Cuando lo que ves no existe
Son Magritte, Vasarely y Christo, tres grandes exponentes del arte que a simple parecen no coincidir en una misma categoría de estudio ya sea por la época en que desarrollaron su trabajo o bien por los temas, el movimiento o el estilo que iniciaron o siguieron. Sin embargo, los tres comparten un gran tema: el arte de la ilusión óptica que desarrollaron con gran maestría, aún y cuando su punto de partida tenía grandes diferencias:
René F. Magritte, pintor de origen belga, conocido como artista surrealista, pretendía cambiar la percepción precondicionada de la realidad, forzando al espectador a ser hipersensitivo a su entorno; confrontando la naturaleza con la ilusión.
Gyozo Vasarely, diseñador gráfico, húngaro de nacimiento, tenía un enfoque más científico que onírico. Su paso por la facultad de medicina, quizá le permitió investigar a fondo sobre la percepción en el ojo humano y auxiliado de la geometría, se convirtió en el padre del Op Art, creando un arte en movimiento que, a diferencia del arte cinético propone la ilusión de vibración, brillo, cambio y traslado en general, sin que el objeto en sí, tenga un desplazamiento.
Christo Vladimirov, exponente principal del llamado Land Art, es uno de los artistas conceptuales que incursionó en esta vertiente artística que ve su esplendor a finales de la década de 1960, mediados de la de 1970. Sus exponentes buscaban una conciencia ambiental situando esculturas en paisajes naturales que incluía la novedad de excavar, moldear la tierra y cambiar las rocas de su sitio.
Estos grandes maestros ubican sus principales obras a principio y mediados del siglo XX. Vistos en conjunto proponen un debate sobre lo que es la realidad, el engaño que implica la acción de mirar u observar y la posibilidad de descomponer materialmente la realidad para crear otra, bajo inmensos campos de tela u otros materiales, creando la ilusión ya sea de movimiento, tridimensionalidad, confusión de identidad y alterando el espacio real sobre una superficie tangible o apelando a la introspección del observador, en un juego psicoanalítico al que René Magritte recurrió para trasmitir su sentido del yo falso.
Podemos entonces preguntarnos ¿en dónde está la realidad: en la mente, en los objetos, en el subconsciente, ¿o en las expectativas de cada observador?
Es un planteamiento que coincide con algunas preguntas que la filosofía se ha hecho desde sus inicios ¿quiénes somos, porqué estamos aquí, ¿cuál es nuestro origen, nuestro destino? ¿podemos construir la realidad o ella nos determina a nosotros?
Los tres coinciden en la búsqueda de esa capacidad que tenemos en mayor o menor amplitud, para concebir, interpretar y recrear la realidad. Los tres tienen un proceso de desarrollo interior, profesional artístico y técnico que los lleva a perfeccionar sus planteamientos, dejando una impronta en el arte por la que han podido ser considerados, grandes maestros del arte del siglo XX.
Preguntémonos ahora qué es la realidad ¿la de los titulares en los medios de comunicación, la de los discursos manidos, la de las estadísticas sesgadas? ¿o la realidad la podemos construir cada uno de nosotros?



