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La ciudad
Hablé de la ciudad; pero a destiempo. Describí la manera en que las horas carcomen su viejo campanario y de cómo los puños del poder
la desfiguran. La ciudad y yo charlamos con frecuencia del silencio,
de las anónimas proezas del borracho, del viento que se atora entre
las ramas, de las caricias marchitas en el piso, de las cosas que a casi nadie importan; nos hablamos sin cesar y nos soñamos, y no tenemos ningún pudor en inventarnos.
Hablé de la ciudad; pero a destiempo. Describí la manera en que las horas carcomen su viejo campanario y de cómo los puños del poder
la desfiguran. La ciudad y yo charlamos con frecuencia del silencio,
de las anónimas proezas del borracho, del viento que se atora entre
las ramas, de las caricias marchitas en el piso, de las cosas que a casi nadie importan; nos hablamos sin cesar y nos soñamos, y no tenemos ningún pudor en inventarnos.








