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Contra la inflación

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Mayo 17, 2022 03:00 a.m.

Un sector de la oposición política en México ha tratado de descalificar el “Paquete Contra la Inflación y la Carestía” (Pacic), implementado recientemente por el gobierno federal para contener el alza de precios de 24 productos de la canasta básica, “argumentando” que se trata de una vuelta atrás a los viejos pactos que se aplicaron, desde mediados de la década de los ochentas, por los gobiernos priístas de corte neoliberal para tratar de paliar la crisis de la deuda pública externa, derivada de la irracional prolongación de un modelo de crecimiento agotado desde mediados de los setentas, pero anclado en el espejismo de la bonanza petrolera que hasta consideraba prepararse para “administrar la abundancia”. La diferencia elemental está en que aquéllos pactos estaban orientados por el famoso Consenso de Washington y se tradujeron en el desmantelamiento y privatización de empresas del sector público que, entre otras medidas de ajuste, terminaron por minar las condiciones generales de reproducción de la formación social mexicana, no sólo en términos productivos (caída constante del poder adquisitivo del salario mínimo, por ejemplo), sino también ideológicos y políticos, al extremo de acabar con las bases corporativas que sostenían el antiguo sistema hegemónico priísta.

Ahora, no se trata de seguir, a pie juntillas, los dictados del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Oficina del Tesoro del Gobierno Estadounidense, sino de fortalecer a los sectores económico-productivos más vulnerables de nuestro país, como el de los pequeños agricultores, con precios de garantía en maíz y frijol que les permitan mantener una producción para el autoconsumo y la competitividad en el mercado. Medidas que, por lo demás, también se aplican en otros países, como en la India que está vetando la exportación de su producción de trigo, para sostener una soberanía alimentaria mínima frente a la espiral inflacionaria que se ha precipitado por acontecimientos como la guerra de Rusia con Ucrania. Nada que ver con la criminal postura de gobiernos neoliberales del viejo priísmo que, por ejemplo, con el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, empujado por Carlos Salinas de Gortari, devastaron al sector agropecuario mexicano al ponerlo en condiciones de competencia asimétrica con el exterior. Ahora, en cambio, el gobierno federal anuncia que “habrá dotación gratuita de fertilizante para los agricultores, como sucede en Guerrero, donde gracias a ese apoyo gubernamental se logró duplicar, en un solo año, la producción de maíz” (en “La Jornada”, 15 de mayo de 2022).

El gobierno mexicano ha sido enfático en señalar que se trata de un acuerdo voluntario, con sectores de la iniciativa privada, que de ninguna manera implica control de precios. Queda claro, una vez más, que la famosa “mano invisible del mercado” es tan invisible que no ha logrado controlar algo que parecía temporal y, una vez más, la mano firme del Estado tiene que aplicarSE para reordenar la economía nacional. Por fortuna, las expectativas de superar la crisis inflacionaria actual, son distintas a las de otras épocas en las que lo que imperaba era una “crisis en el manejo de la crisis” que terminaba por dejar las cosas mucho peor de lo que estaban. La frivolidad, el despilfarro, el saqueo, la demagogia y demás gracias de las que se valían los gobiernos anteriores han quedado atrás.