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Dimes y diretes

Por Óscar G. Chávez

Mayo 22, 2021 03:00 a.m.

A

El martes de esta semana que concluye los antorchistas generaron un caos entre los peatones y vehículos que circulaban en el centro histórico; su manifestación excedió la plaza de Armas, y se extendió hasta la de Fundadores, con los consabidos cierres vehiculares en el primer cuadro. Sólo de escuchar las violentas porras que proferían los indignados extorsionadores, era fácil imaginar al gobernador, en caso de que ese día despachara en palacio, agazapado bajo su escritorio, esperando que las hordas rojas entraran a saco al secular edificio. 

Hace apenas unas semanas el candidato a la gubernatura de eje Del Valle, Buenavista, Escandón, Octavio Pedroza Gaitán, en su inalterable retórica de pastor presbiteriano, arengaba a las multitudes antorchistas acarreadas a la plaza de Los Fundadores, a las que indicaba, casi con lágrimas en los ojos, que él sería el primer gobernador antorchista del estado. Ya en este mismo espacio y en este mismo sentido lo señalé hace unas semanas, mezcla el guadalupanismo con la hoz y el martillo; la diplomacia oficiosa y el moralismo de su partido, con el corporativismo extorsionador; preparémonos –de ganar Pedroza– a ver un tercer piso en palacio de gobierno, techado con láminas de asbesto, con el toque arquitectónico de Lenin Campos, y al gobernador liderando manifestaciones con una bandera roja, mientras entorpece el tránsito. Deplorable alianza, tristes dichos.   

Habrá quienes digan, como ya también lo dijo la instancia federal electoral, que no pasan de ser promesas de campaña, que son –como las tarjetas que reparte el verde– inofensivas, que son falaces, que todo es propaganda electoral. A nadie extraña, es la constante, promesas incumplidas gracias a las cuales obtienen el voto de los socialmente vulnerables; una vez obtenido el voto, aquello queda en el olvido. Ése es el verdadero problema. 

En este sentido, y considerando esos abusos, vale detenernos a considerar la actitud de total ausencia materna que personificó el diputado Edson Quintanar, al solicitar a las comunidades teneek que lo reconocieran como tal, seguramente con la intención de buscar en un futuro calificar como candidato a diputado con adscripción indígena. La inocente creatura no pudo ni responder el saludo con el que, en esa lengua, lo distinguieron. 

No sería mala idea que para aconteceres futuros los pretendientes a tal denominación le dieran al menos una estudiada a la Noticia de la lengua huasteca, del bachiller Carlos de Tapia y Zenteno, o a la Cartilla huasteca de Marcelo Alejandre. Aterrizando, el problema no son los decires de buena fe en  que se apoya la instancia electoral para otorgar la candidatura, sino el absoluto desconocimiento que los después candidatos tienen de los grupos a los que dicen representar. Evidentes complejos colonialistas en los que siguen apostando al triunfo sobre la otredad como distintivo de simbólica legitimidad; reafirman su famelismo económico y moral, al buscar a como dé lugar seguir viviendo del erario.

A propósito de los decires, hace algunos días un amigo de extracción gubernamental y palaciega, tildaba de misógino mi comentario de que Carreras era protector de la candidata morenista a la gubernatura. No encontré, por más que analicé, el sesgo referido; en ningún momento aludí su condición de género. Si no se le ha investigado a profundidad y sancionado por el estado nauseabundo en que dejó las finanzas de los Servicios de Salud del estado, ha sido por la protección del señor gobernador; no hay más. 

Venía ese amistoso diálogo a colación de mi cuestionamiento sobre la actitud de cinismo e ingratitud, asumida por Mónica Liliana en el debate, en la que calificó de mediocre –como en realidad lo ha sido– la persona y el desempeño del gobernador, su ex jefe. Ella fue –si no es que continúa siéndolo al seguir maniobrando en la secretaría– funcionaria de primer nivel  de la administración que denuesta, y si aquel pasó de panzazo, el desempeño de ella es reprobable. Se me ocurre preguntar a personas bien nacidas (si alguno está fuera de esa denominación, absténganse de responder) ¿quién, con bien cimentado sentido de la gratitud, atacaría y denigraría a quien les ha permitido ascender y llegar a la cima de la burocracia estatal? 

Es público y notorio, Carreras no juega doble, no va con Octavio porque va con Morena, de otra forma cómo explicar que tenga qué soportar descalificaciones de su excolaboradora; me dicen que es obligado hacerlo, supongo que son estilos y maneras de vivir.

De no jugar en aquella banda el señor gobernador, tendría asegurados los votos incondicionales en el Congreso para nombrar magistrados y lograr la autorización para la venta de los terrenos de la Ford. Como no es así, tiene que echar mano del chantaje para conseguirlos; diez millones ofrecidos de esa venta para la campaña de la triple alianza. 

Pasados decires cobran su factura, ya el Tribunal Electoral del Estado dio un primer revés al candidato a la alcaldía de la capital por el Partido Verde; ayer la instancia sancionó a Leonel Serrato por violencia política de género, cometida en agravio de Rebeca Terán, con una multa de poco más de 22 mil pesos, turnando el asunto al Ceepac, donde se determinará si se le mantiene o no la candidatura. No sé si mi percepción es correcta, porque aunque las denuncias fueron presentadas por la agraviada en abril de 2017, la normativa para retirar candidaturas en razón de violencia de género entró en vigor a mediados de 2020; es decir, atentos al artículo 14 constitucional, no podría aplicarse sanción retroactiva a un suceso anterior al inicio de la norma. El Consejo tendrá la última palabra, aunque es previsible que no retirará la candidatura de alguien a quien ya dijeron, reunió –previa evaluación– todos los requisitos para ser candidato.   

Gracias por la lectura, 

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