Desde el Poder
Me parece que pocas veces encontramos una colección tan interesante de datos sobre el ejercicio del Poder desde el punto de vista de la historia, como es el caso de la obra de Suetonio, “Vidas de los Doce Césares”, en que narra las vidas de Julio César y los primeros once emperadores de Roma.
Hoy me centraré en uno de ellos y, con disculpa previa que pido al lector, lo haré trascribiendo parte del texto que le dedica el autor latino en su texto, escrito en el año 121 después de Cristo. Por favor lea y, al final, daré del nombre del personaje a quien se atribuyen los hechos.
“XLIV. Cuando llegó al campamento […] despidió ignominiosamente a los legados que habían acudido tarde con las tropas que debían llegar; revistió al ejército, y con el pretexto de que estaban viejos y extenuados, licenció a la mayor parte de los centuriones […], cuando faltaban a algunos muy pocos días para cumplir su tiempo. Acusó a otros de avaricia, y redujo a seis mil sestercios el premio de los veteranos. Todas sus hazañas se redujeron […] a recibir la […] rey de los bretones, el cual, expulsado por su padre, vino a refugiarse a su lado acompañado de un reducido séquito. Entonces, como si hubiese subyugado, toda Bretaña, escribió a Roma pomposas cartas y mandó a los correos que fuesen en carro al Foro y al Senado, entregándolas sólo en manos de los cónsules y en el templo de Marte, en presencia de todos los senadores.”
“XLV. Poco después, […], hizo pasar al otro lado del Rin a algunos germanos de su guardia con orden de ocultarse y de venir después a anunciarles atropelladamente, después de comer, que se acercaba el enemigo. Así lo hicieron; y lanzándose al bosque inmediato con sus amigos y una parte de los jinetes pretorianos, hizo cortar árboles, los adornó con trofeos, y regresó a su campamento a la luz de las antorchas, censurando de tímidos y cobardes a los que no le habían seguido. […] En otra ocasión hizo sacar de una escuela a algunos jóvenes rehenes, les mandó marchar secretamente y abandonando de pronto una reunión numerosa de convidados, los persiguió con la caballería como fugitivos, los alcanzó y los trajo cargados de cadenas, porque también en esta repugnante comedia había de violar las leyes de la humanidad. […]. Desde el campamento reconvino a los senadores en un severo edicto, porque solamente pensaba en la mesa, Circo, teatro y en agradables partidas de campo, mientras el cesar estaba peleando.”
“XLVI. Por último, se adelantó hacia las orillas del océano a la cabeza del ejército, con gran provisión de balistas y máquinas de guerra y cual si proyectase alguna grandes empresa; nadie conocía ni sospechaba su designio, hasta que de improviso
mandó a los soldados recoger conchas y llenar con ellas sus cascos y ropas, llamándolas despojos del océano debidos al Capitolio y al palacio de los césares. Como testimonio de su victoria construyó una altísima torre en la que por las noches, y a manera de faros, encendieron luces para alumbrar la marcha de las naves. […].”
“XLVII. Se ocupó tras esto en los preparativos de su triunfo; eligió y reservó para esta ceremonia, además de los prisioneros y fugitivos bárbaros, a todos los galos que encontraba más altos y robustos, y como decía él mismo en griego los más triunfales, y entre ellos algunos de sus jefes. Los obligó a dejarse crecer el cabello, a teñírselo como el de los germanos, a vestir su traje y hasta aprender su idioma. Mandó también que llevasen a Roma, por tierra, las galeras trirremes con que entró en el océano, y escribió a sus mayordomos que le preparaseis el triunfo más esplendente que jamás se hubiese visto, y el menos costoso para él, atendiendo a que tenía derecho sobre los bienes de todos.”
Estas referencias corresponden a Cayo Calígula, el más claro ejemplo del simulador que asume las riendas del Poder con el apoyo del pueblo y que pierde la cabeza mientras solo su voluntad y nada más, sirve de razón.
Todo un transformista, sin duda.
@jchessal



