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El hombre cambia, pero de forma egoísta. Y por eso, no todos los cambios son para bien. Y lo que no nos gusta, lo destruimos. Y así, lo que es bueno lo reducimos a cenizas.
Con el miércoles, de imposición de ceniza, celebramos el inicio de la cuaresma. Y con ésta, comenzamos un tiempo oportuno de hacerle cambios a la vida. Porque nuestro vivir, necesita un cambio que sea para bien. El tiempo de cuaresma, son días de conversión.
Por eso, cuando Jesús te dice: “conviértete”, te está diciendo: “cambia”. Es decir, emprende otro rumbo.
La cuaresma, arranca a partir de un acto de sinceridad, es decir, hay que aceptar que somos destructivos; y que nuestra vida, y la de los demás, la hemos vuelto cenizas.
Por eso, la ceniza es un signo que nos ayuda a reconocer nuestra debilidad; y a recordar lo frágiles que somos, y con que facilidad nos desmoronamos.
SER MÁS CONSISTENTE
Al imponerme la ceniza, estoy reconociendo mi culpa; y a la vez, le pido a Dios la fuerza para ser más consistente, y no tan frágil.
Pero no basta el reconocimiento de la culpa, también se ocupa un cambio. Porque nos pasamos la vida esperando a que cambie el otro, y no advertimos, que somos nosotros los que necesitamos cambiar.
Si deseas que el otro cambie, es importante tu conversión, es decir, tu propio cambio. Y si cambias tú, podrás estar seguro, que el otro también va a cambiar.
Empecemos pues, a vivir este tiempo de cuaresma, con el deseo de mejorar las cosas; pero a partir de un acto de humildad, y de reconciliación.

















