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Cuando la IA entra al aula

Por Redacción

Enero 04, 2026 03:00 a.m.

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Dra. María de Lourdes García Zárate y Dra. Mariana Córdova Contreras

Cada mañana, la maestra Diana, en una primaria de Villa de Reyes, abre su laptop y le pide a un chatbot la rúbrica del día. "Me ayuda mucho, pero la verdad a veces no se si es justa", dice. Sus alumnos, curiosos, preguntan de dónde salió ese documento; ella admite que una "máquina" la ayudó y más manos se levantaron. Esa escena muestra que la alfabetización ya no consiste solo en pulsar un botón, sino en darle sentido con la comunidad escolar.

La Secretaría de Educación Pública incluyó desde este ciclo un módulo de IA en la formación continua y la UNESCO levantó un observatorio para vigilar buenas prácticas. Sin embargo, un sondeo reciente indica que ocho de cada diez maestras han experimentado con algún chatbot, solo dos se atreven a explicarlo en clase o a citarlo correctamente. La urgencia es clara: necesitamos lectoescritura algorítmica.

¿Cómo empezar sin esperar un presupuesto? Primero, incruste un "reto IA" de quince minutos en su próxima reunión de trabajo. Pida a cada participante que formule un prompt, lo ejecute y comparta lo que funciona y lo que falla. Ver en vivo los sesgos de la máquina vale más que cien diapositivas. Segundo, mida algo pequeño, pero mida. ¿Cuántos minutos de retroalimentación recibe cada estudiante antes y después de usar IA? Dos semanas bastan para saber si la herramienta libera tiempo o entorpece el proceso. Cuando el dato se convierte en historia, convence a directivos y padres mejor que cualquier discurso.

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Alfabetizarse en IA significa ampliar la caja de herramientas del docente y ejercer criterio ético donde la tecnología no llega. Diana ya revisa con sus alumnos la rúbrica generada por la máquina: juntos deciden si refleja lo que valoran en clase. Ese diálogo breve y humano es un inicio para los docentes que aceptamos el reto formativo.

La incorporación de la inteligencia artificial en el aula no debe entenderse como una sustitución del juicio docente ni del esfuerzo cognitivo del alumnado, sino como una extensión mediada del proceso de aprendizaje. El riesgo no radica en la tecnología en sí, sino en su uso acrítico. Cuando la IA se emplea como atajo cognitivo, para responder sin cuestionar o evaluar sin dialogar, se empobrece la experiencia educativa. En cambio, cuando se integra desde una intencionalidad pedagógica clara, puede convertirse en una aliada poderosa para fortalecer el análisis crítico y la creatividad.

Uno de los primeros desafíos para los docentes es rediseñar las preguntas. Las actividades centradas únicamente en la repetición de información o en productos estandarizados son fácilmente delegables a un algoritmo. Por ello, el rol del docente evoluciona hacia el diseño de situaciones problema, estudios de caso, dilemas éticos y proyectos abiertos, donde la IA funcione como un insumo más, no como la respuesta final. 

Desde esta lógica, la IA puede utilizarse como un objeto de análisis y no solo como una herramienta de apoyo. Comparar respuestas de distintos modelos, identificar sesgos, evaluar la calidad de las fuentes implícitas o contrastar resultados con bibliografía académica fomenta habilidades de pensamiento crítico, alfabetización digital y ética del conocimiento. El aula se convierte así en un laboratorio de análisis, donde el error, la discrepancia y la reflexión colectiva tienen un valor formativo.

Dra. María de Lourdes García Zárate

Coordinadora de Extensión y Difusión de la División 

de Estudios de Posgrado de la BECENE.

Dra. Mariana Córdova Contreras

Profesora Asistente de la Escuela de 

Negocios en el área de Gestión y Liderazgo

del Tecnológio de Monterrey Campus San Luis Potosí