NUNCA OLVIDES, DECIR: GRACIAS.

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NUNCA OLVIDES, DECIR: GRACIAS.

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Pbro. Lic. Salvador González Vásquez

Cuando falta la fe, se olvida la gratitud. Porque si tuviéramos fe, sabríamos que lo mejor, solo puede venir de Dios. 

Las cosas maravillosas, están muy llenas de luz; pero tanta claridad nos deja ciegos. Y eso, no nos permite ver lo bueno que tenemos; hasta que lo perdemos.

Por eso, a veces se necesita perder algo, para aprender a valorarlo. Porque solo así, nos daremos cuenta de lo bueno que teníamos, sin saberlo.

Pero, no hay que esperar a que algo se pierda para valorarlo; más vale reconocer el valor, cuando éste se tiene, y no hasta que lo perdemos. Por esa razón, siempre habrá un motivo para decir: gracias.

EXISTIR

Ya que el don de existir, viene de Dios; y la salud, es un regalo celestial; pero sino los valoramos, fácilmente los perdemos; porque los hemos descuidado.

Y hoy, el Evangelio nos narra la curación de diez leprosos. Éstos, pedían la compasión del Señor. Pero al final, todos quedaron curados; y una vez ya sanos, tan solo uno, se regresó para dar las gracias.

Ante esas actitudes, Jesús pregunta: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?”.

De esos diez, solo uno supo reconocer el don divino; solo uno, supo valorar el amor de Dios hacia su persona. Y por eso, regreso con Jesús, para decirle: “gracias”.

SER AGRADECIDOS

Pero, sino hay fe, tampoco hay humildad; y eso, nos hace sentir que todo lo merecemos. Y una actitud como esa, nos llevaa la ingratitud.

Pero eso decimos, que el hombre de fe, siempre vive agradecido.  

Y el que es agradecido, reconoce que lo que recibió, fue gratis, que él no hizo nada para merecerlo; porque lo recibido, es por el hecho de ser amado.

Por esa razón, Jesús le dijo al leproso agradecido: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”. Es necesario confiar en Dios, para quedar curados. 

Porque, al no darle crédito al Señor, le estamos cerrando las puertas de nuestra vida; y así, es imposible que él cure nuestras heridas.

Y si no creo, que Dios puede curarme: ¿Cómo espero quedar sanado?

Y una vez, que hayamos recuperado lo perdido; no nos olvidemos de volver a Dios, para decirle: GRACIAS.