Especial | El último reparador de balones en SLP
Un oficio en riesgo por la modernidad

Tiburcio Medina Delgado
SAN LUIS POTOSÍ. – Mientras el fútbol moderno se vuelve una industria de millones y materiales desechables, en el corazón de San Luis Potosí el tiempo se mide en puntadas.
Desde hace 56 años, el número 535 de Damián Carmona ha sido el hogar del "Hospital de Balones", donde el arte de remendar el cuero se niega a ceder ante la modernidad, resguardado por un hombre que sabe que es el último eslabón de una cadena familiar iniciada en 1970.
Una herencia de precisión
La historia de este rincón potosino comenzó cuando don Tiburcio Medina Delgado decidió cambiar el rumbo de su taller. Lo que inició como una reparadora de calzado se transformó en un centro especializado de "cirugía deportiva" después de que lograra restaurar con éxito un antiguo balón de cuero.
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Hoy, el legado continúa bajo la experta mirada de su hijo, Armando Medina Reyes, quien suma 45 años de experiencia personal en el oficio. Con una paciencia que solo dan las décadas de práctica, Armando dedica entre 20 y 30 minutos a cada pieza, realizando un proceso minucioso que incluye descoser, verificar la cámara y volver a cerrar con una precisión que las máquinas modernas no pueden replicar.
Tiburcio Medina Delgado
El desafío de la modernidad
A pesar de contar con más de cinco décadas de prestigio, el Hospital de Balones enfrenta los retos de la industria actual. Armando observa con nostalgia cómo los balones modernos, fabricados mayoritariamente con materiales sintéticos y procesos de termosellado, han perdido la nobleza del cuero de antaño, lo que dificulta su reparación y fomenta el desperdicio.
"Esto ya es un arte que se está perdiendo", comenta Armando. Su taller ha sido testigo de la visita de grandes figuras, como el futbolista serbio del Atlético Potosino, Milos Beleslin, lo que refuerza el valor histórico del local en la memoria deportiva local.
El ocaso de un oficio
Con 56 años de servicio ininterrumpido a la comunidad, el Hospital de Balones es mucho más que un taller; es un patrimonio vivo de San Luis Potosí. Sin embargo, la falta de interés de las nuevas generaciones por aprender este trabajo manual pone en duda la continuidad de la técnica familiar.
Al final de la jornada, entre el olor a pegamento y cuero viejo, don Armando lanza una sentencia que suena a despedida para una era: "Yéndome yo, se acabó la tradición, porque a nadie le gusta ya arreglar balones". Mientras tanto, en Damián Carmona #535, él sigue recibiendo a clientes de todas las edades, demostrando que, mientras haya alguien dispuesto a remendar una costura, el juego no tiene por qué terminar.
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