Carta a Santa
Entre la glorieta del tec y el periférico rumbo a la 57, son las 8:30 am y sigue lloviendo como desde hace aproximadamente tres días. Es la hora de traslado para muchos trabajadores que van en transporte público y caminan para llegar a sus destinos. No hay paraderos de autobús y mucho menos pasos de cebra o pasos peatonales y una mujer que va en bicicleta sobre la glorieta se detiene frente a una patrulla cuyo tripulante no tiene prendida la torreta y no hace el mínimo esfuerzo por ayudar a esta persona a cruzar o darle el paso, en uno de los cruceros conflictivos de esta “ciudad de SI” porque así le pusieron ¿o no?
Quizá amanecí observando de más, pero me pregunto si cuando planean estas vías rápidas que dan acceso a nuevos y equipados fraccionamiento no hay alguien que piense en el acceso para los trabajadores domésticos, los albañiles, los que trabajan en las tienditas oxxos y la población que viaja durante más de una hora desde su colonia, para llegar a las privadas, agencias e instituciones sin que alguien piense en al menos un techito y una banca para esperar el camión o que baje la lluvia. La verdad qué gachos.
La estampa se repite a lo largo del periférico y de las calles que me llevan a donde voy y seguramente por toda la ciudad; yo creo que nos hemos acostumbrado ya y hasta nos da lo mismo y más, si vamos cómodamente en nuestros vehículos: “que se las arreglen como puedan, ya han de estar acostumbrados, que se levanten más temprano, quién les manda” son frases que muchos dirán cuando se le atraviesan, o los salpican al acelerar para salir del atolladero. Y la verdad: qué gachos somos.
¿Esta lluvia de tres días nos dará suficiente para captar en las presas? No sé mucho de esos cálculos, pero creo que sirve de poco si el sistema de distribución, tuberías, captación y los etcéteras necesarios están sobrepasados y obsoletos.
Lo bonito es que lo verde floreció, la gente entramos a otro chip y el cierre de año nos empuja a cumplir las metas o propósitos que tienen pronta fecha de caducidad, si es que esperan que el Niño Dios o Santa los premie esta Navidad. Pero ¿qué tal si en lugar de carta a los reyes pedimos algo así como menos corrupción, mejor desempeño de las autoridades, policías y guardias que no abusen, cero moches en los trámites, disminución de tasas y de inflación, empleo para todos hasta para los de la tercera y cuarta edad, respeto a la ecología, justicia social, respeto a los poderes y a las instituciones, verdadera seguridad pública, autoridades decentes y sobre todo menos demagogia?
Creo que eso está más facilito que esperar un trineo jalado por renos a un señor o a tres que aparezcan en montados en un elefante, un camello y un caballo para traernos un Nintendo pro, unos tenis fosfo, una casa gris o una corte a modo, un INE menos pelón, una CNDH humanizada y un presi que sepa de lo que habla.




