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Bolivia festeja otra vez

Por EFE

Febrero 27, 2022 03:00 a.m.

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Oruro, Bolivia.- Los bombos y platillos volvieron a sonar en las tradicionales morenada y diablada interpretadas por una hilera de fervientes bailarines bolivianos que se prepararon durante meses para llegar a los pies de la “mamita”, la Virgen del Socavón, tras un año sin vivir a flor de piel el patrimonial Carnaval de Oruro por la covid-19.

Los bailarines de las distintas danzas bolivianas se prepararon desde muy temprano para lucir sus coloridos trajes y sus elaborados maquillajes, que en algunos casos no se lucían totalmente por el uso del barbijo o una mascarilla transparente, una medida para evitar contagios de la covid-19.

Las bandas de música también usaron sus mejores trajes para hacer su paso junto a los bailarines por los tres kilómetros de recorrido hasta llegar de rodillas al santuario de la Virgen del Socavón, la patrona de Oruro, dentro de una tradición del Carnaval de esa ciudad andina llena de fe y devoción.

“Estamos satisfechos de cumplir nuestra promesa con nuestra Virgencita del Socavón que siempre nos está cuidando”, dijo a Efe Juan Velásquez que baila morenada desde hace años.

Las ansias de los bailarines por comenzar el recorrido, que muchos añoraron el año pasado, se mezclaba con la alegría de los visitantes que observaban desde las graderías. Los bombos, los platillos y las trompetas empezaron a sonar, mientras los bailarines se ponían sus máscaras o se arreglaban sus vistosos sombreros para bailar para la Virgen del Socavón.

El medio centenar de agrupaciones que congregan a miles de bailarines mostraron la riqueza cultural de Bolivia a través de danzas como la emblemática diablada, que entre saltos escenifica la lucha entre el bien y el mal que son representados por el arcángel San Miguel y Lucifer.

También se mostró la morenada, un baile de paso lento que rememora las danzas de los antiguos esclavos llevados de África a América. De la misma forma se presentaron otras danzas como el tinku, los caporales, un baile muy demandado por los jóvenes, los tobas, la llamerada, entre otros que eran vitoreados a su paso por los visitantes.

Casi al final del recorrido, los devotos bailarines se arrodillaron y se sacaron los sombreros o las máscaras para ingresar al santuario del Socavón y rezarle a la virgen.