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Economía inerte: renuncia al futuro

Por Colaboradores

Enero 14, 2026 03:00 a.m.

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México arrancó 2026 con una economía inerte. Más allá de ser un dato técnico, este estancamiento representa una renuncia al futuro. En el debate público, el crecimiento económico suele tratarse como una variable casi estética, subordinada a disputas ideológicas. Esto es un error de consecuencias profundas.

Sin crecimiento sostenido, no hay política social que alcance, ni soberanía económica que trascienda. Un país que crece por debajo de 1% anual no puede generar empleos formales suficientes, ni financiar adecuadamente seguridad, educación o infraestructura. Es la condición material mínima para sostener el pacto social. Y México lleva demasiado tiempo sin crecer lo suficiente.

Un crecimiento prácticamente en cero

Según cifras del Inegi, entre 2019 y 2025 la economía mexicana registró un desempeño extraordinariamente débil —incluso en comparación con América Latina— con una tasa promedio anual de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) inferior al 1%. Para 2025, diversos organismos y analistas estiman que el crecimiento cerró prácticamente en cero.

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Para muchos, esta trayectoria se explica en realidad por la pérdida de confianzaacumulada con decisiones como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, un entorno cada vez menos favorable para la inversión privada, las reformas constitucionales de 2024 y la incertidumbre por la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Sin embargo, reducir el problema del crecimiento mexicano a los últimos años sería incorrecto. Entre mediados de los noventa y 2018, el crecimiento promedio rondó el 2% anual. Desde hace más de dos décadas, la economía mexicana trabaja mucho, pero no produce mejor.

Esta debilidad está estrechamente ligada a la informalidad laboral, que afecta a alrededor del 55% de los trabajadores. No es sólo un problema social; es un desafío económico profundo que genera un círculo vicioso de bajos salarios, baja inversión y bajo crecimiento.

Los dos Méxicos, una economía partida en dos

Hace más de una década, el McKinsey Global Institute formuló con claridad este diagnóstico: "México no es una sola economía, sino al menos dos".

Existe un México productivo, integrado a cadenas globales de valor, con uso intensivo de capital, tecnología y empleo formal. Y un México improductivo, dominado por unidades económicas pequeñas, baja capitalización, alta informalidad y productividad estancada.

El problema no es que coexistan, sino que el segundo sigue siendo mayoritario y actúa como un lastre para el crecimiento agregado.

Estados como Nuevo León, Querétaro y Aguascalientes muestran el perfil de economías pujantes. En el segundo trimestre de 2025, la actividad económica de la región norte del país representó 28.3 % del total del país y sumó 0.17 puntos porcentuales a la variación del PIB nacional. La región sur-sureste, en cambio, restó 0.74 puntos.

El crecimiento económico en el centro de la agenda

El promedio nacional oculta estas realidades. La economía no se destraba desde el promedio, ni con una política pública centralista. El crecimiento en México es un fenómeno profundamente territorial. Cerrar la brecha entre los dos Méxicos exige enfoques diferenciados para los estados productivos e integrados a cadenas globales de comercio y los estados rezagados.

Ignorar la relevancia del crecimiento económico es una forma de renunciar al futuro.

México necesita colocar el crecimiento en el centro de la agenda pública, no como consigna, sino como objetivo de Estado. Sobre todo, se necesita entender que el crecimiento nacional será la suma de crecimientos regionales, o no será.

(Directora general de México Evalúa)