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No acepto ni quiero ni puedo creer que mi dilecto amigo José Carlos Rafael Ríos Rodríguez ha fallecido. Para mí, su generosa amistad sigue tan viva como cuando fuimos compañeros aportando nuestro esfuerzo a la Secretaría de la Reforma Agraria.
Combinábamos esa labor él con la de la locución, y yo con el periodismo. Siempre con las bromas sutiles, siempre sonriente y siempre muy cumplidor en su trabajo.
Una mañana le pregunté si tenía una aspirina, pues yo tenía un molesto dolor en mi cabeza. “Claro, Miguel, aquí tienes”. Pero partió en dos la pastilleja y me la entregó ante mi extrañada pregunta: “¿Y por qué sólo me das la mitad?”. Su contestación me sacó de onda: “Porque tienes poca cabeza”. La respuesta causó la hilaridad de nuestros compañeros.
Tenía que desquitarme y al fin un buen día lo logré:
Arribaba Carlitos a la oficina agraria y dije en voz alta: “Allí viene el único compañero que usa muletas en el cerebro”. Extrañado, preguntó: “¿Port qué muletas en el cerebro?”. Y le contesté: “Porque lo tienes lisiado”. Rio alegremente. Vaya desquite. Me encantaría que siguiéramos echándonos “puyas” como esas, pero....
Y luego, el mensaje de Everardo González, el miércoles pasado me entristeció mucho:
“Everardo González.- Hace un rato, nos enteramos del sensible fallecimiento el miércoles pasado del gran locutor en cabina y magnifico comentarista y cronista taurino, Don Carlos Ríos fue además un buen narrador de los festejos taurinos y de su programa del mismo tema, en la desaparecida difusora “La Rancherita”, descanse en paz, el buen cronista taurino y mejor amigo, Carlos Ríos Rodríguez (+)”.
HOMBRE CABAL, CORRECTO
Sí, José Carlos Rafael Ríos Rodríguez ha sido un notable cronista taurino, mi genial compañero cuando laboramos para la Secretaría de la Reforma Agraria, un excelente amigo quien ha dejado huella imborrable en mi forma de ser, pues me ha dado una generosa y dorada amistad.
Hace tiempo le dediqué una columna en donde elogié su largo nombre y su noble personalidad. Ahora recuerdo aquellas líneas:
NOMBRES LARGOS
“Si alguno de ustedes lleva a su nuevo hijo a inscribir en el Registro Civil, olvídese de querer perjudicarlo con tres, cuatro o más nombres, pues ya no se permitirá semejante aberración, en virtud de que se ha ordenado registrar a los recién nacidos con uno o con dos nombres, como máximo.
Esto porque hay que facilitar la labor del Registro de Población pues los nombres múltiples y sus apellidos ¡no caben en los espacios para registrarlos!
¿Cómo la ves, estimado José Carlos Rafael Ríos Rodríguez? Este señorón de la locución en San Luis Potosí ostenta ¡tres nombres! porque así lo decidieron sus padres y sus padrinos cuando fue registrado días después de haber nacido.
Un buen día apareció en la delegación de la Secretaría de la Reforma Agraria como un administrativo inteligente y dinámico. Poco tiempo después se tiró.
Después lo vi en una regia casa de Cinco de Mayo y Pascual M. Hernández, en donde había abierto una muy bien equipada lavandería. Muchas familias se alegraron por ello, pues en el local del agua y del detergente les daban el mejor servicio y su ropa salía como “rechinando” de limpia.
¿Y ahora, Charlie, a qué te dedicas? le pregunté.
“Lavo ropa ajena”, me respondió, sonriendo al más puro estilo de las viejas lavanderas. Y pensé: “Yo quisiera dedicarme a eso, con el orgullo que te caracteriza, de atender a la gente como se merece. Y con ese equipazo de limpieza ¡ni hablar!”
Con el tiempo, Carlos se fue a vivir en una zona apacible, quieta, a gozar de su familia y de su tranquilidad. ¿La locución? Quedó atrás. ¿Sus excelentes crónicas radiales taurinas? También. Pero su paso por el deporte-espectáculo y por la radio, quedan como ejemplo de lo que un individuo de su calibre, puede lograr en actividades tan diversas.
Vayan mis respetuosas condolencias a la familia de mi amigo y mis oraciones se elevan al Señor para que Carlos tenga el lugar que merece en la mansión celestial.
Hasta el martes próximo, DM.
Comentarios: miguelmoramartinez@hotmail.com







