Bajo la lupa
Era cuestión de tiempo nada más, el sentido común hacía suponer que comenzarían a aparecer más datos sobre San Luis Potosí contenidos en los archivos Guacamaya; lo que resultó sorprendente fue que se señalara de forma directa y grave al gobernador de San Luis Potosí. El alcance mediático fue considerable al ser dados a conocer por un medio de circulación nacional, y aunque se sacudió ligeramente el gallinero ocurrió lo de siempre: absolutamente nada.
La noticia pareciera que pasó de noche, por acá nadie dijo algo a pesar de la gravedad de los señalamientos; cada vez se confirma más que la oposición padece analfabetismo, sordera y enmudecimiento selectivos. Mejor simular que no se leyó o que no se supo.
Al afectado aparentemente la nota le hizo lo que el viento a Juárez o –lo que es lo mismo – lo que toda la oposición junta al presidente López Obrador; como sea, en la realidad algún torzón estomacal si le han de haber provocado, porque el mismo día envió una confusa nota aclaratoria al periódico que dio a conocer la información “en aras de que las y los potosinos reciban información veraz de su periódico como ha sido siempre”.
Después del gobernador, bastante discreto por cierto, sólo abundaron en el tema el secretario general de Gobierno (salvaguardante de la seguridad moral –aunque no verbal y sintáctica–del gobernador), a quien no es difícil imaginarlo a paso veloz en los corredores de palacio y bajando presuroso por las escaleras, para llegar a la plaza y decirle al primer reportero que encontró en su camino que nada de lo que allí se dice es cierto, y el comandante de la zona militar quien, palabras más o palabras menos, dijo que todo era falso.
La nota no aportó algo nuevo, nada que no se hubiera dicho, escuchado, leído, supuesto o afirmado con anterioridad; lo interesante, más que la fuente, fue la entidad generadora, porque una cosa es jugar al politólogo, al especialista en seguridad, o sentir que se le sabe a la interpretación de señales y tener un poco de imaginación. No es cosa de ciencia ni para la que se requiera fundamento el afirmar que cualquier gobernador tiene vínculos y tratos con el crimen organizado, eso lo puede decir quien sea, lo que sorprende es que aparentemente sea una institución tan seria como la Sedena la que hace el señalamiento, y más sorprende que de inmediato busquen deslindarse.
Recordemos, abonando un poco más al asunto, que fue el propio presidente de la República quien confirmó que los archivos electrónicos de la Sedena fueron vulnerados y sustraída una gran cantidad de información, incluida la personal del presidente. De allí que resulte extraño que el comandante de la zona militar enfatice la falsedad de estos datos cuando hace pocos días aceptaron (después de que también fueron filtrados esos datos) la vigilancia a grupos feministas; información que nadie puso en duda.
Un comandante de zona militar es casi o más que un gobernador, a los que no están sometidos; auténticos garantes de la seguridad nacional, en un pasado no muy lejano no dudaron en poner en su lugar a algunos de estos o incluso participar en una que otra deposición. De allí que resulte rara su actitud; es decir no veo al gobernador, por muy gobernador que sea, reclamando a un general que lo tenga bajo vigilancia.
Por otro lado, San Luis Potosí y su gobernador no son tan importantes en la política nacional como para que alguien se tomara la molestia de fabricar un expediente buscando desestabilizar a Ricardo Gallardo y a su gobierno; ni que fuera Tamaulipas. Si bien, es debatible (dado que la propia entidad generadora advierte la necesidad de confirmar) el contubernio con el crimen organizado, en lo que no hay duda es en la autenticidad del archivo.
La explicación es sencilla: la benevolencia lopezobradorista con sus amigos es proverbial, la cuarta sólo se aplica cuando no lo son o dejan de serlo, o cuando es necesario darle un jalón de orejas a los que se portan mal. Para eso están los expedientes; el aviso ya fue dado.



