Cuando el arte deja de observar y obliga a participar

"Poner el cuerpo en perspectiva de género (LIA-H1)", de Irma Hermoso "Luna", se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de San Luis Potosí (MAC) como un habitáculo que desborda la lógica de la instalación tradicional para convertirse en un archivo vivo.
Construida a partir de los registros del Laboratorio de Investigación sobre Actualidad y Perspectiva de Género (LIA), la obra articula voces, memorias y experiencias del gremio artístico local, proponiendo un espacio donde el cuerpo se piensa no solo desde la escena, sino como territorio atravesado por estructuras sociales.
El proyecto surge de una inquietud personal que pronto se amplía hacia una dimensión colectiva: la forma en que los cuerpos en las artes han sido formados e instrumentalizados bajo lógicas patriarcales. Más que representar estas violencias, la pieza busca evidenciar cómo se inscriben en las prácticas cotidianas de creación, cuestionando tanto la formación artística como las dinámicas de trabajo dentro del propio campo cultural.
Uno de los ejes centrales de la obra es su apuesta por lo colectivo. A través del LIA, Luna reunió testimonios y experiencias que hoy conforman la instalación. Sin embargo, esta apertura también revela tensiones, aunque se propone una construcción horizontal del sentido, la artista mantiene un papel de mediación y curaduría que evidencia lo complejo que resulta desmontar por completo las jerarquías en los procesos creativos.
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La participación del público es fundamental, pero no ocurre de manera uniforme. La pieza permite escribir, escuchar o dialogar, y en ese tránsito se hace visible una dificultad compartida: no siempre es fácil "poner el cuerpo" en lo público. Muchos optan por formas indirectas de participación, lo que deja ver que las resistencias no son solo teóricas, sino profundamente emocionales y sociales. En ese sentido, LIA-H1 donde H1 alude a "habitáculo 1", como la primera versión de este dispositivo en expansión, no es una obra cómoda: es un dispositivo que expone tanto las violencias que atraviesan los cuerpos en el arte como las contradicciones de quienes intentan cuestionarlas.
El trabajo de Irma Hermoso no resuelve estas tensiones, pero las hace visibles y las pone en circulación, apostando por el encuentro y el diálogo como formas de transformación. Su mayor fuerza radica ahí: en asumir que el cambio no está en la obra terminada, sino en los procesos —a veces incómodos, a veces fragmentarios— que se activan cuando alguien decide, finalmente, poner el cuerpo.
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