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Analfabetismo y degradación políticos

Por Juan Manuel Rosales Moreno

Enero 18, 2024 03:00 a.m.

A

“Un pueblo que no sabe 

leer ni escribir, es un pueblo 

fácil de engañar”. 

De la película: 

CHE, EL ARGENTINO

Según Naciones Unidas, una persona analfabeta es “aquella que no puede leer ni escribir un breve y simple mensaje relacionado con su vida diaria”.

El analfabeto político, quizás sea peor. Lamentablemente la ciudadanía adolece cada día más de esta carencia. El analfabeto político “no oye, no habla, y no participa de los acontecimientos políticos”. Desconoce que el costo de lo que come, de lo que viste y todo aquello que necesita para su bienestar, depende de decisiones políticas.

La democracia participativa nace como una evolución moderna de la democracia directa de la Antigua Grecia, donde los ciudadanos, con su voz y voto, tenían una influencia y peso específico real en todas las decisiones de carácter público.

Por esta razón, la democracia participativa asume como uno de sus objetivos, que el ciudadano no limite su papel al mero acto de votar, sino que ocupe un rol protagónico, activo y propositivo en la vida política de su entorno.

Al estar el analfabetismo político y la democracia participativa en el mismo ámbito, el primero afecta tanto a la segunda, que degrada en gran medida la participación del ciudadano, despreocupándose por ayudar, dar su opinión, proponer, y dejar todo al azar, a la “voluntad de Dios”, o a que otros “decidan” por él.

De esto se vale el político pragmático de hoy. Le interesa mantener al ciudadano en la ignorancia, que tenga poca cultura y, específicamente, que sea profano en cuestiones políticas para así manejarlo a sus intereses. En ello se especializó por décadas el antiguo régimen. En los últimos años, lo perfeccionó a niveles insólitos.

“Líderes” políticos nacionales y locales hoy son “expertos” en desviar temas para evitar profundizar en los verdaderos problemas, y para disipar sus constantes transgresiones a la ley, sus errores políticos y sus corrupciones, que manejan con cierta actitud “mafiosa” para conseguir sus objetivos que, siguiendo su analfabetismo político, no son otros que mermar la legitimidad de un gobierno y el respeto a la voluntad de un pueblo, contrario a lo que dice la Constitución y la democracia.

Este analfabetismo político ha traído consigo una profunda degradación política y de todos los partidos políticos actuales, poniendo en grave peligro a nuestra ya de por si endeble democracia y sus instituciones.

Frente al analfabetismo político cualquier democracia necesita una educación libre alejada de manipulaciones informativas, falacias políticas, odio y polarización.

Están de más los gritos, mentiras y enredos. Falta paz, diálogo, convivencia. Una democracia viva requiere que los ciudadanos demostremos con el voto, reforzado con la participación de la sociedad civil organizada, que no somos ni manipulables, ni queremos que el analfabetismo político se haga con el poder.

Es necesario librarnos de un régimen que por décadas nos adoctrinó para conservar el poder, prolongando todo lo posible este analfabetismo político con falsas peroratas democráticas, y dádivas que aparentaron una supuesta prosperidad.

Es tiempo de renovarnos, debatir, criticar, proponer y decidir. Fue suficiente la resignación reducida a manifestar tímidamente nuestra insatisfacción al “mal gobierno”, quien se limitó a gestionarla con políticas clientelares, de prebendas, y simulación, sin crear conciencia social ni de clase.

La degradación política, de la política, del sistema de partidos, de los partidos políticos y de la vida pública en general que se viene gestando desde al menos 50 años, tocó fondo. El régimen político tal y como lo conocemos, murió. La “4T” es un mero y pésimo remedo de ese régimen. Admitirlo es el paso inicial para “salir del hoyo”.

Admitido lo anterior, importante rechazar el pragmatismo político sin principios ni agenda política, las simulaciones encubiertas de “acuerdos políticos” infames para repartir cargos, el uso de recurso público para una posible “elección de Estado” so pretexto de profundizar la “transformación” iniciada, o evitar deslumbrarnos con festivales y conciertos, entrega de roscas ¿en un Estado laico?, chips para tener “internet”, tinacos, despensas, etc.

México es mucho más que unos tenis “fosfo fosfo”, muchísimo más que “seguir haciendo historia”, por supuesto está muy por encima de ser “fuerte como tú”; o del “ya despegamos”. Tengamos espíritu crítico que evite reducir la política a eslóganes sin contenido, a un grupo étnico o clase económica determinada, o la locura digital del “meme” que la ridiculiza y banaliza.

Luis Miguel Martínez Anzures escribió: “Hoy México está abismado en dos mundos incomunicados y confrontados. Dos méxicos a muerte. Un México esquizado que, gane quien gane la presidencia este año, pervivirá el 3 de junio más confrontado que nunca. Esa medianía que hoy nos separa, es el espacio que tenemos que llenar. Llenar no sólo de deliberación, encuentro y perdón, sino de México. Entre ambos extremos irreductibles palpita el México verdadero, el que tenemos que vivir y vivimos todos los días”.

Cimentemos optimistas el México que aspiramos ser. Las generaciones futuras se beneficiarán, y lo agradecerán.

El lunes por la tarde falleció en trágico accidente Frodo, perrito amoroso, noble y juguetón que dio alegría a nuestro hogar durante casi 3 años y medio como un integrante más de mi familia. Cuidemos a quien más queremos, especialmente de quienes su vida está en nuestras manos. Mi artículo dedicado a ti, y a Rubén que me inspiró con su charla y reflexiones, escribir sobre este tema.

jmanuelrm@msn.com