorge son los únicos que han aprendido de eso mismo, pero hace falta difundirse mucho más”.

Ellos han aprendido el correcto uso del sonido los lugares hacia donde debe ser distribuido y aquellos en los que por obligación debe quedar restringido. El criterio principal para la ausencia de sonido es aquel donde es necesario desarrollar proyectos para proteger a las personas.

El ingeniero Fernández recuerda haber notado en las carreteras de Alemania, a los lados de las vialidades cuenta con unas paredes de acrílico para que el ruido no moleste a los vecinos que viven por ahí. En Amsterdam, los hospitales se encuentran en zonas totalmente quietas.

Para mejor distribución del sonido, recuerda al arquitecto Teodoro González de León, quien construyó el Auditorio Nacional y que conoció en Aguascalientes, a quien se sumó el arquitecto Abraham Zabludovsky. “Ellos hicieron muchas obras aquí en México que vale la pena considerar”.

En medio de toda esa enseñanza arquitectónica y de los cálculos de don Jorge Fernández, para que cada obra funcione para lo que es, ahí permanece el Teatro de la Ciudad del Parque Tangamanga 1, silencioso, con sus muros de madera, su armado de acero, sus butacas planeadas para suficientes espectadores, y en la parte posterior una muralla de tierra y un cerro artificial arbolado que guardan sonidos, tiempos y silencios. Basta acudir, posarse frente al concierto y oír para creer.