Dinero a los partidos políticos
¿Cuál es el problema con el financiamiento público que reciben los partidos políticos? ¿se trata de la cantidad de recursos que reciben? ¿el problema es que las personas no conocen para qué se destinan estos recursos? ¿cuánto es necesario y cuánto es suficiente para el funcionamiento de los partidos políticos? ¿es pertinente eliminar el financiamiento público en un país como el nuestro? ¿es posible el funcionamiento del sistema de partidos políticos en México con un modelo distinto de financiamiento al que tenemos ahora?.
Durante el mes de enero de cada año, las autoridades administrativas electorales, como el Instituto Nacional Electoral y el Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de San Luis Potosí, realizan un conjunto de acuerdos sobre la asignación de los recursos públicos que recibirán los partidos políticos para sus actividades ordinarias y, como es el caso de este año 2023, para el inicio del siguiente proceso electoral.
En otro momento hemos explicado ya que la ley garantiza y privilegia al financiamiento público sobre el financiamiento privado para el sostenimiento de las actividades ordinarias de los partidos políticos. Las razones por las que tenemos este modelo en México desde hace más de 40 años son ampliamente conocidas. Los partidos políticos en México son entes de interés público y no sólo se deben a su militancia o a la población que buscan representar, sino a la ciudadanía en general ya que constituyen instituciones básicas del funcionamiento de la democracia en el sentido más amplio que no se reduce únicamente a la búsqueda del voto en las elecciones.
La literatura básica sobre partidos políticos establece que estos constituyen a estructuras que permiten y hacen viable la participación política de la ciudadanía en dimensiones que van bastante más allá del ejercicio del voto. Esta es una idea que no parece ser clara en muchos discursos políticos. Resulta cómodo reducir la función de los partidos políticos a la mera búsqueda del voto, cuando, en realidad, los partidos políticos podrían dar una dimensión distinta al funcionamiento de nuestra propia democracia. Si de participación política se trata, los partidos políticos son estructuras transitables para la participación de la ciudadanía en dimensiones que pueden ir más allá de las elecciones.
Es verdad que existe un legítimo descontento público sobre la cantidad de recursos que reciben los partidos políticos. A pesar de que pocas personas podrían señalar con puntualidad cuánto dinero reciben los partidos, la verdad es de que no es complicado advertir que la notoria crisis de legitimidad en el sistema de partidos dificulta contar con una base social de apoyo para validar públicamente que los partidos políticos deben recibir esa cantidad de recursos.
Sin embargo quiero poner a su consideración la siguiente reflexión: hay que tener cuidado de asumir que si los recursos públicos no se destinan a programas sociales, a obras públicas o a transferencias directas a ciertos beneficiarios, entonces estos recursos públicos son mal gastados. Insisto, entiendo perfectamente el déficit de legitimidad del sistema de partidos en general con respecto a la ciudadanía, pero otra cosa distinta es pensar que destinar recursos públicos a la democracia por medio de los partidos políticos es, por definición, un desperdicio de recursos públicos.
El debilitamiento del sistema de partidos políticos puede acarrear un deterioro en la calidad de nuestra propia democracia. No me sorprende que abunden los discursos políticos que, paradójicamente, buscan popularidad electoral a partir de la promesa de combatir a la partidocracia. Es el peligro de la de despolitización que hemos vivido desde hace algunos años: parecería como si todo lo que tiene que ver con partidos políticos, con candidaturas, con debate público, es indeseable y por tanto tiene que ser combatido y erradicado. ¿Quiénes salen ganando con el debilitamiento del sistema de partidos? Una cosa es la ciudadanía apartidista y otra la ciudadanía despolitizada. Soy de la idea de que la ciudadanía se beneficia con el fortalecimiento de todo el sistema electoral; se mejora la vigilancia y aumenta la exigencia. Se fortalece la madurez de una ciudadanía que vota, vigila y exige. En lógica dialéctica elemental, la confrontación y contrastación de ideas resulta saludable para la calidad de nuestra política.
Hay una enorme responsabilidad que los partidos políticos tienen que hacer suya: la ciudadanía sigue viendo con descontento y escepticismo, que se destinan recursos públicos a estructuras de interés público que no necesariamente están siendo corresponsables, transparentes y eficaces, para poder informar y justificar que los recursos que reciben sirven para la ciudadanía y para la calidad de la democracia de la que depende nuestra paz pública.
No son los montos, es la calidad de los argumentos que justifican que todo ese dinero está siendo bien utilizado.
Twitter. @marcoivanvargas



