El abandono
Hace unos meses una persona me planteó un dilema interesante: ¿hay manera de obligar a una persona que obtuvo una diputación por un partido político, a que permanezca en el mismo partido político -es decir, en su fracción parlamentaria- durante todo el período por el cual fue electo?. La alternativa más sencilla era contestarle que este no es un problema de derecho electoral sino en todo caso, de derecho parlamentario. Y desde esa perspectiva no parecía haber impedimentos -y por tanto, posibilidades de obligación- para tal supuesto. Ya después, pensándolo un poco mejor, me dejó más preocupado no la pregunta en sí, sino la sensación ciudadana que da origen a esa pregunta.
El tema de la representación política lo hemos hablado ya en distintas ocasiones. Encuentra su fundamento en las nociones del gobierno político constitucional, liberal y democrático que surgieron desde la caída del antiguo régimen -ya sabe, las guerras liberales de independencia en Estados Unidos, la Revolución Francesa y esas cosas- para dar origen a un modelo de organización política donde unos pocos representan a los muchos en estructuras funcionales de toma de decisiones. Muchos siglos después, hemos organizado a tremendos sistemas electorales que tienen como fundamento a la representación política. Es por ello que una duda ciudadana sobre la representación política es un asunto que debe tomarse con toda seriedad.
Creo que tenemos un problema sobre la manera en que se concibe y se entiende el acuerdo recíproco de representación. Yo ciudadana(o) acudo a la casilla para depositar un voto que permitirá que tú candidata(o) me representes. Pero no nos hemos puesto de acuerdo sobre lo que vamos a entender por representación y, por tanto, sobre la manera en que vamos a establecer una relación entre representante y representados.
De manera general, hay dos tipos de significados de la representación política, por una parte, se encuentra la dimensión de “acción” que implica que la representación es actuar según determinados cánones de comportamiento que conciernen a otra persona. Una segunda dimensión se refiere a la “reproducción” de características y peculiaridades, donde representar significa reflejar las especificidades de los sujetos representados.
[Compromiso público no firmado ante notario: Dejaré para otra ocasión la discusión sobre la manera en que se modela la representación política en este país, cuyas características de diseño -algunos le llaman ingeniería- constitucional parecen atender a la segunda dimensión del significado de representación para garantizar la presencia de las complejidades y especificidades de nuestra sociedad].
El problema sobre la manera en que entendemos nuestro pacto de representación parece corresponder al significado orientado a la acción. Años de encuestas de cultura política vienen demostrando que hay una proporción importante de la población que no encuentra su voz, ideas o valores en las actuaciones de sus representantes. Hay una clara asimetría en este asunto: no son pocos los representantes que consideran que el voto ha sido una concesión plenipotenciaria de la actuación sin necesidad de consulta o rendición de cuentas. Por eso les resulta irrelevante la opinión que puede tener el electorado frente a la posibilidad de votar en uno u otro sentido, de autorizar una cosa o rechazar otra o incluso de cambiarse de fracción parlamentaria ¿es legítimo el reproche de un elector que justifica su voto en favor de un partido político y no de una persona en particular?
En el ámbito de las decisiones políticas, la representación es un criterio relevante, según se le quiera ver. Hace un tiempo hablé con una persona que tenía la posibilidad de decidir en el ámbito legislativo sobre la despenalización del aborto en México. Su planteamiento me pareció claro, a pesar de que tenía convicciones personales sobre el tema en cuestión, el sentido de su voto se orientaría en función de lo que su electorado esperaba que hiciera. Vaya dilema. Es por eso que la reelección tiene un incentivo importante: hacerse responsable en sus acciones y decisiones frente al electorado que una vez le favoreció con el voto. Ojalá contáramos con más incentivos de fortalecimiento y consolidación sobre la manera en que nos vinculamos para hacer posible la representación política.
Contra el abandono, bien nos haría normalizar la exigencia como un hábito de interacción política.
Ebenezer Scrooge
Ha sido un año distinto con circunstancias especiales, pérdidas, ausencias y huecos, pero también algunas alegrías. Echamos de menos lo que solíamos hacer y tener. A Usted, que desde hace algún tiempo se toma unos minutos de la mañana de su jueves para leer estas líneas, le deseo que pase las fiestas de fin de año con mucha paz. Tengo un tiempo pensando que el Grinch es para neófitos, los iniciados estamos con Ebenezer Scrooge quien merece más aprecio y cierta reivindicación pública: al final el viejo nos enseñó sobre ser amables y generosos, sobre todo con quienes en estas fechas están tristes.
Twitter @marcoivanvargas



