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Covid: política de estado

Por Óscar G. Chávez

Enero 15, 2022 03:00 a.m.

A

Recurrente y común es sentenciar que lo del pasado allá quedó, no obstante es imposible seguir al pie de la letra las indicaciones que propone la famosa canción de Juan Gabriel, inmortalizada por José José. Olvidar y dejar todo en el ayer es tan complejo como quimérico; es lo mismo que no dar consecución a lo iniciado tiempo atrás, o tanto como perder la memoria. 

Perturbador resultaría no recordar en absoluto lo que se hizo el día anterior, despertar y no saber para qué sirve la mano o, catástrofe total, olvidar quienes somos. La desmemoria, sin embargo, como artilugio defensivo puede resultar acertado si se sabe cómo suministrarla al oponente. Así que, si de medicamento se tratara, parecería ser que a los potosinos nos la han suministrado en copiosa y constantes cucharadas; afectos somos a olvidar o a fingir olvido. 

Nadie por ejemplo, podrá negar que los principales culpables de la incontenible ola de coronavirus que asola a San Luis Potosí, estado y capital, en este momento, son el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo; todos, por supuesto, fingiremos demencia y haremos de cuenta que no leímos lo anterior, o no lo escuchamos. También, desde luego, a muchos de los enfermos les será conveniente hacer como que no estuvieron en los espacios en los que resultaron contagiados, y pretender no tener ni idea de saber por qué se infectaron.

Ésa es la realidad, tan culpables unos como otros, tan responsables aquellos como éstos; amnésicos todos. La comentocracia potosina, desde luego, adversa a López Obrador y temerosa de confrontarse con sus jefes, sentenciará que la culpa viene del centro, si hay responsables son dos, y no los referidos, sino el propio presidente y López Gatell. No entiendo que ha ocurrido, todos aquellos que antes y durante al proceso electoral hacían los peores señalamientos a Gallardo, hoy guardan silencio, se volvieron omisos, o justifican los actos del otrora denostado; otros, ya enquistados en los gobiernos estatal y municipal ven las cosas gracias a la luz de la quincena que desterró la obscuridad de sus ojos. Sus percepciones se han vuelto claras. 

Hagamos memoria. Juan Manuel Carreras nunca tuvo la voluntad (ni el carácter) para hacer que disminuyeran o al menos se contuvieran los contagios de coronavirus, él y sus caudatarios siempre señalaron al gobierno federal como el responsable de las políticas de salud aplicadas en el estado. Algo habrá de esto, seguramente, pero pudo hacer más evitando la creciente ola del mal. Y si durante su gestión no supo ni quiso poner orden, menos lo iba a hacer durante el proceso electoral; angustias que le enfriaban el alma lo imposibilitaban para actuar. Mítines multitudinarios como fuentes de contagio. 

Los festejos del triunfo gallardista tampoco tuvieron contención, el pensar que si el pueblo quería festejar con él, debía permitírsele, es tanto como decir que si se querían contagiar, se contagiaran. Poco se dijo de aquellos contagios, y no es que no existieran, los actos populistas como las entregas de despensas, en las que por cierto había que formarse, sin respetar ninguna medida sanitaria en absoluto, quitaron de la mira el mal. 

La escenografía y festejos navideños no fueron la excepción: una estructura que nos dijeron y quisieron hacer creer que era un pino (el más alto de América latina), una pista navideña (por sus dimensiones similar a la ruta de un burro de noria), luces sobre la fachada del templo del Carmen, conciertos de tambora y taconazo en alejados municipios; lucecitas, arbolitos, y un enorme oso, que aportó la instancia municipal, todos mejores que las instalaciones de gobierno del estado, pero al igual que aquellas culpables de saturar las calles, las plazas, de invitar a los potosinos a romper las medidas sanitarias y homogenizar sus miasmas, para después aspirarlas. El niño risueño y le hacen cosquillas. 

Una funcionaria en la actual administración municipal, regidora en la anterior, cándidamente escribía en sus redes sociales que la culpa no era de los gobernantes, sino de la ciudadanía por salir a las calles. Seguro su panismo fariseo contravino la opinión del alcalde.  Así ésta, así aquellos, nadie supo nada; los contagios llegaron como castigo divino a Sodoma, ¿acaso por elegir estos gobernantes?

Al igual que el coronavirus la Sierra de San Miguelito sigue dando de qué hablar, pero –permítaseme parafrasear a un notorio notario– “eso que llaman gallardía” aún no se pronuncia de una manera clara a favor de la causa de la Sierra, quizá por continuar en coqueteos (ya que los cachondos manoseos ya no son posibles) con los fraccionadores. 

Recordemos que hace apenas semana y media en un operativo de la policía estatal se atacó a un grupo de habitantes de San Marcos, Mexquitic, para dar posesión de un terreno de 25 hectáraes a los fraccionadores de las urbanizaciones Forja Real y Fuerte Ventura. Parece que los operadores de la secretaría General de Gobierno, y en particular los cercanos al expresidente de la CNDH (tristemente acabado en subsecretario) no realizan adecuadamente su trabajo.

Otro foco rojo, del otro lado de la Sierra, es la delegación de la Pila, en la que se busca convertir en espacios industriales primero 700 y después 1,200 hectáreas; mientras, el gobierno del estado que a diferencia del federal, permanece pasivo y silente, parece ser que no alcanza a percibir que cuando sea evidenciada la forma en que los fraccionadores estafan para despojar a los ejidatarios se vendrá un gran escándalo.   

Por otro lado, comienza a perder fuerza la tan anunciada suspensión federal otorgada a favor de los comuneros leales a los fraccionadores. Esto se aprecia al revisar los acuerdos aparecidos en la página de la Judicatura y razonar cómo la Semarnat, a través de su Unidad Coordinadora de Asuntos Jurídicos) y Presidencia de la República, sin mayor problema esquivan la suspensión para mantener el decreto tal y como fue publicado. El tanque de guerra ambiental avanza. 

Gracias por la lectura. Escóndanse como la doctora Rangel, los contagiados suman miles por día.