Geometría contra el arte de acarreo

Así como una línea se constituye por una sucesión de puntos, las esculturas de Moyao se conforman por una sucesión de líneas, trazos rectos y precisos que el artista mexicano extrae de los patrones geométricos implícitos en la naturaleza para aplicarlo a sus creaciones.
Juan Francisco Moyao Pérez nació en la Ciudad de México en 1946. De carácter inquieto y con un creciente deseo expresivo, estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), para posteriormente completar sus estudios de posgrado en Artes Visuales con especialización en Escultura, así como una maestría en Arte Urbano. La educación formal que recibió de ninguna manera limitó su lenguaje estético, por el contrario, dotó al talento innato que poseía de herramientas teóricas y metodológicas que le permitieron desarrollar una producción tan singular como disruptiva para su momento.
Sus creaciones van de la pintura a la escultura hasta llegar a la instalación, la ambientación y el performance. A la par de su labor artística, desarrolló una comprometida actividad académica, fue profesor de Educación Visual, así como encargado de los Talleres de Escultura y Experimentación Plástica en la División de Estudios de Posgrado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Durante su etapa formativa Moyao expresó su inconformidad ante la enseñanza académica del arte que consideraba anacrónica. En 1971 se unió al grupo Arte Otro, fundado 3 años atrás por sus compañeros egresados de la ENAP: Hersúa, Sebastián, Eduardo Garduño y Luis Aguilar, quienes se declararon abiertamente subversivos a los valores plásticos impuestos desde el Estado Mexicano. El grupo se valió de la escultura, el color y el espacio para generar ambientes en los que el espectador participara activamente para así romper la relación unilateral de poder entre el artista y su público. En su manifiesto, Arte Otro postulaba que las exposiciones de pintura abstracta en la ENAP abrían “una brecha en la conservadora estructura de esta institución que en los últimos cincuenta años solo ha cumplido la función de servir al sistema social (la revolución hecha gobierno) preparando gentes de acarreo con la mentalidad de la burguesía en el poder.”
Moyao se mostraba escéptico y estudiaba con cautela las diferentes expresiones del arte contemporáneo. En su búsqueda estética contantemente se reinventaba por lo que era difícil ubicarlo dentro de una corriente plástica. Sin embargo, al igual que otros colegas, empleó los principios de la geometría para representar su mundo circundante. La base del geometrismo se encuentra en la abstracción, contrario a la reproducción detallada del modelo. Los creadores que optan por la simplificación apuestan por la diferencia entre idea y realidad, más allá de la mera representación objetiva del entorno.
En 1976, el promotor cultural Fernando Gamboa reunió en el Museo de Arte Moderno a un conjunto de creadores que mantenían un rumbo artístico muy determinado, de manera aislada, cada uno llevaba tiempo explorando la geometría en su obra personal. La exposición denominada “Geometrismo Mexicano” tenía como antecedente el trabajo precursor de Carlos Mérida, Gunther Gerzso y Matías Goeritz, quienes influenciaron con el uso de las formas geométricas la producción artística de Manuel Felguérez, Vicente Rojo, Kasuya Sakai, Arnaldo Coen, Jorge Dubón, Helen Escobedo, Fernando González Gortázar. Así mismo, se incluyó a los entonces jóvenes Juan Luis Díaz, Sebastián, Hersúa, Benjamín, Roberto Realh de León, Ricardo Regazzoni, Eduardo Vázquez Baeza, Ignacio Salazar, Víctor Morales y por supuesto a Francisco Moyao.
Con la respectiva publicación del catálogo de la muestra colectiva, se reconoció al geometrismo como un movimiento con personalidad propia, quizá el más importante surgido después del muralismo. Atinadamente, la crítica de arte Teresa del Conde, señaló cómo sus integrantes coincidían en sacar al espectador de una posición meramente receptiva para potencializar las variantes del objeto de arte mediante una relación dinámica con el público. Esta cualidad es fácilmente comprobable en la obra de Francisco Moyao, sus piezas se caracterizan por su policromía, con franjas de color que las recorren y aportan dinamismo a la tridimensionalidad que varía según el ángulo en el que se contemple.
Historiadores del arte definen al geometrismo escultórico mexicano como una síntesis entre el abstraccionismo universal y la estética prehispánica. En el caso de Moyao resulta evidente el uso de elementos esenciales como lenguaje plástico, sin embargo, resalta el uso del color, el cual responde a una gama proveniente del ámbito artesanal, de ahí que se le confiere a la obra cierta “mexicanidad”. En cuanto a la manufactura de su trabajo, se le ha catalogado de una perfección técnica cercana al preciosismo. Su maestría en el laqueado da a sus figuras de ángulos rectilíneos un acabado pulido, en el que la superficie lisa y brillante no deja lugar a accidente alguno.
La obra de Francisco Moyao es más que una simple expresión geometrizada de un concepto, utiliza un cuidadoso, detallado y perfeccionista lenguaje artístico que nos envuelve en una serie de estructuras y progresiones lógicas. La periodista cultural Raquel Tibol lo definió de la siguiente forma: “En sus obras se combinan volúmenes y efectos ópticos, construcción y cromatismo Moyao demuestra vocación por incidir con fuerza en un espacio dado. Sus obras poseen suficiente actividad implícita como para imponer su existencia en un espacio urbano”.
Si la geometría es la ciencia que estudia las medidas de la Tierra, instrumento para una reproducción arbitraria e idealizada de la naturaleza, Moyao se volvió geómetra y se especializó en su aplicación con fines artísticos, pues su propuesta escultórica no sólo irrumpe el espacio, también cumple un propósito que el mismo se planteó, fundir el conocimiento con la emotividad, a través de la razón.
La obra de Francisco Moyao en la exposición Geometría Colorida, que exhibe 20 magníficas piezas que forman parte de la colección Pago en Especie que se encuentra en los acervos y colecciones de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se exhibe en el museo Federico Silva Escultura Contemporánea.
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