Las zonas del silencio

Alianza de Medios
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En Sinaloa, ante la ausencia de medios de comunicación por el difícil acceso a algunos municipios, pudiera considerarse que estos se han convertido en verdaderas zonas de silencio para el periodismo. Sin embargo, la precariedad laboral también ha jugado un papel importante para que los comunicadores abandonen el oficio.
Iván, periodista sinaloense que estuvo en el exilio durante unos meses debido a amenazas del crimen organizado, consideró que también la presencia de la delincuencia organizada en estas zonas inaccesibles complica la labor periodística.
Sin embargo, explicó que la presencia de grupos criminales en sí misma no es un factor determinante para que se creen zonas de silencio, pues si bien en las zonas serranas de Sinaloa existe un mayor control de algunas zonas, en las ciudades su ritmo es diferente y coexisten con los medios de comunicación.
“El factor del narcotráfico en Sinaloa no ha influido al grado de silenciar completamente un medio. El antecedente más fuerte que hubo en estos años fue el asesinato de Javier Valdez, sin embargo, contrario de silenciar a su periódico, consideramos que potenció su voz. Sí silenciaron a Javier pero potencializaron la voz de Ríodoce, su influencia se mantiene”, manifestó.
Otro antecedente fue el del asesinato del periodista Humberto Millán, en 2011, donde su medio sí fue silenciado pero luego César Millán, hijo de Humberto, retomó el proyecto de A Discusión, por lo que no puede considerarse que sea un medio silenciado.
Un caso especial
Para Iván, si bien existen zonas donde no hay presencia de medios de comunicación, como el municipio de Badiraguato, estas no se pueden considerar agujeros negros, pues los únicos casos que no se publican son aquellos donde no se conoce la información.
“Si los periodistas en Culiacán tenemos información de enfrentamientos en la zona de Badiraguato, la publicamos. Es decir, los medios en Sinaloa no hemos tenido una mordaza. Sí el temor, pero más que zonas de silencio se trata de autocensura, por lo que los temas del narcotráfico se tocan con tiento”, explicó.
Esta dinámica, señaló, no es exclusiva de un periodista o un medio de comunicación, sino que por sentido común en todos los medios profesionales se tiene que cuidar en cuestiones de inseguridad.
En Sinaloa, el silencio forzado de un periodista se produce por su asesinato, como es el caso del periodista Luis Enrique Ramírez, pero el medio de comunicación que él dirigía continúa con sus actividades siete meses después de que el crimen tuviera lugar.
Difíciles tiempos para informar
Una cobertura sobre una balacera registrada en Encarnación de Díaz, Jalisco, se convirtió en una de las experiencias más amargas para un periodista con 20 años de trayectoria.
La disputa constante de las diferentes agrupaciones de la delincuencia organizada para apoderarse cada vez de más territorio, ha provocado desde hace varios años daños colaterales, prácticamente en gran parte del país.
Aguascalientes, con una extensión territorial de 385 km², y colindante con estados como Zacatecas, Jalisco y Guanajuato, no ha quedado exento de constantes enfrentamientos que han costado vidas no solamente de integrantes de la delincuencia y de elementos de seguridad de diferentes corporaciones de seguridad en su lucha por contender los embates, pues incluso civiles han quedado expuestos.
Ángel Dávalos, periodista con 20 años de experiencia, enfrentó una de las experiencias más amargas en su trayectoria, pues al darle seguimiento a una balacera registrada en Encarnación de Díaz, Jalisco, un 30 de abril de hace casi dos años, fue junto con sus compañeros interceptado por sujetos armados.
La cobertura original para una estación de radio local, no implicaba mayor riesgo que el cruzar la frontera sur del estado y llegar al conocido municipio de La Chona, levantar imágenes de edificios baleados, así como impresiones con testigos y conocer de los mismos habitantes de ser posible, la sensación que la inseguridad estaba generando.
Sin embargo, al llegar y disponerse a hacer su trabajo, Ángel, acompañado por dos personas más de la empresa en la que laboraba, inesperadamente fueron abordados por delincuentes quienes los intimidaron para que se retiraran del lugar. Al chofer de la unidad en la que viajaban, lo encañonaron, mientras que a él, lo agredieron física y verbalmente, despojándolo de dos teléfonos celulares.
“Estuvimos haciendo el trabajo levantamos algunas imágenes todo tranquilo, pero después de un tiempo llegó camioneta hacia nosotros ahí donde estábamos haciendo el trabajo y nos invitó que nos fuéramos de ahí. Al chofer lo intimidaron y aceleró, nosotros nos echamos a correr con dos, tres patadas recibidas”, recordó.
Tras varios minutos de tensión, Ángel y sus dos compañeros, como pudieron se trasladaron unas 10 cuadras más adelante, hasta llegar a la Presidencia Municipal, en donde permanecieron resguardados. Al comunicarse a la empresa en la que trabajaban y pedir el apoyo a las autoridades de seguridad en Aguascalientes, se activó un operativo por aire y tierra para que su llegada al territorio local fuera segura, siendo posteriormente trasladados por oficiales de Jalisco, hasta la Puerta de Acceso Sur, donde alistaban elementos Estatales, Ministeriales y de la Guardia Nacional.
Lo anterior generó que tanto Ángel y sus dos colegas tuvieran protección especial durante varios días, además de que fueron sometidos a estudios médicos para conocer sus respectivos estados de salud. A casi dos años de aquella situación, señala que es preocupante la situación de inseguridad que se vive en el país.
“No hubo mayor seguimiento sobre lo sucedido a pesar de que levantamos la denuncia. Vives con incertidumbre y más porque no hay quién te dé la certeza de que las cosas son seguras”, lamentó.
Michoacán se queda sin voz
Desde principios de año Zitácuaro se ha convertido en la principal zona de silencia del estado. Los asesinatos de Roberto Toledo y Armando Linares registrados el 31 de enero y el 16 de marzo pasado callaron no solamente Monitor Michoacán, medio de comunicación electrónico dirigido por Linares, sino que un Primer Plano, un periódico municipal y “Al Aire Zitácuaro” un noticiero radiofónico, anunciaron su cierre y la cancelación de sus emisiones.
“Al Aire Zitácuaro” tenía 17 años de transmisiones ininterrumpidas y Primer Plano contaba con 28 años de circulación.
Pero eso no fue lo peor, pues reporteros tuvieron que acogerse al mecanismo de protección federal y salir de Zitácuaro para evitar ser el blanco de una tragedia.
Magdalena Alonso recuerda esos días con amargura. De la noche a la mañana tuvo que dejar todo y salir de la ciudad donde tenía amigos, familia y trabajo.
Atrás dejó su casa, sus pertenencias, su rutina y sólo cargó con lo indispensable.
Desde el exilio obligado por las amenazas habla de lo difícil de estos meses: “de la noche a la mañana se acabó el noticiero que conduje durante cinco años y dejé de trabajar en lo único que sabía hacer: comunicar”, dice vía telefónica y a través de mensajes de WhatsApp, sin revelar su ubicación exacta, recuerda cómo la noticia del asesinato de Armando Linares llegaron a sus oídos y aún, sin salir del asombro y la indignación se da cuenta de que ella también podría ser blanco de la violencia pues sujetos a bordo de una moto vigilaban su casa.
“La decisión era callar o morir y preferí lo primero”, menciona
Jalisco: ofensiva contra medios
Ejercer el periodismo también es un riesgo en Jalisco, sobre todo en el interior del estado, en donde autoridades y grupos criminales intimidan con total impunidad a periodistas. Consignar los enfrentamientos entre grupos, es considerado para unos y para otros, “estar de su lado”. Reporteras y reporteros de regiones como los Altos, el sur de Jalisco y la región de la Costa, han preferido, en muchos de los casos, olvidarse de los temas policiacos o de plano emigrar a la capital del Estado.
Por lo que respecta a la región de la costa de Jalisco, sobre todo hacia la parte sur, desde el año del 2011 se pudo advertir tal escenario. La presencia del Cártel de Jalisco Nueva Generación y del mismísimo Nemesio Ocegueda (a) El Mencho, repercutieron en ello. Los medios locales -basados en la llamada nota roja- disminuyeron, los periódicos pequeños locales omitieron esa sección y les dejaron a los grandes periódicos la exclusividad de atender tales sucesos, recuerda un corresponsal en la zona.
Asegura que incluso él que “escribía para afuera” prefirió mandar sus datos y que “mis compañeros de la capital, me ayudaran con la nota e incluso pusieran su crédito.
Cuando el 1 de mayo fue derribado un helicóptero de la Marina, que supuestamente iba tras la captura de El Mencho, todo cambió. Se puso en evidencia lo que sucediera en la zona, se instalaron retenes y el grupo criminal se fue. Lo que no cambió es que solo algunos, muy pocos medio locales siguieron investigando sobre el crimen organizado y su presencia en la zona.
En la región de los Altos, un reportero con 17 años de trayectoria, y cuyo nombre también se omite por su seguridad, ha padecido la violencia en el ejercicio de su labor informativa.
Un día estando en la cobertura de una balacera y pese a la presencia de las autoridades, fue intimidado por un grupo de civiles armados, que aparentaban ser de un grupo delictivo.
“Me retuvieron, me obligaron, me exigieron de alguna forma eliminar el trabajo que había hecho, borrar la publicación de redes sociales que había subido. No puedo asegurar que eran delincuentes o si eran autoridades, ya que los vehículos que traían no traían rótulos, ni ellos estaban uniformados. De ahí la necesidad de uniformar a los elementos”.
Ante la situación de violencia que se vive en esa zona de Jalisco ha optado por evitar realizar coberturas en ciertos municipios, como Teocaltiche, en donde hace más de 10 años que no acude ni como reportero, ni como visitante debido a la inseguridad y a los retenes de grupos de la delincuencia organizada.
“Específicamente lo que es Teocaltiche; Villa Hidalgo; las orillas de Jalostotitlán; en Encarnación de Díaz, en el Bajío de San José, El Tecuán; en Lagos de Moreno la parte de la zona norte; Ojuelos en los límites con Zacatecas. Para el lado sur de los Altos, que es Acatic, ahí normalmente nunca acudo, en una ocasión fui a un enfrentamiento, no tuve ningún contratiempo pero sí era una situación muy tensa”.
También resaltó que ha sido más constante la intimidación por parte de las autoridades que no quieren que la verdad salga a la luz. Incluso fue amenazado por un comisario municipal, el cual durante todo el tiempo que estuvo al mando de la policía, obstaculizó su trabajo informativo al impedirle estar presente en la escenas de crimenes o detenciones, bajo la amenaza de arrestarlo.
Pese a lo mencionado, aseguró que seguirá en pie de lucha, realizando la labor que le apasiona, pero siempre preservando la vida por encima de una cobertura.
Es de destacar que el 30 de abril, en plena transmisión en vivo, dos reporteros de Infolínea y La Mexicana 91.3, de Aguascalientes, fueron correteados y amenazados por integrantes de la delincuencia organizada en el municipio de Encarnación de Díaz, al acudir a realizar la cobertura informativa después de la balacera. Ellos tuvieron que ser extraídos y trasladados a su estado en el helicóptero de la Policía de Aguascalientes.
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