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A confesión de parte, relevo de prueba

Por Jorge Chessal Palau

Febrero 20, 2023 03:00 a.m.

A

Esta semana pudimos escuchar al señor López haciendo una sorprendente confesión: “Le pedí un dictamen a Alfonso Romo, a Carlos Urzúa y al ingeniero Jiménez Espriú, los tres de confianza, teníamos ya que resolver y les pedí que valoraran todo para que se decidiera si continuamos con el Aeropuerto de Texcoco o se construía el Aeropuerto Felipe Ángeles y me entregaron el dictamen una tarde. Los tres coincidían que había que continuar con el Aeropuerto de Texcoco. Me fui a la casa de ustedes y no dormí esa noche”

Pese a lo anterior y tal vez a causa del insomnio, el señor López decidió hacer una consulta de esas que le gustan tanto, sin rigor alguno y, por supuesto, sin validez legal, para saber la opinión popular. Solo votó el 1.2% de la población, es decir, un millón noventa y seis mil novecientos noventa personas, de las cuales el 69% se inclinó por el capricho del presidente electo.

La democracia no es únicamente cuestión de mayorías poblacionales; si así fuera, entonces se podría afirmar que Adolfo Hitler ha sido uno de los gobernantes más democráticos de la historia, en la lógica presidencial.

El artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo; que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este, teniendo en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Por supuesto que este cambio siempre debe ser dentro del orden y conforme a la constitución.

En el diverso numeral 40 de la misma ley suprema, el pueblo manifestó su voluntad de constituirse en una República representativa, lo que significa que la soberanía se ejerce por órganos representativos, tal y como lo instituye el artículo 41 del mismo ordenamiento, al señalar que el pueblo ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión, en los casos de la competencia de estos, y por los de los Estados y la Ciudad de México, en lo que toca a sus regímenes interiores, en los términos respectivamente establecidos por la Constitución Federal y las particulares de cada Estado y de la Ciudad de México, las que en ningún caso podrán contravenir las estipulaciones del Pacto Federal

De esta forma, la confesión de López reconoce expresamente que, pese a tener en la mano la opinión técnica y responsable de tres expertos, decidió, en contra de la lógica más elemental, seguir su instinto y no la razón, simplemente bajo la hipótesis de que se podía saltar aquello de la república representativa y hacer creer a su feligresía que la consulta era una herramienta de expresión de voluntad popular, pese a que la Constitución mexicana en forma alguna daba cabida a la simulación que se llevó a cabo en octubre de dos mil dieciocho.

Hay que tener en cuenta que la propia norma suprema nacional establece, en su artículo 3°, que por democracia debe ser entendida no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.

De esta forma, hacer descansar decisiones que se deben tomar de manera racional, en manos alzadas, en un procedimiento informal e inexistente jurídicamente, es abdicar de la función y la correcta política pública, en franca contravención al artículo 134 constitucional, que ordena que los recursos públicos deben administrarse con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados.

A más de cuatro años de distancia, López viene y confiesa su culpa, pero lo hace con cinismo, con el convencimiento de que su irresponsabilidad será aplaudida por sus corifeos, con la paz que da la impunidad en su día presente.

Sin embargo, hay un futuro y la presidencia no es eterna. La justicia puede tardar, pero llegará.

@jchessal