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El trabajo en tiempos de pandemia

Por Irma García Pedraza

Marzo 25, 2021 03:00 a.m.

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Al inicio parecía gracioso: las vacaciones de Semana Santa se adelantarían unas semanas como medida para prevenir los contagios de una enfermedad que en marzo de 2020 todavía se veía lejana. Un viernes, los estudiantes se fueron de puente… y no volvieron. Y con el cierre de las escuelas, vinieron las medidas de algunas empresas que decidieron enviar a sus empleados a trabajar desde casa. 

La vida laboral se transformó para millones de personas y lo que se pensaba que duraría unas cuantas semanas, ha llegado ya a su primer aniversario.  

Los cambios no fueron graduales, simplemente se instalaron de un día para otro y la gran mayoría de las empresas y trabajadores tuvieron que armar de la nada su modalidad del trabajo a distancia. 

De la novedad a la incertidumbre

Los primeros días del “home office” transcurrieron entre bromas sobre quedarse en pijama todo el día y el reto de saber cómo trabajar desde casa, con problemas tan básicos como determinar si los empleados utilizarían su propio equipo de cómputo o si la empresa lo proporcionaría. 

Para Karla, representante de un laboratorio farmacéutico, el inicio del home office fue de descontrol total. Como no podían realizar visitas a los médicos, la administración les pidió tomar una gran cantidad de cursos e impuso las juntas virtuales; además, la empresa instauró tantos mecanismos de reporte y control que no le quedaba tiempo ni para comer.

Cuando todo empezó “los administrativos trataron de justificar su chamba y cada uno ponía diferentes mecanismos de supervisión: reportes de actividades, videollamadas, formatos, inventarios… lo que se les ocurriera. Era mucho trabajo, no podía ni respirar”. 

Alex, investigador universitario, dice que fue un choque pasar de la rutina de la Universidad, de convivir con sus compañeros y estudiantes a estar prácticamente aislado en casa, lo cual fue emocionalmente complicado. 

Al principio, recuerda, pensó que sería una situación muy similar a la que se vivió con la influenza AH1N1 y que tanto la crisis sanitaria como el trabajo a distancia durarían solo unas cuantas semanas. Pero con el paso del tiempo, al saber más sobre la Covid, se dio cuenta de que la situación sería mucho más complicada y que incluso podría durar años, lo que lo obligó a replantearse todo.

Alex explica que pasó unos días de incertidumbre mientras adaptaba sus clases y su investigación a la modalidad online.  “Pero poco a poco vas encontrando tu forma de adaptarte; decidir cómo trabajar a distancia durante la pandemia”. Él lo solucionó con clases en video y sesiones de Zoom con sus estudiantes de posgrado.  “Después del periodo de adaptación, el replantearte cómo hacer el trabajo de manera eficiente te da cierta tranquilidad”.

Para Mariana su trabajo de edición se mantuvo prácticamente igual. “Lo único diferente para mí es el lugar donde trabajo y no socializar con los compañeros o distraerme al salir de la oficina”. Explica que en su caso fue muy sencillo adaptarse al home office y que decidió mantener en lo posible sus horarios y rutinas como medida para no sentirse atrapada en un trabajo interminable. 

“Lo realmente difícil fue darme cuenta que los meses pasaban y pasaban y no había ningún cambio a la vista. Un día un amigo me dijo que me olvidara de los viajes hasta que sacaran la vacuna y entonces sí entré en crisis, no por los viajes, más bien porque me imaginé encerrada en casa durante años”.

Hiperconectados

Desde que los smartphones se popularizaron, el trabajo empezó a llegar con más frecuencia a casa. Con emails y mensajes nuevos apareciendo cada cinco minutos es difícil sustraerse del tema laboral. Y la pandemia agravó la situación. 

Lucía es diseñadora y trabaja para una constructora. Aunque el home office le ha significado más beneficios que problemas, señala que ha sido complicado poner límites a sus jefes, quienes le envían correos o mensajes fuera del horario laboral. “Ahora trabajo mucho más. Como estás en casa todo el día se les hace más fácil pedirte cosas fuera del horario. Y con la presión por conservar tu empleo en un momento tan delicado, si la jefa te busca en la noche no te puedes poner los moños”. 

Karla cree que el home office ha creado un problema de hipercomunicación en el laboratorio para el que trabaja, pues con el paso de los meses fueron incorporando una serie de mecanismos internos de comunicación. Por ejemplo, los supervisores aumentaron el número de juntas para tratar temas cotidianos que antes no requerían reuniones.  “Lo peor es que no son certeros, echan un rollote para decirte dos cosas. Son juntas que se prolongan durante tres horas y que no llevan a nada”.

En ello coincide Lucía quien no duda en señalar las reuniones por Zoom como lo peor del home office. “Las juntas que podrían durar 15 minutos terminan extendiéndose durante horas”, lamenta. 

Límites difusos

El home office vuelve imposible no mezclar la vida privada con el trabajo simplemente porque ambos están en el mismo espacio: tu casa. Sin darte cuenta, pasas de uno al otro a lo largo del día y de la semana.

Para Edgar, un diseñador gráfico que desde hace años practica el home office, la crisis sanitaria no modificó su modo de trabajo. Sin embargo, sí limitó su espacio y tiempo de esparcimiento.  “Antes de la pandemia podía salir de mi lugar de trabajo y distraerme, desligarme del contexto físico. Y ahora he tenido que lidiar con la permanencia en el mismo lugar. Tuve que aprender a gestionar el estrés, aprender a manejar el encierro y el trabajo”, explica.

Otras personas, en cambio, creen que si bien la línea entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal se ha difuminado, esto no es algo malo.  Lucía y Alex coinciden en que se sienten más a gusto teniendo la libertad de realizar sus actividades laborales y sociales en los horarios que les convenga. “Puedes sacar ventaja, planear ciertas actividades personales en un horario de trabajo sin verte afectado laboralmente”.

Multitareas

El impacto de la pandemia sobre las mujeres se ha sentido en múltiples frentes: son quienes más han sufrido el desempleo durante la crisis, han visto disminuidos sus ingresos y al mismo tiempo, han tenido que asumir el cuidado de los hijos que ya no asisten a la escuela.

Gabriela, catedrática y consultora ambiental, señala que lo más difícil ha sido no poder destinar un horario exclusivo para el trabajo, pues estando en casa es imposible sustraerse del cuidado de los hijos y la supervisión de sus clases; “es como tener una doble jornada laboral, pero simultánea”.

Karla recuerda que durante los primeros meses sus hijos le decían que la veían más antes de la pandemia, cuando trabaja fuera de casa, pues el home office la obligaba a encerrarse todo el día en el estudio y solo salía de ahí para dormir. 

María Elena perdió su empleo y aunque tuvo oportunidad de colocarse en otra empresa, tuvo que desistir pues sus hijos en edad escolar requieren de su supervisión para las clases en línea. “Hay que estar al pendiente de todo: si se conectan a la clase, que no estén jugando, que hagan las tareas y si los maestros no explican bien, entonces me toca ver de qué se trató la clase y explicarle yo a los niños y eso es bien difícil para mí”. 

Además, María Elena debe encargarse ahora de cuidar a su mamá, cuya salud se deterioró en los últimos meses. “Trabajo más y me canso más ahora que estoy en casa”.

¿Funciona el home office?

Claudia, que es contadora, solo estuvo en home office los primeros dos meses de la pandemia, a pesar de que su trabajo lo puede realizar a distancia sin mayores complicaciones. Durante ese tiempo sintió que se volvió más productiva pues pudo evitar las distracciones tanto de sus compañeros como por parte de sus jefes. Lamenta que la empresa haya decidido que regresaran a la oficina pues compartir un espacio cerrado con varias personas implica muchos riesgos. “Mantenerte durante ocho horas usando el cubrebocas es un infierno”, agrega.

Mariana se declara fan del home office. Dice que su trabajo no requiere para nada su presencia física en el despacho para el que labora, pues la inmensa mayoría de las situaciones que se presentan pueden solucionarse con un email o una llamada telefónica.

Karla señala que el trabajo a distancia funciona para las labores administrativas, pero no para el área de ventas, en donde el trato humano es fundamental.  Relata que al inicio de la pandemia los médicos solían responder sus llamadas o mensajes, pero con el paso de los meses, se ha vuelto muy complicado comunicarse con ellos.  Sin embargo, reconoce que el trabajo a distancia ha traído algunos beneficios, como el hecho de no tener que viajar constantemente para cursos y capacitaciones.

La virtualidad también ha sido beneficiosa para estudiantes y maestros, coinciden Gabriela y Alex, ambos catedráticos de la universidad, pues señalan que la pandemia ha forzado a que muchos congresos o cursos se realicen en línea, lo que permite a más personas acceder a más recursos académicos.

Y aunque con el paso de los meses muchos empleados han regresado a sus oficinas, una de las grandes lecciones que deja la pandemia es que el trabajo a distancia llegó para quedarse.