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Cualquier pretexto

Por Yolanda Camacho Zapata

Abril 25, 2023 03:00 a.m.

A

No tenía sentido volver a la casa. Acababa clase y en una hora entraría a examen profesional. La tentación por regresar era grande: tenía hambre, quería quitarme los zapatos un rato y caminar descalza. Quizá tumbarme por unos segundos en la cama. Pero de la universidad a mi casa hay un buen tramo y mucho tráfico. Desistí. Busqué entonces pescar algo ahí cerca de la Facu, y volar hacia la universidad en tiempo. Entré entonces a un restaurante que quedaba cerca, ordené un caldito de pollo  con arroz y me senté a  esperar a que lo trajeran.  En la mesa de a lado un par de chicas compartían un pay de queso. La primera tenía la tez muy blanca y unos rizos color castaño claro. La segunda era morena y con el cabello negro, muy lacio. Ambas tenían las melenas libres de cualquier atadura. Tenían a medias dos sendos vasos con agua de piña. Estaban ya acabando de comer. En una de las sillas de su mesa, estaban recargadas un par de mochilas  con carga ligera. Ellas también hacían tiempo para volver a la uni. Las vi cotorreando muy a gusto mientras pensaba  que la blusa que escogí para ese día estaba ya medio arrugada y trataba infructuosamente de alisarla. 

Las chicas platicaban sobre la próxima coronación del rey Carlos de Inglaterra y veían en una Tablet un sitio de chismes en donde se aventuraban a predecir los vestidos que usarían las  mujeres de la realeza. Escuché cómo iban calificando diferentes vestidos, hasta que llegaron a lo que supuse era la foto de Meghan Markle. Comenzaron como el resto, calificando el vestido, pero luego una de ellas, la de cabello chino, dijo: “-Ni para qué la ponen, la perra no va a ir-“ “-¿Perra?, nombre, perra la Kate. La otra nada más está buscando la independencia de su familia de una estructura vieja-“ “-Nombre, es una manipuladora que busca sacar provecho, bien que usa el título de Duquesa cuando quiere-“. En eso llegó mi caldo de pollo. Estaba excesivamente amarillo, tirándole a café.  Le di una cucharada y me quedó claro que nadie lavó como se debe ese pollo; sabía feo, pero era eso o nada. Evité el caldo y tomé unas cuantas cucharadas de la pechuga y el arroz.  Ya era tarde. 

En lo que me descuidé, las chicas habían movido el tema de Meghan a otra mujer, una tal Pilar, que acababa de casarse con el hermano de la chica de cabello rizado: “-No, no, la tal Pili  por supuesto que lo único que quería era salirse de esa colonia jodida donde vivía, y por eso se agarró al pendejo de mi hermano, que nadie pelaba, o sea, te consta amiga.-“ “-A ver, lo que pasa es que en tu casa todos esperaban a una niña super bien para tu hermano, pero pues no se dio y a él le gustó la Pilar, que está muy mona, pero que no tiene así como la elegancia que ustedes querían-“, entonces Cabeza China se hizo para atrás con todo y silla, arrastrando las patas en el suelo y causando un sonido escandaloso. Le habían tocado una fibra sensible y  estaba muy molesta: “-A ver, weeeeee, o sea, mi familia no es clasista, ni nada, lo que pasa es que tu te proyectas bien cañón con la morra esa, o sea, tu eres algo que no eres, pero que quieres, ¿ ves?-“ Pelo de Baba se hizo para adelante, buscando acercarse a su amiga como lo hacen los pavorreales, extendiendo todas las plumas para amedrentar a quien esté cerca “-Mira yo jamás dije que tu familia fuera nada, pero tú, que eres una aspiracionista, eres la que se cree la gran cosa, cuando tooodos sabemos de dónde viene lo que tienen, que por cierto no es mucho y ya que estamos en esto…”- Y entonces todos los ahí presentes escuchamos una retahíla de cosas que no debimos habernos enterado y que tenían que ver con el estatus social y económico de Cabeza de Chinos, cortesía de Pelo de Baba. La China no se quedó atrás y enunció meticulosamente los trapos sucios de su compañera y para cuando acordé, el caldo de pollo ya se había enfriado y sabía todavía más feo. Las jóvenes pidieron ya muy molestas la cuenta, pagaron y bajo pretexto de ir al baño, la chava de cabello lacio se quedó en el restaurante.  La otra salió como alma que lleva el diablo y yo tuve dos certezas: ellas ya no volverían a comer juntas y cualquier pretexto es bueno para echar a perder una amistad.