El barchante Neguib
Se necesita ser realmente ingenuo para viajar a las tierras de la media luna y en ellas quererla hacer del barchante o hasta para pensar que alguien se lo cree. Resulta tan absurdo como risible, más cuando lo que se piensa ofrecer es un terreno pedregoso al que no le verían otra utilidad que una granja de camélidos, o bien, distintas variedades de mezcal potosino, en países donde su consumo es haram. Menos mal que entre los ofrecimientos comerciales no se encontraban las aceitunas de Matehuala o el petróleo de Ébano.
La riqueza del estado de San Luis Potosí es innegable y algo de lo que con ella se elabora podría comercializarse en algunos países del mundo, incluidas las enchiladas soledenses y el queso de tuna, pero decir que se pretenden promocionar 280 hectáreas con la intención de atraer inversionistas árabes resulta ser el más ilógico de los pretextos para irse de tur con cargo al erario.
Un viaje de cualquier gobernante potosino nunca está por demás, así sea para desasnarse como lo hizo don Saturnino allá por la década de los veinte cuando fue a placearse a las Europas (puede ser que haya sido el primero de nuestros gobernantes que en esa calidad lo hizo) o como hace unos meses lo hizo don Enrique para ir a recoger una escoba y de paso llorar frente a un cuadro (como si se acordara de Octavio). Pero, con todo y lo que sea fueron viajes bien planeados y no propuestos como mera ocurrencia, como a quien se le ocurren garnachas gratis o un posadón.
Fue, según dijo el gobernador, la visita a San Luis del embajador de Arabia Saudita en México, el pasado 30 de mayo, lo que le disparó las ganas de viajar a Medio Oriente, pero resulta extraño que no haya sudado esas calenturas con las visitas de los embajadores de Francia o de Estados Unidos, que también han visitado esta ciudad. Bajo los parámetros de la búsqueda de inversiones resultan más atractivos cualesquiera de éstos últimos países.
Los aparentes motivos dados a conocer fueron (como siempre) los primeros que se le ocurrieron, pero (y aquí regresamos al inicio) a nadie se le hubiera ocurrido imaginar que iría a ofrecer terrenos y mezcal; digo era más creíble decir que invitaría al Chato López para que construyera unos oasis exclusivos para jeques en Al Nefud o un campo de golf en los Altos del Golán. ¿A poco no los imaginan vestidos como Lawrence de Arabia y el baisano Jalil?
Y no es que tenga algo de malo, pero sí mucho de extraño que de la nada (posiblemente sin conocer en absoluto de las culturas de aquellas latitudes como no sea que el mundial se llevará a cabo en Qatar, y téngalo por seguro que si no va él seguro en su representación lo hará don Lupe Torres) y sin una agenda estructurada surgiera de pronto este viaje. Partió, como Mahoma en la Hégira, a la buena de Alá, y amparado en la obscuridad de una madrugada, con la que inició esta semana.
Hasta ahora, por cierto, más allá de la interacción con el embajador de México en Líbano y la recepción del presidente de este país, no se ha hecho del conocimiento de “su gente” logro alguno, incluso los boletines que aparecen en los periódicos, contrarios a su personalidad megalómana, no dejan de ser escuetos.
No me atrevo a afirmar que se trate de un viaje de placer, aunque tampoco que sea una penitencial peregrinación a la Meca, pero resulta sospechoso que en un viaje en el que su principal y único objetivo es la promoción económica del estado, no haya sido acompañado por el secretario de ese rubro. Más, todavía, es momento que ninguna dependencia de las vinculadas con el viaje, puedan decir algo al respecto, y no porque sea asunto de seguridad nacional, sino porque simplemente no existe agenda alguna.
No es de dudarse, desde luego, de la capacidad para los negocios de nuestro gobernador, si no pregúntenle por lo pronto a Mónica Liliana Rangel, Leopoldo Stevens y Jesús Medina (y los que faltan), pero de eso a ir a enseñarles a los árabes a hacer negocios.
A propósito, la muy cantada (y pactada) detención de Stevens, quien acabó negociando dados el silencio y la ingratitud del malandro Carreras, fue para entretenernos y lograr que se dejara un poco de lado la cuestión del muy mentado viaje; no les vaya a sorprender que Medina (el saqueador de la CEA) se entregue la siguiente semana, en vísperas del regreso o unos días después.
Gracias por la lectura. No se pierdan los funerales de la reina Isabel, quizá luego por ahí nos sorprenda nuestro baisano internacionalista.



