Casi
Si el 2020 no fue un año maldito, si fue algo muy parecido. Incrédulos como somos y con ese sentido de superioridad que aqueja a nuestra raza, el mundo entero, salvo honrosas excepciones, creímos que un virus del otro lado del mundo nos haría los mandados. Y henos aquí, casi un año después, obligados a vivir en una especie de purgatorio sanitario. Cientos de miles de muertos a causa de una enfermedad que a ciencia cierta no acabamos de descifrar y millones de enfermos de los que ahora conocemos nombres e historias porque cada día el círculo se cierra más y todos contamos ya a familiares o amigos entre los contagiados. En resumidas cuentas, este año ha sido un asco.
Fui al banco. Cubierta con cubrebocas y oliendo a alcohol me senté a un par de lugares de una mujer con la que frecuentemente coincido en las azarosas tareas financieras.
Ella, ya me había contado en alguna ocasión anterior, fue víctima de un fraude cibernético hace algunos años. Había instalado la app del banco y en un descuido le bajaron doce mil pesos. Desde entonces, volvió a los métodos tradicionales y a visitar al banco cada que sus gastos de pensionada lo requerían.
Nos saludamos como se saluda en estos tiempos, de lejecitos pero ávidas por tener contacto con otro ser humano fuera de la pandilla habitual: “-¿Cómo te va, chiquilla?¿Ahí la llevas?-“ Le contesté que sí, que ahí la llevo. Y luego, quién sabe por qué artes, me solté contándole lo que he cocinado, lo que he leído, el campo que he disfrutado, anécdotas con los padawanes; en fin, nimiedades que en esta época tomaron una renovada importancia.
Ella respondió igual, me contó que ya es toda una experta en organizar reuniones por zoom, que se ha hecho muy amiga de su vecina de a lado, que adoptó una perrita y que encontró unas cartas de su mamá a un novio que no era su papá. Supe que sus hijos, ambos viviendo fuera de México desde hace tiempo, no podrán venir, pero que ella lo prefiere.
Ellos y sus familias trabajan y ella se ha cuidado mucho como para que la vengan a contagiar. Los extraña, claro, pero, ha decidido que en cuanto la cosa esté más tranquila, volará a verlos a ambos, aunque se acabe sus ahorros.
“-Mira, querida, la gran lección de todo esto, y te la paso al costo porque yo soy mayor, es saber adaptarse. Aplica en pandemias y aplica en la vida. Adaptarse, duele ¡cómo no! Pero te garantizo que vivirás mejor.-”
Me sorprendí escuchándola decir prácticamente el mismo discurso con el que me despedí de mis alumnos en el semestre. De ellos alabé su resiliencia, su entusiasmo, su buen humor y acabé diciéndoles algo muy similar a lo que acababa de escuchar. Una sensación de paz me invadió: “-Voy bien-“, pensé. Quise abrazarla, yo, que soy de las que doy palmaditas con ramas de árboles en épocas normales.
La pantalla anunció su turno. Mi amiga caminó y realizó sus trámites mientras yo continué sentada, esperando. Cuanto terminó, se acercó a mí y dijo: “-Te toca. Sé paciente. Esto va a terminar. Vas a estar bien.-“ Y se fue.
Sí, este año casi parece un año maldito. Casi.
no te pierdas estas noticias



