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Cambios necesarios

Por José Santos Zavala

Marzo 23, 2022 03:00 a.m.

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La democracia solo es posible, gracias a la heterogeneidad de la sociedad, pero esa misma diversidad es su propia amenaza. Hoy en día hay un claro desajuste entre la capacidad de respuesta de los actores políticos y la complejidad de las necesidades sociales, por lo que surgen las preguntas: ¿tenemos hoy un sistema político a la altura de la complejidad de los problemas públicos? ¿Son capaces los actores de gobernar una sociedad altamente compleja? ¿Puede sobrevivir la democracia a la complejidad de los problemas públicos?

Los actores políticos ya no tienen que enfrentarse a los problemas de una sociedad homogénea, predominantemente rural y religiosa, sino heterogénea, urbana, laica e informada, que demanda decisiones de política pública racionales sustentadas en la evidencia científica. Se requiere un gobierno democrático, pero es un gobierno amenazado por la incompetencia de sus actores, sus comportamientos, estrategias y decisiones no se han actualizado a la altura de las demandas de la sociedad.

Existe una sociedad molesta y desconfiada por la simplicidad en la forma de resolver los problemas públicos, es un malestar contra todo el sistema político, cuyos actores no presentan propuestas y estrategias de gobernabilidad focalizadas, de largo plazo y que impulsen el cambio social, con políticas públicas orientadas a resultados y evaluadas por la sociedad; predominan actores políticos más frustrados que con aspiraciones por desarrollar propuestas alternativas de gobierno, solo buscan proteger sus intereses, simplemente dialogan entre ellos, no escuchan a sus adversarios y emigran de un partido político a otro.

La solución a esta situación es fortalecer la democracia, renovando a la clase política, generando equilibrios entre los actores, empoderando a la sociedad en los procesos de gobierno, abriendo espacios al juicio de los expertos, protección de las minorías, primacía del estado derecho, rendición de cuentas y fortaleciendo la representación local. Su base es fortalecer la libertad individual, implementando el gobierno abierto, procesos participativos; pero lo sustancia es que la ciudadanía pueda ejercer las funciones de vigilancia y control los asuntos públicos.

Los tiempos actuales demandan dejar de lado la caja de herramientas tradicionales de resolver los problemas públicos y adoptar decisiones y acciones innovadoras, alejadas de la jerarquía y unilateralidad, acordes a la complejidad de los asuntos públicos, buscando generar un orden a partir de la inestabilidad y el caos. La gobernabilidad sería intertemporal, es decir, contextual a un espacio local y coyuntural a circunstancias específicas, con efectos múltiples en tiempo y espacio, sustentada en la negociación, generación de acuerdos entre una diversidad de actores y vigilados por la sociedad local.

El punto de partida es hacer comprensible a la política, combatir la incertidumbre que enfrenta la gente con la crisis generada por la pandemia, reducir la complejidad de los problemas públicos, disminuir el conflicto generado por la competencia y alternancia política. Una figura central del modelo clásico de democracia es el ciudadano informado que es capaz de tener una opinión sobre los asuntos políticos, esto debe seguir siendo el sustento de la nueva gobernabilidad, por lo que hay que facilitar el acceso de la información a la sociedad.

En el ámbito local tenemos una democracia insuficientemente representativa. En los procesos de gobierno, tanto en su estructura como en sus procesos, hay menos sujetos, intereses y valores de los que debería haber, lo que se podría traducir como que nuestros electorados no están representados, por ello la necesidad de abrir las democracias hacia sectores más amplios y no solo a los actores políticos tradicionales. También se requiere mejorar la capacidad cognitiva del gobierno sin sacrificar el principio de igualdad democrática.

La volatilidad, desintermediación, digitalización y la acción en red constituyen el nuevo escenario de los procesos políticos y de gobierno; las tecnologías son elementos centrales de nuestro sistema político. El internet y las redes sociales han transformado la acción colectiva en acción conectiva, la inconformidad y movilización es virtual. Existe una sociedad informada, por lo que se requiere hacer de la democracia una realidad más compleja, más incluyente, transparente y representativa.

En resumen: la presencia de una sociedad heterogénea, urbana, laica e informada, demanda no defender la democracia, sino de crear una nueva, con nuevas estructuras, procesos, actores, comportamientos, que respondan a la complejidad de los problemas públicos, que impulse el cambio social, que recupere la confianza y credibilidad social, para lo cual es necesario superar la captura de los asuntos públicos, la frustración de los actores políticos y la unilateralidad en las formas de hacer política. Próxima colaboración: 06 de abril de 2022. 

@jszslp