NEGLIGENCIA, tras deslaves en Brasil

Río de Janeiro, Bra.- Los deslaves que arrasaron Petrópolis esta semana derribaron viviendas y desgarraron familias, dejaron su rastro en laderas y corazones y causaron decenas de muertos y desaparecidos.
Y todo era en gran medida predecible y, hasta cierto punto, evitable. La rápida urbanización, la mala planificación y la falta de financiamiento para vivienda protegida han afectado a esta ciudad de montaña del estado brasileño de Río de Janeiro. Poco se ha hecho en respuesta a las repetidas advertencias sobre los riesgos de construir en las laderas, dijeron investigadores y funcionarios, actuales y pasados, a The Associated Press.
Y ante la evidencia de que el cambio climático está provocando lluvias más intensas, el peligro no ha hecho más que aumentar, y no solo en Petrópolis.
Más de 1.500 personas han fallecido en deslaves similares en las últimas décadas en esa parte de la Sierra del Mar. Solo en Petrópolis, más de 400 personas han perdido la vida a consecuencia de fuertes tormentas desde 1981.
Antônio Guerra, profesor de geografía de la Universidad Federal de Río de Janeiro, lleva casi 30 años estudiando las catástrofes meteorológicas en Petrópolis. Ha visitado docenas de lugares donde los torrentes de lodo han engullido casas y vidas, y ha investigado las causas de base.
“La lluvia es el gran villano, pero la causa principal es el mal uso del suelo. Hay una falta total de planificación”, afirmó Guerra en una entrevista telefónica.
ZONAS DE RIESGO
El crecimiento descontrolado de Petrópolis es reciente. Enclavada en la montaña a unos 65 kilómetros de Río de Janeiro y bautizada con el nombre de un antiguo emperador brasileño, la ciudad fue una de las primeras del país con planificación urbanística.
Los primeros pobladores levantaron viviendas señoriales a lo largo de sus vías de agua. Pero en las últimas décadas, su prosperidad ha atraído a gente de zonas más pobres y su población creció hasta rondar los 300.000 habitantes. Las laderas están cubiertas ahora de pequeñas casas apiñadas, construidas por personas que no son totalmente conscientes de los peligros. Muchas se han edificado sin los permisos adecuados porque sus propietarios no pueden permitirse vivir en otro lugar.
Muchas zonas de alto riesgo son incluso más vulnerables debido a la deforestación o a un drenaje inadecuado, apuntó Guerra. Con el paso del tiempo, la gente olvida los desastres y regresa a las zonas devastadas, construyendo en terrenos poco seguros.
RECONOCEN EL PROBLEMA
En 2017, las autoridades apuntaron que el 18% de la urbe, incluyendo unas 20.000 viviendas, estaba en riesgo algo o muy alto. Otras 7.000 personas deberían ser reubicadas también, según un plan desarrollado por la ciudad que exigía la construcción de viviendas asequibles y la suspensión de las obras en zonas de riesgo.
Guerra, Valverde, las organizaciones no gubernamentales y los residentes sostienen que se ha hecho poco para llevarlo a cabo.
En Petrópolis hay poco espacio disponible para viviendas de nueva construcción seguras, y sacar a los residentes de sus casas es una medida políticamente impopular ya que a menudo no hay un lugar donde reubicarlos cerca. Antes incluso de que la pandemia golpease la economía local, el estado de Río trataba de recuperarse de una demoledora recesión de tres años.
Pero el diario brasileño Folha de S. Paulo, citando datos oficiales, reportó que el gobierno regional invirtió menos de la mitad de los fondos destinados a su programa de prevención y respuesta a desastres.
El presidente del país, Jair Bolsonaro, trató de esquivar la culpa afirmando que el presupuesto para medidas preventivas es limitado. “Muchas veces no tenemos forma de protegernos contra todo lo que puede pasar”, dijo el viernes en Petrópolis, respondiendo a la indignación generalizada.
Las fuertes lluvias son habituales en la región, especialmente entre diciembre y marzo, coincidiendo con el verano austral. Pero con el cambio climático, las precipitaciones parecen ser cada vez más intensas, según los expertos.
El sureste de Brasil se ha visto azotado por intensas lluvias desde que empezó el año, con más de 40 muertes en deslaves registrados en la región de Minas Gerais en enero y en Sao Paulo días más tarde ese mismo mes. Esto se produjo tras meses de sequía — la peor del país en 90 años — que hizo que el nivel de los embalses del sureste cayera tanto como para plantear un posible racionamiento.
no te pierdas estas noticias






