Camuflaje bonito pero inútil
Un cuadro del pintor canadiense-británico Arthur Lismer, propiedad del Museo de la Guerra de Canadá, muestra al trasatlántico británico RMS Olympic -hermano del Titanic- en el puerto de Halifax, llevando de regreso a su país a soldados canadienses que participaron en la Primera Guerra Mundial. Destaca en el cuadro de Lismer el casco colorido de Olympic, pintado con franjas blancas, negras y azules en dos tonos y con un diseño caprichoso. La superestructura del trasatlántico y sus chimeneas aparecen igualmente coloreadas. La decoración del Olympic correspondía a lo que se conoce como “camuflaje por distorsión”, y tenía como propósito defender a las embarcaciones del ataque de los submarinos alemanes durante la guerra.
El camuflaje por distorsión -decoración del casco y superestructura del barco con colores contrastantes y formas geométricas caprichosas- no pretendía, por supuesto, disminuir la visibilidad del navío y de hecho la incrementaba. Lejos de esto, pretendía distorsionar la silueta del barco bajo ataque tal como la percibía la tripulación del submarino enemigo a través del periscopio. Esto, con dos propósitos: 1) dificultar la identificación del barco y con esto su peso y velocidad y 2) incrementar la incertidumbre sobre la dirección de su trayectoria. Conocer con precisión la velocidad y dirección con la que se movía el barco era, por supuesto, crucial para la tripulación del submarino, que pretendía hacerlo blanco de sus torpedos lanzados a gran distancia.
En la red Internet es posible encontrar fotografías de embarcaciones, militares y civiles, que fueron camuflados para distorsionar su silueta. Así, podemos constatar que, por ejemplo, pintar el casco y la superestructura de un barco con franjas negras y blancas con diferentes orientaciones, dificulta la percepción de su silueta y la dirección de su trayectoria.
El camuflaje por distorsión fue usado durante las dos guerras mundiales, fundamentalmente durante la primera guerra, pero los expertos no han tenido claro con que efectividad. Un estudio experimental del efecto del camuflaje por distorsión en la percepción de movimiento de un barco fue llevado a cabo en 1919, después de la Primera Guerra Mundial, por Leo Blodgett, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, quien publicó un análisis de dicho efecto en su tesis de licenciatura. De acuerdo con Blodgett, el camuflaje por distorsión pudo llevar a la tripulación de un submarino alemán a percibir la trayectoria de un barco con un error de hasta 60 grados.
Recientemente, los resultados originales de Blodgett fueron reanalizados y corregidos por Timothy Meese y Samantha Strong de Aston University, en el Reino Unido, quienes encuentran deficiencias en la metodología empleada por Blodgett para analizar sus datos. Los resultados del análisis de Meese y Strong aparecieron esta semana en la revista “i-Perception”.
Meese y Strong encuentran que el camuflaje por distorsión puede, efectivamente, provocar errores en la percepción de la trayectoria de un barco, pero estos errores son solamente de unos 7 grados, considerablemente menores que los reportados por Blodgett. Por otro lado, Meese y Strong encuentran una fuente adicional de error de unos 20 grados, que no tiene que ver con el camuflaje por distorsión, sino con otro efecto que ocurre cuando un barco se mueve en la lejanía. En este caso, el barco aparenta moverse a lo largo de la línea del horizonte, en la que se unen el cielo y la superficie del mar, aun si la trayectoria del barco se desvía de dicha línea hasta por unos 25 grados. El efecto del horizonte puede, entonces, producir errores en la percepción de la trayectoria de un barco mayores que los debidos al camuflaje por distorsión.
De acuerdo con Meese y Strong, durante la Primera Guerra Mundial unos 4,000 barcos mercantes y más de 400 barcos de guerra fueron camuflados por distorsión. Sin embargo, tal parece que dicha operación careció en buena medida de utilidad. Considerando, además, que los operadores de los torpedos en los submarinos habrían desarrollado habilidades para superar las distorsiones visuales en la trayectoria de los navíos.
Por lo demás, habría que reconocer que los barcos lucían en algunos casos -si bien no en todos- atractivos a la vista. Incluso para los submarinos.