“La azul diafanidad de la distancia”.
Francisco de Icaza.
Somos un país literalmente inseguro por donde se le quiera ver, no hemos podido en lo que va de este siglo formalizar apenas una representación de seguridad más o menos tolerable para las dimensiones territoriales y de población con las que contamos.
Basta ver un episodio como el que actualmente estamos teniendo de semiparalización de una buena parte del Estado mexicano, para darnos cuenta que cada quien hace y propone lo que a su leal entender conviene o no como medida de seguridad ante una pandemia.
Formas de Seguridades van y vienen descontextualizándose en el tiempo y ante las coyunturas políticas principalmente, para después ante crisis de delincuencia organizada y común, cada quien haga lo que mejor le parece. Sin una conceptualización de seguridad nacional moderna y actual que haga una disposición de los tipos de seguridad que México debe atender, así como su prioridad, que debe ser una decisión previa a cualquier tipo de estrategia que se quiera hacer, como una postura definitiva de un Estado democrático. No se pueden seguir haciendo “estrategias” sin conceptos sobre qué seguridad se proyecta dar.
Me explico, frente a conceptos clásicos y comunes de seguridad con inclinaciones principalmente de tipo militar represivo, el abanico se ha abierto a Seguridades: democrática, colectiva, sostenible, política, jurídica, económica, social, pública, humana, interior, ciudadana, migratoria, ambiental, cooperativa, energética, alimentaria y más recientemente biológica y espacial, sin olvidar la cibernética. Todas tienen algo en común, que no pueden ser vistas meramente desde una óptica local, sino, desde una conceptualización internacional.
No somos una isla paradisiaca, ni somos una raza cósmica, inmune a lo que han sufrido otras latitudes que viven cotidianamente en materia de todas las “seguridades”, implícitas en cualquier país del orbe.
Los riesgos y amenazas no son estáticas, evolucionan, y ojala sepamos esperar con seguridad estratégica los cambios climáticos y los desastres naturales que irremediablemente se avecinan.
Somos un país que tiene un problema grave de inseguridad (delictual-violencia), eso habría que reconocerlo formalmente, ante otros tipos de inseguridades pareciera ser que no tenemos la realidad contemporánea, estamos tan acostumbrados a la inseguridad, que otro tipo de riesgos y amenazas nos parecen ociosas de tomar en cuenta o de darle una valor de respuesta responsable. La defensa del Estado mexicano con sus gobernados es una parte invariable de los intereses nacionales y la principal función social del Estado. Sí el enfoque de seguridad y de defensa están equivocados por parte del Estado, lógico, que la respuesta y la concepción para un desarrollo puntual de seguridad, inevitablemente saldrá mal. El enfoque que haga el Estado de todos los tipos de –Seguridad-, que es necesario reconocer, no debe depender de posturas y corrientes políticas, de fe, dogmas, percepciones personales, lucubraciones de gente buena y mala, ni mucho menos de ocurrencias. La observación y el enfoque deben ser abriendo la ventana al mundo y ver lo que les pasó, les pasa y les pasará a otros países y de ahí reformular el poder como tal de la Seguridad fundamentalmente en un binomio indisoluble Estado-Nación individual.
Esperar a ver qué hace el gobierno central contra las inseguridades, y ¿si no hace nada?, habrá que empezar a hacer acciones en Seguridad desde lo local, para eso hay Gobernadores y Presidentes Municipales.
TAPANCO: Los nuevos retos a los que se enfrentarán la humanidad –México no va a hacer una excepción-, demandan procedimientos sagaces, planteamientos innovadores y cambios de mentalidad en las políticas de seguridad, sino, estaremos ante una “cadena de riesgos y amenazas”, sin una “cadena de seguridad estratégica” de mitigación.
“Decreten la Emergencia Nacional y paro de actividades, en dos semanas será muy tarde”.
Francisco.soni@uaslp.mx
twitter: @franciscosoni

