Adolescentes “criminales”

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“Los tiempos de los gobiernos son muy cortos y los de la delincuencia largos y azarosos.  

Álvaro Uribe Vélez.

No habían pasado ni tres meses de su llegada a la colonia Miraflores, a una de las tantas que hay en las ciudades fronterizas polvorientas de la frontera norte. Llegó con su familia huyendo de la violencia y amenazas que se habían vertido sobre ellos, principalmente sobre su padre, un tipo hecho a la antigua de las costumbres de esa zona costera del Estado de Michoacán, en las que hay que entrarle a lo que salga del narcotráfico. Su cercanía con Playa Azul y Lázaro Cárdenas, convertían a su pueblo natal Arteaga en punto estratégico y peligroso para quien o quienes no se alinearán con los mañosos.

Con familiares desparecidos y asesinados, la familia completa prefirió huir antes de ser alcanzados por el largo brazo de la ley narca reinante en esa zona del pacifico mexicano.

Paco, su esposa y sus tres hijos menores de edad, entre ellos Fermín el más grandecito de dieciséis años, como pudieron se instalaron en una casita de puros “blocks” muy cerca del río bravo.

La situación económica de la familia empezó a desmoronarse, lo poco que se habían traído se estaba acabando y rápido. Fermín oyó a sus padres discutir por dinero y decir a éste -que no había “jale” ahorita y pues que estaba esperando un “tiro” bueno, para recuperarse-.  

Fermín en las calles, rápido fue iniciado en el consumo de drogas por amiguillos del barrio y posteriormente fue reclutado por el grupo criminal de la zona, uno de los más despiadados y violentos por un pago de dos mil  pesos a la semana, más su “guato” de mota. 

“No tenía de otra jefe, o le entraba, o le entraba”, le dijo al ministerio público cuando fue detenido por homicidio, después de escalonar de halcón y vendedor de droga. Fermín cayó como cientos de jóvenes en situación de vulnerabilidad, en el crimen. 

Con una Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, de cuatro años de edad apenas, embrollada en determinar las medidas de sanción correspondientes a quienes se les compruebe la comisión de un hecho señalado como delito por las leyes penales durante su adolescencia según su grupo etario; los adolescentes 

siguen victimizados.

Bajo mitos enganchadores de que por ser chavos el sistema penal no los alcanza, o que por ser halcón o conducir un vehículo para cometer secuestros, sus ayudas difuminan la coautoría, pierden años de su juventud en una celda, o se pierden en fosas clandestinas al ser capturados por grupos contrarios delictivos.        

TAPANCO: Generaciones de jóvenes diezmadas y sin prevención institucional, son el combustible del crimen organizado, el semillero y carne de cañón, que se bifurcan entre victimas del sistema social y victimarios de la realidad. Lo sentencia Antonio García-Pablos, -El crimen no es un tumor, ni una epidemia, sino un doloroso “problema” interpersonal y comunitario. Una realidad próxima, cotidiana, casi doméstica: un problema “de” la comunidad, que nace “en” la comunidad y ha de resolverse “’por” ésta. Un “problema social”, en definitiva, con todo lo que tal caracterización implica en orden a su diagnóstico y tratamiento-.

Francisco.soni@uaslp.mx 

twitter: @franciscosoni