El biker fantasma
“Del que ha fallecido, debemos atesorar su memoria,
de manera más presente que una persona que vive”.
Antoine de Saint-Exupery.
Cuenta la leyenda…
Circulaba en mi maquina muy de temprano, en un camino sinuoso de la altiplanicie mexicana en una mañana fría de otoño, con esa caída de hojas que, al tocar la carpeta asfáltica, parece que se tatúan en ella. El silencio de la montaña era fenomenal, como dice la gente, que el “otoño es el silencio antes del invierno”.
Poco tráfico, uno que otro vehículo de por ahí, locales, de los que madrugan para ir al campo y se van a descansar al caer el sol.
Manejaba a buena velocidad, ni rápido ni despacio, apreciando las fuerzas físicas de las curvas y trazando sus entradas, aceleradas y salidas. En eso, entrando a una curva abierta a la derecha, de repente advierto la luz de un faro en sentido contario en el centro de la curva, seguido de una mano enguantada haciendo la señal “V” que es el saludo internacional de los bikers. Ese pequeño instante de comunicación kinésico, que funde a una comunidad motera, en una fraternidad de lobos solitarios.
Al salir de la curva sentí una sensación extraña, porque no recuerdo haber visto a la moto en sí, sino, solo el faro y la mano con la señal. Qué raro, tal vez por ir centrado en la inclinación de la curva no me percate de la moto.
Continúe mi viaje y empezó a descender una ligera niebla sobre la montaña, el paisaje empezó a convertirse en una sinfonía de olores, colores, vistas espectaculares y silencio. Ni un vehículo, ni un alma a la orilla de la carretera, ningún caserío, nada, solo mi motocicleta y yo en la inmensidad de la rúa, que extrañamente se convirtió en una larga recta que parecía interminable.
Y de repente, a la orilla del camino entre la niebla, la silueta de un hombre con chamarra de piel, jeans, botas, el casco puesto, sin duda otro motociclista, pero viendo en sentido contrario al camino, ligeramente girado sobre sus hombros. Me detuve justo unos metros antes de (él), un motociclista nunca deja a otro sin asistencia en la carretera, lo ayuda, o cuando menos se le pregunta si se le ofrece algo. Cortesía de moteros.
Descendí de mi moto, me estaba quitando el casco y cuando volteé ya no estaba el sujeto y la niebla se hacía más espesa. Le grite - ¿Hey amigo, estas bien? Pensé que se había metido a la maleza, me acerque, nada, volví a gritar y solo escuche el eco de mi voz, ni moto, ni motociclista. Empecé a sentir ganas de llorar, de repente un vacío existencial me llenó por completo, sentí una tristeza como nunca la había sentido, soledad y una nostalgia de no sé qué.
No sé cuánto tiempo pasó, ni cuanto tiempo estuve ahí, cuando levanté la cabeza no había niebla, el sol brillaba por lo alto, y cosa curiosa, estaba parado a la orilla de una curva cerrada que le precedía a otras más, ya no era rectó el camino, sino sinuoso. Y a un metro de mí, una cruz de madera incrustada en la ladera del cerro, que tenía grabado justo en su mitad: “Tus amigos motociclistas te recordarán con cariño siempre, no dejes de rodar allá arriba. Descansa en Paz. Francisco Dic/03/1951- Mar/27/1984.
TAPANCO: Y sigue contando la leyenda, que a varios motociclistas se les ha aparecido: “El Biker fantasma”, algunas veces se “materializa”, por decir algo, pero la mayor de las veces solo se oye el rugir de su máquina. Como sea, él seguirá rodando hasta el fin de los tiempos…
A disfrutar Xantolo, día de muertos y todos santos. Y acordarse de los que se han ido, para que a nosotros nos recuerden cuando partamos.
@franciscosoni
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