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Corte de los milagros

Por Óscar G. Chávez

Febrero 12, 2022 03:00 a.m.

A

Resulta, o al menos pareciera, que cualquier acto de preocupación genuina por nuestro estado que disienta o se oponga a lo que pretende o emprende el gobernador Ricardo Gallardo, es considerado por éste y sus colaboradores inmediatos como una actividad cercana a la sedición. No se puede esperar otra cosa de quien piensa que es dueño absoluto del entorno que gobierna. 

Aunque podría recurrirse a varios ejemplos, el más claro por lo inmediato, es el asunto de la estatua de un Cristo Rey que decidió sería erigida en el xalapasco de la Joya Honda, en el municipio de Soledad, al que se han opuesto diversos grupos de ambientalistas y de la población en general, por considerar que atenta de una forma grave contra el entorno natural. De entre el cúmulo de opiniones adversas,  destaca por no haberse quedado en ese nivel y por el alcance del acto, el amparo promovido contra el proyecto por la asociación civil Cambio de Ruta. 

La reacción del gobernado luego de enterarse de la suspensión otorgada por el juez, fue arremeter contra “una minoría” que se opone a sus proyectos y, por ende, al progreso que traerá a San Luis su administración. El señalamiento, considerando de quien viene, parece ser que no ha sido analizado en las dimensiones tanto de lo simbólico y perceptible, como en la de lo real y palpable; grave al menos en tres líneas. 

Por un lado muestra su ya conocida y ahora reafirmada intolerancia a la crítica real ejercida desde una leal oposición ciudadana, y no desde ésa que dice desempeñar la apabullada oposición política. Se suma a esto la forma en la que desestima y etiqueta a las agrupaciones ciudadanas, con membrete o sin él, al considerarlas no merecedoras de atención o respuesta; es decir, olvida que fue electo por una mayoría para gobernar de manera inclusiva aún a aquellos que no le favorecieron con su voto. Excluir a lo que denominó “minoría”, evidencia la falsedad de su proyecto y de su capacidad como gobernante. 

Agreguemos, dentro de esas líneas, el desprecio al recurso del amparo como instrumento válido y legítimo ante lo que el ciudadano considera un exceso del poder. Ha transcurrido ya el tiempo, los papeles se invierten y seguro ha olvidado la cantidad de amparos que se otorgaron a su favor, inundando juzgados y escandalizando a la Judicatura, el día aquel en que a pesar de haber sido ordenada su libertad no se abrían para él las puertas del reclusorio que lo alojaba.

Grave también es que el proyecto que en teoría sólo compete al ejecutivo, por partir de él la propuesta y lo que será su posterior ejecución (en caso que llegue a realizarse), ya un abyecto miembro del legislativo que busca apuntalar los dichos de su jefe indiscutible, lo convirtió en tarea del Congreso. Así, el pertenecer a un partido que se dice Verde y presidir una comisión de Ecología y Medio Ambiente en un Congreso local, los convierte no sólo en peritos en materia ambiental, sino también en heraldos del gobernador.

La incapacidad para el diálogo no sólo es propia del gobernador, impera también entre sus colaboradores. En la semana que concluye un iracundo secretario general de Gobierno arremetía en abstracto contra alguien que lo señalaba (aún no se sabe si apoyándose en lo real o en el supuesto) por beneficiarse en lo particular con el uso de una aeronave de gobierno. “Este Gobierno [sic] no repite costumbres de la herencia maldita, si tienen pruebas de que uso el avión oficial con fines personales preséntelas [sic]… suponer es ahora el deporte favorito de quienes perdieron el poder.”, escribió indignado en su cuenta de tuiter.

De nuevo la intolerancia a la crítica, y el repetitivo empleo de las frases acuñadas por el gobernador; un secretario de gobierno impedido, no sólo para redactar con elemental sintaxis, sino para construir su propia argumentación. Viene al caso considerar, y parece no darse cuenta, que él al ser miembro de una legislatura del sexenio carrerista que solapó los desaciertos del ejecutivo y además participó en la denominada “ecuación corrupta” (afirmaciones que en su momento sustentaron con pruebas), forma parte de esa “herencia maldita”. 

Pero, además, el deporte de la suposición no sólo es practicado por los que perdieron el poder, sino también por quienes lo ganaron; acusaciones, dichos y señalamientos que el ejecutivo formula un día, al otro también, y que en eso se quedan; todos son culpables o inocentes, en tanto no se demuestre lo contario. Apenas va un gol de penalti anotado ayer contra el exsecretario de Seguridad Pública, Jaime Pineda; lo demás, en tanto no se actúe, queda en deportivas suposiciones que Lupe seguirá sudando.

Mientras tanto, dijeron el licenciado Gallardo y la maestra Noyola, la estatua va porque va, si no en lo bajo en lo alto, sino en el cráter en el cerro; de nada servirán los amparos frente al milagroso Señor de Soledad. La terquedad da mucho en qué pensar, algún fetichismo oculto hay en esa obsesa fascinación por las esculturas: en el pasado una caricaturesca Diana cazadora en una avenida soledense, una victoria alada –ridícula réplica de la de la columna de la Independencia– en el río Santiago; desde el presente y para el futuro, un Cristo tullido de los brazos. Museo de deformaciones que bien ejemplifican una corte de los milagros, antes diminuta, hoy monumental.

Gracias por la lectura a la minoría que me lee.