“La Muerte Niña” imágenes de un intenso dolor familiar (VIDEO)

La maestra en Historia del Arte por la Facultad del Hábitat de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), Norma Duarte, trabaja desde hace años en un proceso de investigación único y por demás atractivo. Enfocada ahora en su proyecto de doctorado por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades (FCSH), busca demostrar que la fotografía de niños difuntos, “La Muerte Niña”, es un género en sí mismo, independiente de la llamada fotografía “Post Mortem”.
Explica la académica que trabaja en la identificación de los elementos que la diferencian de otros estilos de fotografía similares y recopila material de los fotógrafos que capturaron este estilo de imágenes.
Explica la historiadora que en las ciudades las familias llevaban a su niño o niña muerta al estudio del artista, quien hacía una composición bien determinada o canónica para captar la imagen. Sin embargo, en el área rural era el fotógrafo quien cargaba con su equipo y las familias decoraban el cuerpecito del niño a retratar.
Su labor investigativa comenzó con pinturas, básicamente del siglo XIX, de diversos autores quienes se dedicaban a plasmar a los niños ausentes en su lecho de muerte.
Como es de suponerse, a esta práctica tenían acceso sólo las familias de cierto nivel económico, pero con la aparición de la fotografía la práctica se popularizó.
Un tema controvertido
Se le plantea a la investigadora que pocas experiencias pueden resultar tan dolorosas como la pérdida de un hijo y más si se trata de un infante que apenas empezaba a vivir.
Norma.- Sí. Son temas de corte familiar, guardadas en álbumes privados y tienen un carácter de perpetuar la memoria.
La maestra Duarte explica que la primera parte de la investigación, la enfocada a la pintura, “la concluí cuando terminé mi maestría. La verdad es que siempre me han atraído estos temas un tanto mórbidos o tenebrosos. Entonces tenemos como referentes muy visuales, la película “Los Otros” (Alejandro Amenábar, 2001) que plasma este tipo de registros visuales en álbumes familiares”.
Ver la cinta, más allá de lo anecdótico, la llevó a cuestionarse “¿de dónde vienen todas estas tradiciones totalmente culturales?”
Señala que descubrió que “no nada más tenemos este testimonio visual que es la fotografía, sino que ya hay algo anterior que es la pintura”.
Explica que el perpetuar la memoria a través de vestigios visuales, sobre todo de la muerte, ha sido una constante a lo largo de la historia.
“Están estas pinturas llamadas Post Mortem y a partir de ahí tenemos estos registros compositivos donde podemos detectar estos elementos que prácticamente decoran los cuerpos retratados”.
Del óleo a la placa fotográfica
Con la llegada de la fotografía tenemos estos registros de manera más rápida. De antemano sabemos que la pintura, al ser un registro visual, pero sobre todo de alto costo, sólo era accesible para ciertas clases sociales y vamos a ver que la fotografía lo que va a traer es que a esta dinámica tengan acceso familias no de clase baja, pero sí de clase media.
—¿Es una tradición urbana, más que rural?
—De hecho no. Los registros a los que tuve acceso más que nada son de testimonios rurales.
La fotografía es una actividad de corte urbano y a partir de ciertas composiciones podemos determinar que son fotos de estudio. En esta dinámica cultural, podemos detectar que hay fotógrafos que se dedicaron a este ejercicio en especial.
—¿No todos los fotógrafos hacían este tipo de trabajos?
—No, la verdad es que en México, particularmente, tenemos un registro de fotógrafos bastante interesante, sobre todo, por ejemplo el trabajo de Romualdo García en Guanajuato y por ejemplo aquí en San Luis, los hermanos Kaiser pudieron prestar este tipo de servicio.
En este sentido México, se caracteriza bastante por tener este tipo de dinámicas de registro de angelitos.
La historiadora es una entusiasta ponente del tema y gracias a su participación en diversos eventos de carácter académico, ha establecido contactos que le han permitido tener acceso también al material de Rutilo Patiño, también de Guanajuato; Pablo Ibarra, de Arandas, Jalisco; o Reynaldo Vaca, de Ecuador.
Pulso.- El dolor de perder un infante nos habla de una necesidad de perpetuar esa última imagen de un niño, de no olvidarlos, sobre todo cuando han estado conviviendo tan poquito con su familia.
Norma.- Sí por supuesto y sobre todo hay que entender en este sentido que las familias fueron muy grandes. A partir de una cantidad de cuestiones higiénicas, de salubridad, las familias tienen una cantidad de hijos muy grande, pero muchos de ellos no sobrevivían.
En este sentido se entreteje todo este tipo de particularidades culturales y nos habla también de que hay una necesidad de perpetuar estas imágenes en fotografías y de hecho la necesidad de colocarlas en altares.
Pulso.- ¿Las pinturas de qué época datan?
Norma.- Se tiene registro de que antes de que llegara la fotografía se le denomina al estilo “La Muerte Niña”. Son del siglo XIX prácticamente.
Pero si nos vamos más atrás encontramos estos elementos religiosos, en cuadros como los de los niños mártires o El Jardín de las Delicias, que son cuadros novohispanos que hablan de una época. La virgen no murió, se fue a los cielos y por ello, se habla y se representa “La dormición de la virgen”.
Jesucristo murió y se le sitúa con ciertos elementos compositivos muy de estilo religioso que ya nos permiten intuir que se trata de lo que será la pintura Post Mortem.
Un estilo propio
Sobre las características de las pinturas y luego fotografías de los niños muertos, la historiadora nos dice:
—Se les decoraba como santos, evidentemente hay que entender que esta tradición cultural viene de un corte con un sentido muy religioso.
Hay que entender que estamos en un ambiente muy religioso, entonces los atavíos, los elementos que los acompañaban en su ritual son religiosos, porque al final es parte del ritual mortuorio. Todos estos elementos parten justamente de la religiosidad, del catolicismo.
Por ejemplo, a las niñas se les ataviaba con elementos de la virgen y a los niños se les vestía como el Sagrado Corazón de Jesús.
Hay una variante en donde podemos encontrar a “angelitos” con atavío totalmente blanco. Hay otros elementos que nos permiten diferenciar la imagen como por ejemplo las coronas y las cruces.
Pulso.-Algunas pinturas tenían mensaje, como tipo exvoto.
Norma.-De hecho nosotros podemos ver ahí, en la cartela, los datos del infante, podemos ver la fecha, el periodo de vida. Lo que me llamó la atención particularmente fue el papel del infante dentro de las composiciones artísticas. Cómo a los niños se les ataviaba con ropajes de personas muy mayores, se les representaba como si fueran adultos, pero en pequeñito.
A partir del siglo XIX es cuando empiezan a tener esta individualidad, al niño ya se la considera en un ambiente mucho más propio de su edad.
Pulso.-No era un adulto chiquito pues.
Norma.-Exactamente. Estaba en espacios muy singulares, por ejemplo, en el campo tiene unos objetos como juguetes y antes no había eso, no se representaba eso. Aquí es bien curioso cómo empiezan a aparecer estos elementos más correspondientes de su edad.
A partir de esta descripción que encontramos en la cartela, empezamos a descubrir que se trata de un infante de cierta edad, aunque con las fotografías no se hace el registro y en este sentido ese es el trabajo fuerte, tener un aproximado de edades.
Pulso.-También a los adultos se les fotografiaba muertos, ¿no?
Norma.-Sí, de hecho el género como tal es fotografía Post Mortem, que es como se llama a toda esta práctica cultural de fotografiar a los adultos. Podemos encontrar hasta mascotas a las que se les fotografiaba, pero yo me enfoco en los angelitos, porque cumplen con composiciones muy armadas, muy canónicas de arte. Por ejemplo, de las fotografías Post Mortem de adultos tienen ciertas particularidades: se les representa en sus ataúdes, pero es muy raro que con los niños se les represente dentro de féretro.
Las imágenes, abunda la investigadora, particularmente son en espacios abiertos, se les representa como si estuvieran dormidos, con un halo de vida, como que está dormido e incluso con los ojos abiertos. “De hecho, hay imágenes en donde el fotógrafo cumplía funciones bastante interesantes de “artisidad”, obviamente tenía que colocar todos estos elementos de la composición y a veces pintaba los parpados para que se viera como si estuviera despierto.
Pulso le pregunta a la investigadora qué pasará con su investigación. ¿Tienes pensado publicar un libro?, ¿sería uno muy gráfico, no?
Norma.- Ahorita el objetivo es evidenciar y mostrar que hay un patrimonio cultural y visual extremadamente importante que retrata un patrimonio que al ser de este tipo nos causa cierto temor.
Es todo un caso, pienso mostrar todos estos elementos propios de nuestra cultura y que no fue sólo un fenómeno que se dio en México, se dio en toda Latinoamérica.
“En México se particulariza mucho este tipo de registro. Mi objetivo es mostrar este material visual, que lo conozcan y sepan de dónde viene. Todos en algún momento vamos a encontrarnos con algún elemento de este tipo en algún álbum familiar. Seguramente lo van a tener por ahí, pero siendo un registro visual familiar, pues obviamente se resguarda mucho.
“Es la memoria de la familia de sus personas difuntas. Si se puede publicar la investigación, pues estaría padre”, concluye.
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